sábado, 20 de junio de 2026

EEUU: Las entrañas de un comunicado

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Es muy temprano para sacar conclusiones firmes referentes a la reunión sostenida por Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera. En política cuenta más lo que no se dice que lo que se dice, en especial cuando el tutor, EEUU, no se había pronunciado en torno a esa reunión. Desde el 3E-2026, nadie del régimen restante de Maduro puede ir al baño sin el permiso de los norteamericanos, y mucho menos sostener reuniones que impacten en el devenir político inmediato del país.

Efectivamente, el 18 de junio de 2026, en el comunicado oficial del vocero Thomas "Tommy" Pigott, titulado “Apoyo a una transición democrática institucional en Venezuela”, podemos derivar algunas conclusiones preliminares (ver US Dept State, June 18, 2026 - Supporting an Institutional Democratic Transition in Venezuela, en https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/06/supporting-an-institutional-democratic-transition-in-venezuela/).

Esa reunión fue tan sorpresiva como la extracción de Maduro en enero, pero se entiende como una imposición del tutor al interinato de Delcy Rodríguez, habida cuenta del rechazo y persecución del régimen a los integrantes de la Asamblea Nacional de 2015. Pero, ¿imposición para qué? ¿Cuál es ese supuesto mensaje que trae Figuera al “Rodrigato” que no le puede -o debe- dar el mismo encargado de negocios de EEUU en Venezuela?

Para eso, mientras tanto, voy a tomarme la licencia de tratar de interpretar las entrañas de ese comunicado encriptado de los EEUU, donde se debe escudriñar más en lo que no dice que en lo que dice, como en aquellas figuras de las pruebas de psicología donde uno debe buscar un animal que no se percibe a simple vista. Veamos:

“Estados Unidos acoge con satisfacción la reunión celebrada hoy entre Jorge Rodríguez —en su calidad de presidente de la Asamblea Nacional (AN) y representante del Gobierno interino de Venezuela— y Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de Venezuela de 2015, para abordar una agenda que servirá de hoja de ruta para un diálogo político orientado a una transición democrática.”

Definitivamente, este es un golpe a las costillas al Manifiesto de Panamá por parte de los EEUU, donde esa oposición que representa Dinorah Figuera con los 4 principales partidos de la AN 2015 juraron lealtad al liderazgo de María Corina Machado (MCM) a cualquier negociación con el régimen heredero de Maduro.

Este párrafo deja claro que los EEUU no han dejado de reconocer como legítima a la Asamblea Nacional de 2015, al punto que aún financian a sus integrantes. A todos los venezolanos a estas alturas nos da náusea ese reconocimiento, no solo porque no han dado cuenta de su gestión y sus líderes viven vidas inexplicables en el exilio, sino que aún los consideren como “representantes” de la legítima oposición al régimen.

“Estados Unidos entiende que dicha agenda contempla prioridades clave, tales como la reconstrucción de las instituciones democráticas de Venezuela, el fortalecimiento del Consejo Nacional Electoral (CNE), el restablecimiento de garantías duraderas para la participación política y la salvaguardia de las libertades cívicas esenciales para un debate político abierto.”

Y aquí el tutor nos presenta la agenda de la reunión régimen-AN 2015: a) Reconstrucción institucional; b) “Fortalecimiento” (palabra diplomática utilizada para el cambio, pero no sabemos a qué profundidad) del CNE; c) Inclusión de los factores políticos a una posible contienda electoral; y d) Respeto a los Derechos Humanos.

Si mal no recuerdo, todos esos puntos ya estuvieron contemplados en agendas de negociación anteriores cuando Maduro estaba al mando. Incluso estaban en el Acuerdo de Barbados, el que precisamente Jorge Rodríguez pisoteó y llamó a uno diferente con los alacranes “opositores” en la Asamblea Nacional, muchos de los cuales ahora son ocupantes de curules en la actual Asamblea Nacional del régimen.

Si por “reconstrucción institucional” se entiende alguna revisión de la Constitución de 1999, difícilmente será para adelantar elecciones, teniendo en cuenta que eso va en la dirección contraria al plan de Trump-Rubio, al no haberse concluido sus dos primeras fases antes de llegar a la transición política con elecciones.

Pero es posible que sí incluya algún arreglo para alargar ese llamado a elecciones y establecer una cara nueva en el llamado gobierno interino, dirigida a refrescar ese interinato para que luzca más potable ante quienes desde afuera desconfían de poner dinero en Venezuela para el arranque efectivo de la segunda fase del plan norteamericano.

Si ese es el caso, estaríamos ante más de lo mismo, ya que ni la AN 2015 ni el lamentable régimen de Delcy Rodríguez podrían representar nada más que corrupción y vicio institucional. Y hasta que esa situación no cambie, solo empeorará la vida de los venezolanos. Dos instituciones ilegítimas —porque ya la AN 2015 dejó de representar constitucionalmente al pueblo venezolano en el año 2020— no hacen una legítima, aunque sea interina.

El gobierno del presidente Trump debe comprender que, al extraer a Maduro, no solo se llevó a un capo narcotraficante, sino que cambió el rumbo de nuestra historia política al dar un golpe de Estado en Venezuela con origen externo. Y si de verdad EEUU desea cambiar para bien la vida de los venezolanos, lo único procedente que le restaría por hacer es designar como consecuencia de ese golpe de Estado el 3E-2026 un Gobierno de Emergencia que desplace definitivamente las ruinas del régimen de Maduro y sus asociados seudo opositores, con el respaldo de la misma fuerza que utilizó el 3 de enero de 2026, y que ordene lo necesario para llevar a cabo la transición política en el país.

