Por Luis Manuel Aguana
En un reciente mensaje dirigido al presidente Donald Trump y su secretario de Estado Marco Rubio, el recientemente excarcelado Cnel. (GN) José de Jesús Gámez Bustamante, después de 14 años de prisión, y aún mantenido en custodia de casa por cárcel, posiblemente le haya dado la solución al gobierno de los EEUU en relación a qué hacer con las Fuerzas Armadas venezolanas, reducidas ahora a su mínima expresión tras 27 años de continuo desmantelamiento como cuerpo integrado para la defensa del país.
Utilizando la misma Constitución de 1999, el Cnel. (GN) Gámez Bustamante razona la última parte del Artículo 329 que indica que “La Fuerza Armada Nacional podrá ejercer las actividades de policía administrativa y de investigación penal que le atribuya la ley” (ver Justia Venezuela, Artículo 329, en https://venezuela.justia.com/federales/constitucion-de-la-republica-bolivariana-de-venezuela/titulo-vii/capitulo-iii/#articulo-329). Esta orden puede provenir perfectamente de quien ejerza la presidencia de la República como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional:
“Además, y lo más importante es que en el mismo artículo (Artículo 329 CRBV), por mandato constitucional, la Fuerza Armada Nacional cumplirá (podrá ejercer) funciones de policía administrativa; entiéndase, como parte del orden interno mediante tal mandato no hay discusión, sino el cumplimiento, no por convicción, sino por coerción de tal mandato. Por ello, lo que le estoy diciendo se torna axiomático, indiscutible. Los militares pasarán a ser parte de la fuerza de una policía nacional con sus dos órganos doctrinarios: un órgano de investigación judicial para investigar los delitos y un órgano de policía uniformada para reprimir y prevenir el delito, no a la población. Y expreso todo esto para no retardar, esperando que un grupo de pusilánimes, oportunistas, corruptos, malformados, sean llamados a exponer su ignorancia…” (ver República TV, ¡Rompe el silencio! El coronel Gámez Bustamante lanza un mensaje que nadie esperaba, en https://www.youtube.com/live/r4_he42J5wE?si=dcTXtyGajt8aDwKZ).
De ser establecido así, la Fuerza Armada Nacional podría desaparecer tal y como la conocemos en la actualidad, dejándole el campo libre a las fuerzas militares de los EEUU para custodiar y defender las fronteras de Venezuela, lo que de manera irresponsable desapareció de la lista de actividades prioritarias de nuestros militares desde hace poco más de un cuarto de siglo.
Nuestras fronteras fueron abandonadas por el régimen o negociadas por ellos con grupos paramilitares y de la guerrilla colombiana dedicados al tráfico de narcóticos, oro y otras riquezas extraídas de zonas entregadas en consignación.
El nivel de destrucción organizativa de nuestras Fuerzas Armadas es tal que difícilmente pueda ser el sostén de cualquier gobierno democrático que pueda construirse posterior a esta tragedia de destrucción masiva institucional de Venezuela.
El lamentable estado de nuestra institución militar se demostró de manera abierta al no poder ser de ayuda alguna a la población tras los dos terremotos del 24 de junio, no solo por la incapacidad técnica y organizativa de poder asistir a la población ante una tragedia natural, sino porque demostraron que no se encontraban allí para cuidar de los venezolanos, sino al régimen que azota a Venezuela desde hace 27 años, lo que ha originado un repudio generalizado de la población.
Esta situación obliga a los EEUU, como regente y tutor de las actuales autoridades interinas, a tomar una dura decisión en relación a qué hacer con una institución que ha sido convertida de una organización para la defensa nacional a otra dedicada a ser guardia pretoriana de un régimen corrupto, que se ocupó de corromper a sus mandos principales para permanecer en el poder. No existe NADIE activo en esa institución capaz de sostener cualquier gobierno futuro. Así de simple.
Y esto es parte de la grave discusión acerca del futuro de nuestro país.
