miércoles, 28 de septiembre de 2011

Acerca del optimismo digital

Por Ignacio Avalos Gutiérrez

I.

La idea de que llevan en su entraña la posibilidad de construir sociedades más democráticas y libres, según se dice hoy de las nuevas tecnologías de la comunicación, no difiere, aunque parezca mentira, de la esperanza que, en el mismo sentido, levantaron otras innovaciones. Así, la historia registra, en cada caso a su manera y por sus razones particulares, parecido entusiasmo con el telégrafo, la radio, el fax y la televisión. Y deja ver, por otro lado, cómo defraudaron las expectativas políticas creadas.

Por estos tiempos el optimismo anda de la mano de las redes sociales. Una cierta lectura de los recientes acontecimientos en el mundo árabe, por ejemplo, habla de la revolución del Twitter.

Dadme un Twitter y cambiaré el mundo, proclaman los nuevos Arquímedes de la política. Ha llegado a nuestras manos ciudadanas, sostienen, el medio más importante para defendernos de las arbitrariedades del poder y hacer valer nuestros derechos. El autogobierno está a la vuelta de la esquina. De nuevo estamos ante la creencia de que un conjunto de innovaciones puede moldear en un solo sentido la vida social y aumentar sensiblemente los grados de libertad, bajo el supuesto de que se trata de tecnologías intrínsecamente democráticas, al contrario de lo que pensaba Orwell, por cierto, quien en su novela 1984 las consideró intrínsecamente totalitarias.

II.

En un libro reciente, y muy importante (The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom), el periodista Evgeny Morozov pone en su sitio la ilusión de los utópicos digitales. La tentación represiva siempre está presente, escribe. El número de países que ejercen la censura en Internet aumenta a la chita callando y no se trata sólo de Cuba, Irán, China o Rusia, sino también de otros países que presumen de liberales, incluso algunos que se encuentran por estos lados del mapamundi y le sacan el jugo a la confusión entre información privada e información de interés público. No hay que olvidar, señala este autor, que la descentralización propia de Internet, la cual permite que cada quien genere y divulgue sus propias opiniones sobre cualquier cosa, es una característica de la que pueden sacar mayor ventaja los Estados. Ni descartar, para nada, la posibilidad, en ciertas situaciones, de que las nuevas tecnologías empoderen a los poderosos y hagan lo contrario con los débiles.

La mesa está, pues, servida: de un lado la Internet universal, abierta, basada en la libertad de expresión y asociación, en la tolerancia y el respeto a la vida privada, y del otro la Internet convertida en una multiplicidad de espacios cerrados al servicio de un gobierno. En suma, si bien Internet es un instrumento de enorme importancia desde el punto de vista democrático, no implica, per se, el fin del autoritarismo. Es el contexto social, económico y político, argumenta Morozov, el que marca el sentido en el que las tecnologías pueden emplearse.

Es, la suya, una observación sociológica razonable que se olvida desde los lados del determinismo tecnológico.

Harina de otro costal
Tuve el cuidado de seguir las deliberaciones de la última Asamblea General de la ONU y de constatar, en directo, vía satélite, su incapacidad para desempeñarse en esta época de globalización y de crisis de los Estados nacionales y abrirles paso a nuevos mecanismos que permitan poner orden y concierto en el planeta.

De mirar, así mismo, cuánto pesa su diseño, viejo de más de sesenta años, que sólo se remoza para permanecer siendo casi idéntico, como si aún estuviéramos en los tiempos de la Guerra Fría y medio siglo pasara en vano. Tuve la ocasión, así, pues, de mirar, sobre todo, su resistencia a adoptar reglas más democráticas que impidan el mando hegemónico de los países más ricos y poderosos, en desmedro de los demás. Quién puede extrañarse, entonces, de que, por decir algo, no dé pie con bola en el conflicto entre israelíes y palestinos ni tenga mucho que hacer, por ejemplo, frente a la tragedia que significa que el último año hayan muerto 3 millones de niños por desnutrición.

Si sigue así, la ONU se parecerá cada vez más a un jarrón chino: vistoso, sí, pero poco eficaz. Sin duda es una mala noticia para los terrícolas.

iavalosg@cantv.net

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opiniontech/9590-acerca-del-optimismo-digital