“Estados Unidos respalda este diálogo liderado por la Asamblea Nacional de 2015 —la última entidad democráticamente electa de Venezuela reconocida internacionalmente— y por el Gobierno interino. Se trata del primer paso de lo que será un proceso reflexivo y deliberado para lograr una sociedad venezolana libre y abierta.

El reconocimiento de este comunicado oficializa que cualquier negociación con lo que queda del régimen de Maduro solo será con ese bloque corrupto de la AN 2015 que no representa ya a nadie en Venezuela, dejando afuera a MCM y al Manifiesto de Panamá, documento que, por cierto, traicioneramente olvidaron muy pronto los integrantes de la Plataforma Unitaria de la AN 2015 que firmaron en Panamá, al ser llamados por los EEUU para una negociación con el “Rodrigato”. Si era de verdad el tema de la “unidad opositora”, debieron decirle a Trump que la única negociadora era MCM. Eso da cuenta de lo frágiles que son los convenios con malandros políticos. Una lección para MCM...

La piedra angular de toda transición democrática es el diálogo inclusivo. Esperamos que continúen las conversaciones entre los partidos políticos de Venezuela y el Gobierno interino durante las próximas semanas en Caracas, a fin de iniciar formalmente sus labores.

Entre delincuentes no puede haber “diálogo inclusivo”, sino reglas para reparto de botín. Los partidos políticos dejaron de existir en Venezuela y eso lo sabe muy bien el Departamento de Estado de los EEUU. Reconocer a ambas partes para sacar adelante algún acuerdo que beneficie a los venezolanos es más una aspiración que una realidad, por lo que dejar eso en manos de quienes ya sabemos cómo se manejan es una triste pérdida de tiempo, mientras los venezolanos tienen una emergencia de vida que no puede seguir esperando. ¿Será eso lo que quieren los EEUU? ¿El fracaso de ese reparto para intervenir? Ojalá…

Difícilmente de esa “negociación” del país entre delincuentes salga algo que inspire confianza o sea creíble a los ojos de cualquier inversionista extranjero. Y tiene que haber primero eso antes de proceder a cualquier paso para adecentar el sistema electoral del país. En 1958 hubo primero una Junta Cívico-Militar que puso orden en Venezuela y asumió todos los poderes públicos en el primer momento, y luego, 5 meses después, en mayo de 1958, establecieron un Estatuto Electoral que generó las bases para unas elecciones generales del país. Eso es exactamente lo mismo que ahora se requiere.

Estados Unidos apoya un proceso centrado en la importante labor técnica necesaria para que esta iniciativa dé resultados para todas las partes involucradas y represente los intereses del pueblo venezolano. Esa es la única vía para que Venezuela alcance un futuro más democrático y próspero.

Y he aquí uno de los párrafos más importantes de este comunicado: “proceso centrado en la importante labor técnica para que esta iniciativa de resultados”. ¿Ustedes creen que haya resultados de una negociación entre dos partes que en los últimos casi 30 años han dejado de lado lo técnico a favor de los gravísimos problemas del país, para solo centrarse en cómo se quedan con unos reales? Así de crudo.

Si esa reunión entre la Asamblea Nacional ilegítima de Jorge Rodríguez y las viudas del fracaso opositor del interinato fallido de Guaidó es alguna prueba o intento de los norteamericanos para lograr que los venezolanos tengamos un gobierno creíble a los ojos del mundo, con personajes descalificados del pasado opositor reciente, creo que lamentablemente pierden su tiempo por desconocimiento de nuestra realidad a costillas de extender el sufrimiento de los venezolanos.

Si era una manera de transmitirle órdenes de los EEUU al “Rodrigato”, no era necesaria porque tienen cómo hacerlo. Y si era alguna manera de encubrir o darle alguna forma legal a la intervención de los EEUU en nuestro país, bastaba con imponerle al “Rodrigato” las instrucciones legales necesarias, como lo hicieron con las leyes de hidrocarburos y minas.

Seguimos en el peor de los mundos: los políticos venezolanos no entienden de política norteamericana y los políticos norteamericanos no entienden de política venezolana. Si ambos lo entendieran, MCM estuviera verdaderamente alineada con lo que hacen los EEUU en Venezuela (razón por la cual Trump la dejó afuera), y los EEUU no estuvieran reviviendo los cadáveres de la AN 2015 para resolver la grave situación de Venezuela. Y mientras ambos no sepan cómo entenderla, el resto de los venezolanos seguiremos muy jodidos…

Caracas, 20 de junio de 2026

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martes, 16 de junio de 2026

Venezuela: ¡la emergencia es ya!

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Pocas profesiones tienen asociado el concepto de emergencia en su desempeño. El DRAE define la palabra “emergencia” en su tercera acepción como “3.f Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata”. Pareciera obvio que la palabra está asociada a la profesión médica, o a profesiones como bomberos o paramédicos. Si alguien sufre un accidente grave, lo urgente es proporcionarle los primeros auxilios y llamar a un servicio de ambulancias para trasladarlo a un hospital. A nadie se le ocurre decir que hay que esperar que aparezca un familiar para trasladar a la persona. ES UNA EMERGENCIA y se toman las medidas que haya que tomar para que la persona no muera.

Hay personas que no están acostumbradas a accionar en emergencias. Se quedan congeladas o se ponen nerviosas, incluso tratan de ignorar el problema. Pero la emergencia está allí y se agrava conforme pasa el tiempo. Los médicos saben qué hacer cuando ocurre un accidente; está en la estructura de su formación profesional abordar esas situaciones. Los bomberos saben qué hacer cuando se presenta un incendio. Están entrenados para eso. Pero definitivamente en otros oficios la emergencia no se siente de la misma manera.