No solo se trata de que exista una Junta de Gobierno de Transición que sustituya el desprestigiado y corrupto interinato de Delcy Rodríguez, se trata de quién sostiene lo que venga, porque al final el último bastión del gobierno de cualquier país es la punta de la bayoneta de sus soldados, como me lo solía recordar el desaparecido Gen. (Ej) Jacobo Yepez Daza, representante insigne de esa institución (ver Jacobo Yépez Daza, Réquiem por un General civilista, en http://ticsddhh.blogspot.com/2015/12/jacobo-yepez-daza-requiem-por-un.html).
Escribo esta nota con mucha tristeza en recuerdo del General Yepez Daza y todos los oficiales y miembros de nuestra Fuerza Armada, como representantes de una oficialidad digna que pasaba por encima de los políticos, poniendo primero en todos los órdenes la defensa de los venezolanos. Debo suponer que eso fue progresivamente desapareciendo e hizo su crisis terminal el 24 de junio de 2026, paradójicamente el día de la conmemoración de la Batalla de Carabobo y Día del Ejército. Solo Dios sabe cuándo poner final a las cosas.
Ahora, un miembro de esa oficialidad digna, tras haber sido torturado por 14 años al punto de haber perdido la vista por esas torturas, indica una salida para limpiar y, por qué no, comenzar de nuevo. Pero, ¿y mientras tanto qué?
Los venezolanos aún no salimos del trauma, porque aún existe el régimen de Maduro en funciones, así sea tutelado por los EEUU, de toda la iniquidad contenida en estos malvivientes que aún desgobiernan el país. Y eso no lo digo yo. Pregúntenles a los sobrevivientes del Estado Vargas en la todavía penosa búsqueda de sus familiares bajo los escombros. Las humillaciones inimaginables de las que han sido objeto podrían llenar innumerables novelas de horror. Personas que tienen que pagar por maquinarias para remover escombros para encontrar a sus familias enterradas, cuando eso debe ser responsabilidad del ESTADO, que tiene la obligación fundamental de proteger y asistir a sus ciudadanos. Y el brazo inmediato que tiene para eso son las Fuerzas Armadas.
El desastre humillante para la identificación y búsqueda de cadáveres en las morgues improvisadas, la inminente epidemia producida por millones de insectos debido a los miles de cadáveres que aún están bajo toneladas de escombros, debería darle vergüenza a cualquier gobierno. Pero a esta gente no. A estas alturas, La Guaira debería ser fumigada completamente desde el aire para evitar que los familiares también mueran frente a los escombros donde se encuentran sus familias.
En el estado de indefensión y postración en el que se encuentran los venezolanos, no estamos en capacidad ahora de reclamar soberanía. Eso es como pedirle a un enfermo hospitalizado por múltiples heridas que se mueva por sus propios medios. Ese enfermo requiere ayuda y tratamiento. Venezuela fue quebrada, así como es quebrado física y psicológicamente un preso en una cárcel por sus carceleros. Eso hizo el régimen de Maduro y aún continúa haciéndolo el trío en el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez. Tengo que expresarlo dolorosamente de esa manera.
Venezuela, luego de sacarnos de encima a Delcy y sus cómplices con la ayuda de los EEUU, y mientras se encuentre en el hospital, deberá ser tratada para que pueda valerse por sí misma de nuevo. Eso hay que comprenderlo en su lamentable profundidad. A este país lo destrozaron y se encuentra en COLAPSO. Y tuvo que venir Dios el 24 de junio a hacerlo comprender en su descarnada magnitud.
A consecuencia de toda esta iniquidad, los EEUU nos están echando una mano, pero a un costo que todavía no estamos al punto de conocer. Pero todos debemos comprender que NADIE nos había ayudado en nuestra desgracia. Que por la razón que fuera se llevaron al capo mayor el 3 de enero y trasladaron de emergencia a Venezuela a un hospital con un plan de recuperación de 3 fases. Y eso no tiene precio.
No estamos en posición de decidir nada en este estado de colapso terminal, pero en la medida en que nos recuperemos de casi 30 años de maltratos, estaremos en mejores condiciones para mejorar los términos de la ayuda prestada. En ese momento podremos hablar otra vez de soberanía. Y cuando eso ocurra, podremos decidir soberanamente si requerimos o no de una Fuerza Armada que la defienda.
Caracas, 26 de julio de 2026
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