¿Siente de verdad un político qué hacer cuando un país está en ruinas y la gente muere de mengua en los hospitales? ¿Sabe qué hacer cuando la población, en especial la más vulnerable, no tiene cómo comprar el mínimo para subsistir? ¿Están entrenados debidamente para tomar las medidas necesarias ante una hiperinflación? ¿Saben cómo hacer frente al colapso generalizado de los servicios públicos o la falta de agua en comunidades enteras?

Los políticos europeos de la época de la postguerra tuvieron que lidiar con crisis de esas magnitudes y supieron qué hacer. Sin embargo, parece demasiado pedir semejante cosa a los políticos venezolanos, no solo por su inexperiencia inocultable en el manejo de este tipo de crisis, sino porque ni siquiera los vemos en otro intento que no sea ocupar un cargo electoral.

Después de la guerra no declarada del régimen en contra de la población, que ha producido una situación de destrucción generalizada semejante a la de un conflicto armado, ya es obvio que el oficio de la política en Venezuela no ofrece la experiencia necesaria para abordar la emergencia venezolana. ¡Ni siquiera la sienten! Tanto es así que lo único que han sido capaces de ofrecer a la población ante el desastre que vivimos es que espere meses y años a unas nuevas elecciones. Mientras tanto, Venezuela está tirada en el pavimento desangrándose, esperando que alguien se sensibilice y entienda que el país no puede esperar más y que hay que meterla en una ambulancia y llevarla a un hospital, porque el “desastre que requiere una acción inmediata”, y es por eso que se trata de una emergencia.

Habiendo explicado la acción básica necesaria, hay que pasar a explicar quién puede llevarla a cabo. No habiendo nadie en el sector político del país capaz de entender el concepto de emergencia nacional, solo me queda apelar a quienes tuvieron la iniciativa de llevarse a Nicolás Maduro Moros y su esposa, y dejar en su lugar a quienes fueron sus cómplices en el saqueo generalizado de Venezuela.

Es un hecho notorio y comunicacional que los EEUU han asumido a la fuerza el control del país, como bien lo dijo el presidente Donald Trump en varias de sus intervenciones después del 3 de enero, en especial la primera, en su conferencia de prensa el mismo día de llevarse a Maduro, donde afirma que administrará a Venezuela:

“P: Señor presidente gracias ¿Usted está diciendo que el presidente, el secretario Hegseth y Rubio van a administrar a Venezuela y que enviarán tropas militares estadounidenses a Venezuela…?

DT: Ellos van a ser un equipo que va a trabajar con el pueblo venezolano para asegurarnos de que las cosas se hagan bien en Venezuela. Si nosotros nos vamos, ¿quién se va a encargar? Hay una vicepresidenta que fue designada por Maduro. Bueno, en ese momento ella es la vicepresidente; me imagino que la presidente, ella acaba de asumir el mando. Ella tuvo una conversación con Marco (Rubio). Ella dijo: "Vamos a hacer lo que ustedes necesiten".  Creo que ella fue bastante, eh, bastante cortés. Vamos a hacer esto bien. No vamos a hacer esto como Maduro y sencillamente irnos. No vamos a hacer lo que hacen todos los demás, irnos y que todo se vaya al demonio. Si nos vamos, entonces eh va a ser lo mismo. Esto se va a administrar correctamente, profesionalmente; las compañías petroleras van a administrar todo, van a ser correctamente beneficiados van a ser de los venezolanos…” (ver CNN en español, Conferencia de prensa de Donald Trump tras el ataque de EE.UU. a Venezuela y la captura de Maduro, en https://youtu.be/6qegCqTn9gA?t=2808).

No hay mas que decir. Si ellos se van “todo se va al demonio”. Cinco meses han sido más que suficientes para dejar claro que no existirán inversiones ni mejoras en cualquiera de los aspectos económicos del país mientras permanezca en el poder la misma gente que acompaño a Maduro hasta el 3 de enero de 2026.

Y lo peor de todo es que de acuerdo a la información que comienza a circular, la gente comienza a culpar a la tutela de este desastre cuyo único responsable en primer lugar es el régimen que nos trajo esta peste socialista: “El malestar por la intervención estadounidense crece en Venezuela: Esto no mejora, empeora cada día” (ver titular de La Patilla, 16-06-2026, en https://lapatilla.com/2026/06/16/el-malestar-por-la-intervencion-estadounidense-crece-en-venezuela-esto-no-mejora-empeora-cada-dia/). Ya el régimen comienza a manipular lo que está sucediendo.

Lo anterior, aunado a la presión de la oposición al presidente Trump en el Congreso de los EEUU exigiéndole a su administración un cronograma electoral para Venezuela, a sabiendas de que no es posible tal cosa si no se concluyen las dos primeras fases del plan dado a conocer por el secretario de Estado, Marco Rubio, la operación de Venezuela se convertirá en un fracaso, luego del éxito que exhibieron al mundo y a los electores norteamericanos el 3 de enero.

Tanto a la administración del presidente Trump como a nosotros los venezolanos de a pie nos conviene que se resuelva de manera inmediata la situación de emergencia generada tras 27 años de saqueo continuo y tragedia de muerte generalizada del régimen que encabezaba Nicolás Maduro Moros y su peste narco socialista.

Sí, como se anunció, el gobierno de los EEUU está administrando Venezuela, como lo declaró el presidente Trump el 3 de enero, ya es hora de corregir el rumbo y definir un nuevo Gobierno de Emergencia para Venezuela, para llevar al país a las condiciones que se requieren para terminar las dos primeras fases del plan Trump-Rubio, dando el tiempo óptimo necesario para llegar a la fase de la transición electoral del plan. Esa es en realidad la consecuencia inmediata de una intervención militar en cualquier país.

Un Gobierno de Emergencia Nacional designado por los EEUU y compuesto por venezolanos íntegros, tecnócratas en todas las áreas del grave problema venezolano, y solo interesados en el bienestar del país, recogería a Venezuela del pavimento y la llevaría a un hospital de emergencia para someterla a los tratamientos que sean necesarios para su crisis económica y social. Y solo cuando sea capaz de responder a su tratamiento, podría tolerar unas elecciones libres, justas y verificables con un nuevo sistema de contar votos.

Les aseguro que nadie objetaría tal decisión, solo aquellos del régimen y su oposición que se vean afectados por las fechorías cometidas. Y creo que el ejemplo de lo que le sucedió al jefe del Tren de Aragua en el Estado Bolívar debería ser suficiente disuasorio para que lo piensen dos veces.

Solo espero que el presidente Trump y sus colaboradores entiendan que existen intereses comunes entre los ciudadanos de su país y la Venezuela mayoritaria que no obedece a líneas de partido ni a intereses electorales de ninguna naturaleza, y que solo deseamos vivir en paz, prosperidad y calidad de vida. Pero eso solo se logra atendiendo la urgencia de la emergencia grave que vivimos en Venezuela. Y si el presidente Trump, en nombre de sus ciudadanos, dio un primer paso para terminar con la tragedia venezolana, creo que bien podría terminar lo que comenzó para conseguir esas aspiraciones comunes que todos deseamos. Lo demás sería perder, lamentablemente, para todos lo que se ha conseguido hasta ahora…

Caracas, 16 de junio de 2026

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domingo, 7 de junio de 2026

Gobierno de Emergencia Nacional

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

No se podría abordar el tema de un Gobierno de Emergencia Nacional (GEN) sin antes contextualizarlo. Fundamentalmente, se trata del gobierno que sigue luego de desplazado el régimen castro-chavista-madurista que ha azotado a Venezuela por casi 30 años.

Antes de la extracción de Nicolás Maduro Moros el 3E-2026 por parte de los EEUU, el GEN debía ser el gobierno que siguiera luego de la elección del 28J-2024, sobre la base de que el régimen respetara los resultados, cosa que muchos esperábamos que no hiciera, como en efecto sucedió.

Ahora, luego de la desaparición de quien ejerciera de manera ilegítima la presidencia de la República, y el arribo posterior de la figura del tutelaje por parte de quienes se lo llevaron, la presidencia de su sucesora no puede considerarse como GEN porque su esencia no conlleva la transformación del estado anterior del país y la renovación de sus estructuras, sino claramente su continuidad, porque precisamente es parte de lo mismo.

De acuerdo al modelo Desplazamiento-Transición-Refundación descrito en este blog (ver Venezuela: Desplazamiento, Transición y Refundación, en https://ticsddhh.blogspot.com/2025/09/venezuela-desplazamiento-transicion-y.html),  todavía no se ha producido el Desplazamiento del régimen que tiene el poder desde 1999. La extracción de Nicolás Maduro Moros y su esposa le propinó un duro golpe al régimen, pero no lo destruyó. Y en la lógica del tutor, los EEUU, se pretende que sea la sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez, quien desmonte la estructura creada en 27 años en el poder para dar paso a la transición, previo a la reactivación económica del país.

Sin embargo, tras 5 meses de la desaparición de Maduro —y como era de esperar— la esperada reactivación económica del país no se ha producido, a pesar de los esfuerzos del tutor de convencer al empresariado norteamericano de invertir en un país que todavía se encuentra completamente en manos del mismo régimen que destruyó las bases institucionales de la nación para entronizarse de manera permanente en el poder, y desconoció acuerdos comerciales vitales que han llevado a perder importantes activos internacionales de Venezuela debido a acciones legales en su contra en los EEUU.

Esta situación ha llevado al sector político venezolano a presionar por un cambio de gobierno a lo inmediato por la vía electoral, sin tomar en consideración los tiempos involucrados para las 3 fases del plan de los EEUU, Estabilización, Recuperación y Transición.

Cada una de esas fases tiene tiempos que no están determinados, y que dependen de la situación política del país y la disposición de los actores involucrados del régimen a seguir las órdenes del tutor. De ahí que las dos primeras fases todavía no estén concluidas. La primera se inició con los cambios en el gabinete de Rodríguez, especialmente en Defensa, con miras a la estabilización y alineamiento de la fuerza interna del régimen a los EEUU; y la segunda no ha rendido los frutos esperados en inversión, así se hayan realizado las modificaciones a las leyes de Minas e Hidrocarburos. Nadie puede obligar a nadie a invertir en un país todavía conducido por los mismos actores y cómplices del que resultó extraído y sometido a juicio en una corte en Nueva York. Y ni hablar de que esta situación impide comenzar con la tercera fase. Pragmáticamente hablando, hacer elecciones en esas circunstancias haría completamente inocuo haberse llevado a Maduro.

A lo anterior se suma un factor que no se puede desestimar: Delcy Rodríguez tiene fecha de vencimiento como presidenta encargada de la República. El 2 de julio termina la prórroga constitucional de 90 días adicionales para declarar la ausencia absoluta del presidente y que se convoquen elecciones.

¿A quiénes beneficia esta situación? Definitivamente, no al tutor, quien ha repetido en reiteradas oportunidades que Venezuela no está preparada para un proceso electoral sin haber pasado por las 2 primeras fases de su plan. Tampoco beneficia a los venezolanos porque unas elecciones conducidas por el régimen, sin cambiar el sistema electoral del país, no garantiza un cambio efectivo porque no se habrían desmontado los pilares que  sustentan al régimen y que tienen que ser demolidos con la conclusión efectiva de la primera fase del plan de los EEUU. En otras palabras, NO EXISTIRÍA EL DESPLAZAMIENTO necesario para proceder con la fase de transición. No es tan difícil de entender…

Entonces nos encontramos en una situación donde los únicos beneficiados son los actores políticos del régimen y la oposición, quienes presionan por unas elecciones donde se estarían jugando a Rosalinda, pero no apostando sus pertenencias, sino las de los venezolanos.

Entonces, al parecer, nos dirigimos indefectiblemente a chocar con el iceberg del Titanic, sin posibilidad de cambiar de rumbo. Y es en este punto donde los venezolanos debemos comenzar a reclamar los efectos —aunque tardíos— del golpe de Estado propinado a Nicolás Maduro Moros el 3E-2026.

Los EEUU decidieron por cuenta propia y por sus propias razones intervenir en la vida política de Venezuela. La extracción de Maduro, aunque fuera por delincuente, TUVO CONSECUENCIAS POLÍTICAS. Generó un vacío que decidieron llenar con su sucesora constitucional. Pudieron seguir la receta de Panamá de 1989, colocando en su lugar al presidente electo desconocido por el régimen, y no lo hicieron.

Ahora les toca decidir, al haberse llevado a Maduro lo que no decidieron el 3E-2026: asumir su intervención en toda regla y decidir quién o quiénes deberán conducir el país hasta la conclusión de las dos primeras fases del plan. De otra manera, cualquier avance que hayan logrado en 5 meses desaparecerá con el resultado incompleto del plan de 3 fases, como consecuencia de unas elecciones conducidas por el régimen no completamente removido de Nicolás Maduro Moros, presidido por Delcy Rodríguez.

Y es de allí donde nace el concepto contextualizado de Gobierno de Emergencia Nacional (GEN). Al imponer un GEN y forzar con ese acto la fase de Desplazamiento, los EEUU como autores materiales de un golpe de Estado en Venezuela en contra del jefe de un cartel de drogas, tendrían que proceder a designar un GEN sustentado por los cañones que colocaron en nuestras costas. Siguiendo la fórmula de la Junta Cívico Militar de 1958, sugerimos un GEN de 5 miembros, 2 civiles, 2 militares y uno decidido por los 4 primeros.

Este nuevo gobierno sí sería efectivamente un gobierno de transición desde la perspectiva del concepto Desplazamiento-Transición-Refundación, pero no la transición del plan de los EEUU, sino el periodo necesario que se requiere para lograr precisamente que se lleguen a unas elecciones libres, justas y verificables, pero sobre todo auténticas, de la tercera parte del plan de los EEUU, y que daría el tiempo necesario para la ejecución de las dos primeras fases del plan norteamericano en unas condiciones de mucha mayor libertad que con el gobierno de los Rodríguez. ¿Y porque digo esto?

Porque ese nuevo GEN asumiría todos los restantes poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano), tal y como lo hizo con los poderes vigentes de entonces la Junta Cívico Militar de 1958; y sin derogar la Constitución de 1999, establecería un nuevo Estatuto Electoral especial para la convocatoria de unas Elecciones Generales -Presidente y Asamblea Nacional- que garanticen unas elecciones auténticas, tomando el tiempo que se requiera para que se puedan realizar los cambios necesarios en el sistema de contar votos y el Registro Electoral, con aplicación a los venezolanos residentes en el país y el resto del mundo.

El GEN sería la respuesta a los venezolanos, no a los actores políticos, porque este garantizaría no solo las inversiones necesarias para la reactivación del aparato productivo del país, sino que estaría respaldado por la fuerza de quien se llevó a Maduro en primer lugar, y por la fuerza de aquellos factores militares que ya estarán en la disposición de proteger a los ciudadanos y no de perseguirlos. Y todo eso ocurriría a la brevedad posible, no después de un cronograma electoral interesado montado entre la oposición y el régimen de los Rodríguez. El GEN sería el puente entre la situación anterior y la deseada.

En cuanto a quiénes serían los civiles designados por los EEUU, solo piensen en aquellos venezolanos que den las mayores garantías de seriedad institucional al capital extranjero, en especial en materia petrolera, y seguridad jurídica en Venezuela. Estoy seguro de que ustedes tendrán claro quiénes podrían ser, pero los EEUU también. En el caso de los militares, serían los mismos que el tutor ahora mismo está decidiendo para reordenar el sector militar venezolano.

Pero aún falta lo que considero la fase más importante, no del plan de los EEUU, sino de nuestra propia secuencia: la Refundación. El GEN deberá sentar las bases para la convocatoria posterior a una Asamblea Nacional Constituyente que garantice los cambios institucionales necesarios para un nuevo período de paz y prosperidad para los venezolanos. De hecho, esa convocatoria debería salir de un acuerdo político entre el GEN y todas las fuerzas que compitan en las siguientes elecciones generales del país, tal y como ocurrió en 1958 con el Pacto de Punto Fijo. Para ese objetivo, el GEN jugaría un rol político fundamental.

A estas alturas los EEUU deben haber comprendido cabalmente los vericuetos de la política venezolana lo suficiente como para saber que sus actores pueden arruinar cualquier cosa positiva que ellos deseen hacer para los venezolanos. La solución es hacer mejor lo que los políticos venezolanos saben hacer: adelantarse. El tiempo corre y es valioso para todos. Adelantarse estará en manos del tutor, que no es otro que el presidente de las EEUU, Donald J. Trump. Los venezolanos se lo agradeceremos…

Caracas, 7 de junio de 2026

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viernes, 5 de junio de 2026

Panamá: ¿Unidad o regreso al pasado?

Lanceros del Pantano de Vargas - Wikipedia

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Sigue el ruido de la fotografía de María Corina Machado (MCM) en Panamá, junto con la clase política que desechó el país elector en octubre de 2023, dándole a ella todo el respaldo que necesitaba para acabar con una manera de hacer política que había defraudado a la nación por más de 20 años.

No solo había derrotado al régimen en su propio juego a través de realizar unas elecciones manuales para esas primarias y a una Comisión de Primarias que estaba lista para caer en los brazos de un CNE automatizado, sino también a una clase política que incluso se negó a medirse con ella en esas primarias. Estaban ya muertos incluso antes de esa medición electoral de 2023.

Al salir como ganadora y líder indiscutible de la oposición venezolana, MCM podía establecer los términos de cómo medirse con el régimen. Pero se comenzaron a cometer errores. Nadie sabe si producto de asesoramientos interesados por su fracaso o de la euforia de la posición triunfal de aquellos que se creen ganadores naturales ante cualquier obstáculo luego de una victoria fulgurante.

En primer lugar, someterse a las reglas de un régimen criminal, ir a un TSJ a las órdenes de Maduro a solicitar que le fuera suspendida la inhabilitación política para participar en unas elecciones con unas condiciones que el mismo régimen había decidido unilateralmente, después de que ese mismo atajo de malandros le había dado una patada pública a los acuerdos de Barbados.

Luego, aceptar ir con persona interpuesta —ni siquiera la que ella misma eligió— a un proceso electoral a todas luces amañado, y para colmo el que el régimen decidió conjuntamente con su propia oposición colaboracionista.

El 28 de julio de 2024 fue el pueblo venezolano el que le dio el triunfo a la oposición del régimen, ahora encarnada en la persona de MCM, no del que resultó el candidato, y sin la ayuda de quienes se decían opositores antes del triunfo en primarias de MCM. La gente espontáneamente le dio su respaldo a una campaña electoral que en su momento califiqué de admirable (ver La nuda propiedad de María Corina, en https://ticsddhh.blogspot.com/2024/05/la-nuda-propiedad-de-maria-corina.html).

Todas sabemos lo que ocurrió el 28J-2024, pero la lucha continuó. Pero los contextos cambiaron porque el juego político es largo. Llegó el 3 de enero de 2026 y resultó que estos “derrotados” del 2023 encontraron otra posibilidad de sobrevivir, cual insectos rastreros después de una explosión atómica.

Sin importar que resultara indiscutible el liderazgo opositor en la población de MCM, la capacidad de quienes resultaron desplazados por ella y su nefasto interinato para influir en las decisiones de factores importantes de la política norteamericana aún se encuentra “vivito y coleando”, como decimos en Venezuela, sin contar con la increíble habilidad de haber obtenido recursos importantes del gobierno norteamericano durante más de 4 años, periodo del que nunca presentaron cuentas de su gestión, ni de que viven todavía sus principales líderes en el exterior.

¿Será eso lo que está influyendo en esa nueva “unidad” que presenta la fotografía de Panamá?

Algunos mencionan que tal “unidad” sería presentada para dar un frente unido a una nueva posible negociación con el nuevo régimen de los Rodríguez en Venezuela. Que todo eso es “necesario” porque si no se hace, no vendrían los inversionistas. Pero, ¿no es eso lo que ha hecho la “oposición” con el régimen por un montón de años antes de la salida de Nicolás Maduro Moros? ¿De negociar otro proceso electoral “con condiciones”, pero esta vez esperando el tutelaje de los EEUU? 

Y yo me pregunto: ¿Le importará a los EEUU o, mejor dicho, al presidente Donald Trump, quién gane unas elecciones en Venezuela, cuando lo realmente importante para ellos es que nuestro país deje de ser un problema para la seguridad nacional de los EEUU y sea un socio económicamente confiable? No estamos hablando aquí de personajes, sino de la situación del país. Hay un montón de gente fuera esperando para hacer negocios y eso no significa que sea con MCM en el gobierno. Y eso sería grandioso para las cucarachas post atómicas.

Siempre he pensado que son los líderes los que marcan la historia, no sus circunstancias. Las circunstancias cambian porque los líderes la conducen. Winston Churchill pudo haberles dicho a los ingleses en la II Guerra Mundial que era inminente una invasión y consiguiente derrota de ese país frente a la Alemania nazi y someterse. Pero no lo hizo. Todo apuntaba a que, si los nazis invadían el territorio británico, ganarían. Incluso existieron importantes voces diplomáticas inglesas en ese momento que indicaban que lo mejor era negociar con Hitler. Pero Churchill les planteó guerra si se atrevían a invadir la isla. Ese era su papel, ese era su liderazgo. Y ese coraje cambió el curso de la historia porque todo el mundo respaldó a su primer ministro, con una mayoría dispuesta a morir defendiendo su territorio con palos y azadones.

Pero sin ir muy lejos, en nuestra propia historia hay ejemplos más que notorios de esa actitud que demuestra que un liderazgo decidido no tiene que “doblarse para no partirse” —Ramos Allup dixit— y salir victorioso. La batalla de Boyacá estaba perdida hasta que “el coronel venezolano Juan José Rondón presenta a Bolívar la idea de realizar una carga de caballería ligera. A la voz de Bolívar de «Coronel, ¡Salve usted la patria!», Rondón, seguido inicialmente por 14 lanceros que respondieron de inmediato a la voz de «¡Que los valientes me sigan!» y de cerca por el resto de los llaneros, realizó una carga de caballería que se considera decisiva para desequilibrar la batalla a favor del ejército libertador” (ver Lanceros del Pantano de Vargas, en https://es.wikipedia.org/wiki/Lanceros_del_Pantano_de_Vargas). De ese evento existe un monumento espectacular en Paipa, Boyacá, Colombia, en homenaje al heroísmo de los lanceros del Pantano de Vargas, encabezados por el venezolano Juan José Rondón.

Allí estos combatientes descalzados, descamisados y hambrientos, que después de haber pasado el Páramo de Pisba, no se preguntaron si era posible o no ganarle a uno de los mejores ejércitos del mundo conocido; solo salieron y lo hicieron.

No todo puede ser “realpolitik”. Eso depende de la conducción política. MCM sigue siendo la líder indiscutible del proceso de cambios que debe venir en Venezuela. Pero si ella no alcanza a entender que es la circunstancia la que debe ser cambiada por ella y no al revés —precisamente porque es la llamada a hacerlo—, será una más de la larga lista de seudo lideres que nos han llevado a este matadero por más de 27 años. Siempre es posible corregir el rumbo y deslastrarse de lo que no sirve, pero no cuando es demasiado tarde…

Caracas, 5 de junio de 2026

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domingo, 31 de mayo de 2026

Sociedad Civil: organización, riesgos y desafíos

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

La fotografía de María Corina Machado (MCM) en Panamá con todos los actores políticos de la Plataforma Unitaria que fueron desplazados precisamente por ella desde el 22 de octubre de 2023, no representa a la Venezuela que la misma fotografía pretende proyectar. Y a mi juicio es algo que a veces los liderazgos políticos olvidan: que ellos no se encuentran allí por ellos mismos, sino por lo que representaron en el momento cumbre de una elección ante los ojos de la gente que los eligió.

 

Dentro de esta lógica, MCM no ganó las primarias de 2023, sino que los partidos que ahora se fotografían con ella con su consentimiento, perdieron estrepitosamente frente al pueblo de Venezuela. La gente votó en contra de ellos. Y es importante recordar que eso fue exactamente lo que sucedió con Chávez en las elecciones de 1998: Chávez no ganó las elecciones de 1998 por quien era; las perdió el “status quo” político nacido en 1958 y que ahora se niega a renovarse.

Y no lo menciono para desestimar el liderazgo de MCM, sino para enfatizar que ella resultó ser la única figura política que quedó en pie después del desastre del interinato de Juan Guaidó, y que al medirse en primarias el resultado no podía ser otro que un 93% a su favor, que más bien debía –y aún debe– leerse como un 93% de rechazo a una clase política que fracasó.

Si MCM ha aceptado por razones políticas convivir ya oficialmente con quienes traicionaron las más hondas aspiraciones de libertad de los venezolanos, por más Manifiesto de Panamá que escriban, el peso de semejante fardo la arrastrará con ellos irremediablemente, con las consecuencias del previsible salto atrás político al que nos tiene acostumbrado el lamentable liderazgo opositor venezolano.

Porque parece que hay algo que los políticos deliberadamente olvidan: no son ellos quienes más han sufrido la destrucción de décadas de tiranía. El peso de la represión política de los últimos 27 años se ha manifestado mayoritariamente en contra de la sociedad civil venezolana. “Históricamente, menos del 15% de los presos políticos registrados en Venezuela en los últimos 27 años pertenecían formalmente a partidos políticos o eran líderes de la oposición organizada. La gran mayoría de los más de 19,000 arrestos por motivos políticos documentados en este periodo corresponden a ciudadanos comunes sin afiliación partidista, tales como manifestantes, líderes comunitarios, estudiantes, militares, trabajadores humanitarios y profesionales de diversos sectores” (ver Breve consulta Gemini sobre los presos políticos en Venezuela, https://share.google/aimode/By1amieZ2V7nywmaO). 

Entonces, es la población congregada en sociedad civil organizada la que deberá de alguna manera asumir su destino, no solo por la orfandad demostrada de conducción política verdadera, sino porque ha sido ella la que ha pagado los platos rotos de los errores de la conducción política. Hace más de una década definí un término que bien cuadra con la situación que vivimos cuando al parecer los venezolanos solo contamos con nosotros mismos para salir del atolladero en que nos encontramos: Oposición Civil.

“La Oposición Civil es la sociedad civil en su papel protagónico de los cambios, y su actuación en los asuntos públicos se manifiesta en su participación activa y contralora de los principales actores públicos. Siempre será opositora y les recordará permanentemente a esos actores que existe un país anónimo al que les afectan las decisiones y las políticas públicas que se apliquen a los ciudadanos. Son las personas de a pie que no militan en partidos, pero que son ciudadanos conscientes que viven y quieren a su país; ONG’s que tienen sus espacios civiles, personalidades generadoras de opinión sin vinculaciones ni rabos de paja, que están día a día aportando su granito de arena para que las cosas se hagan bien. De haber existido antes esa participación decidida, tal vez las cosas no hubieran llegado tan lejos y Chávez no existiría en la escena política venezolana” (ver Oposición Civil, en https://ticsddhh.blogspot.com/2012/08/oposicion-civil.html).

Pero la sociedad civil venezolana enfrenta un problema fundamental: existe socialmente, moralmente y hasta constitucionalmente, pero no termina de consolidarse como sujeto político autónomo. Y mientras eso no ocurra, continuará siendo utilizada, fragmentada o absorbida por los mismos factores que condujeron al colapso institucional del país.

Durante años, diversos actores internacionales —particularmente desde los Estados Unidos— han insistido, como ahora ha hecho Marco Rubio como secretario de Estado de los EEUU, en la necesidad de que la sociedad civil venezolana se organice y asuma un rol más activo en la reconstrucción democrática.

Sin embargo, cada vez que la sociedad civil ha intentado estructurarse, los partidos políticos han terminado utilizándola como fuerza de apoyo electoral, reservándose para sí el monopolio de la representación y del poder. Ese es quizás el primer gran peligro: convertir a la sociedad civil en un instrumento subordinado de intereses partidistas.

La experiencia venezolana demuestra que la dirigencia política tradicional ha tolerado la sociedad civil mientras esta sirva como maquinaria de movilización, legitimación o presión internacional. Pero cuando esa sociedad civil intenta construir propuestas propias, mecanismos de representación autónomos o iniciativas soberanas, entonces comienza el proceso de descalificación, fragmentación o infiltración.

El problema central es que en Venezuela se secuestró el concepto mismo de representación. Los partidos asumieron que representar al ciudadano equivalía a sustituirlo políticamente. Pero la Constitución de 1999 introdujo un cambio trascendental: el pueblo puede ejercer directamente la soberanía, sin intermediación obligatoria de los poderes públicos o de los partidos.

Ese principio, contenido especialmente en los artículos 5 y 70 constitucionales, abrió la posibilidad de una participación directa de la sociedad organizada mediante consultas, asambleas ciudadanas, iniciativas constituyentes y mecanismos de participación vinculante. Sin embargo, esa posibilidad nunca fue desarrollada plenamente porque amenazaba tanto al régimen como al modelo tradicional de partidos.

Por eso la organización de la sociedad civil venezolana requiere comprender primero algo esencial: no puede estructurarse únicamente alrededor de eventos electorales. Cuando la sociedad civil se organiza solo para votar, termina dependiendo inevitablemente de quienes controlan las candidaturas, los recursos y las negociaciones políticas.

La sociedad civil debe construirse como una instancia permanente de control ciudadano, deliberación pública y ejercicio soberano, no como un apéndice temporal de campañas electorales. Se debe comprender que la lucha de la sociedad civil no es simplemente electoral, sino institucional y estructural. El problema venezolano no se limita a cambiar gobernantes; implica reconstruir las reglas de convivencia y los mecanismos de distribución del poder.

Por eso sectores de la sociedad civil, agrupados en la Alianza Nacional Constituyente Originaria, ANCO, hemos planteado la necesidad de una salida constituyente auténticamente originaria, donde sea el soberano —el pueblo— quien redefina el pacto social de los venezolanos, planteando un proyecto de país, El Gran Cambio, para el cambio estructural de las relaciones de poder entre el Estado y sus ciudadanos y que va mucho más allá de la simpleza de un programa transitorio que aplique cualquier  gobierno salido de un partido político (ver el proyecto de ANCO, El Gran Cambio, Propuesta para la Refundación de Venezuela, en https://ancoficial.blogspot.com/p/documentos-fundamentales.html).

La idea aquí es que la sociedad en su conjunto necesita redefinir las relaciones de poder entre los actores porque el actual Pacto Social se agotó hace más de 30 años, mucho antes de que llegara la desgracia que arruinó a Venezuela en 1998. De allí que no sea de extrañar la volatilidad perniciosa de los liderazgos, que nos vuelve permanentemente a colocar de nuevo al comienzo y que nos impide salir del hueco donde nos metieron.

También debe entenderse que la sociedad civil venezolana no es homogénea. Es un océano diverso, complejo y contradictorio. Allí conviven gremios, academias, iglesias, ONGs, estudiantes, empresarios, sindicatos, comunidades y movimientos regionales. Pretender uniformarla o asumir su “representación” sería repetir los mismos errores del modelo partidista tradicional. Todo ello sin contar que dentro de todo ese universo hay quienes usan el disfraz de sociedad civil para engañar a la población ocultando pretensiones de poder. Nadie está en contra de las legítimas aspiraciones de quien sea, lo que resulta intolerable es no manifestarlas directamente a través del canal natural de los partidos, ocultándose detrás del ropaje de independencia sin parcialidad que otorga la sociedad civil.

La fortaleza de la sociedad civil radica precisamente en su diversidad y descentralización. Pero esa diversidad exige coordinación estratégica. Y allí aparece otro desafío histórico: cómo articular una dirección colectiva sin caer nuevamente en caudillismos, hegemonías partidistas o estructuras verticales.

La experiencia venezolana demuestra que los vacíos de conducción terminan siendo llenados por los mismos actores responsables del fracaso previo. Y esto es, al parecer, lo que veremos a partir del espectáculo de Panamá. Es por eso que la sociedad civil necesita construir liderazgo ético, mecanismos de consenso y objetivos comunes mínimos: recuperación institucional, soberanía popular, descentralización, Estado de derecho y reconstrucción republicana.

La sociedad civil venezolana debe entender que enfrenta no solo a un régimen autoritario, sino también a una cultura política profundamente deformada por décadas de cooptación, clientelismo, centralismo y dependencia partidista. La reconstrucción democrática de Venezuela no ocurrirá únicamente cambiando gobernantes. Requiere construir ciudadanía. Y esa tarea no puede delegarse.

Si la sociedad civil sigue entregando completamente su representación a factores políticos sin control ciudadano efectivo, el país repetirá nuevamente el ciclo histórico de frustración, dependencia y colapso institucional.

La gran lección de estos años es clara: una sociedad civil organizada no puede limitarse a acompañar procesos políticos; debe convertirse en garante permanente de la soberanía ciudadana y contrapeso real del poder. Solo así Venezuela podrá reconstruir una República donde el ciudadano deje de ser espectador y vuelva a ser soberano.

Caracas, 31 de mayo de 2026

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