domingo, 30 de agosto de 2026

Petróleo venezolano, ¿el nuevo Canal de Panamá?

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

No era de ninguna manera extraña la reacción venezolana al anuncio del presidente Donald Trump acerca del acuerdo petrolero cocinado con el interinato de Delcy Rodríguez (ver Commentary Donald J. Trump Truth Social On X, @TrumpTruthOmX, en https://x.com/TrumpTruthOnX/status/2093471486334181481).

No hay mucho más que decir en relación a su inconstitucionalidad, representación cero de la firmante -Delcy Rodríguez- para suscribir en nombre de los venezolanos semejante cosa, y por supuesto la fragilidad del acuerdo de cara a conseguir lo que se requiere en inversiones. Difícilmente se harán presentes inversiones de la naturaleza de las involucradas allí solo teniendo la presencia en el poder de los herederos del régimen de Nicolás Maduro Moros en un país sin institucionalidad, sin contar con la poca continuidad del mismo Donald Trump en la Casa Blanca en el largo plazo.

Lo que me motiva a escribir estas líneas no es eso, sino lo que viene después. Era obvio el rechazo de todos los venezolanos al atropello de la soberanía que suscitaría un acuerdo como ese. No hay mucho que agregar en torno al tema. Los venezolanos somos culturalmente patrioteros y “antimperialistas”, y si hay algo que nos une a todos los latinoamericanos es el atropello exterior, razón por la cual hemos sido pasto seco para el fuego destructor que los comunistas han prendido en todos nuestros países. Y lamentablemente, los EEUU han dado razones para ello.

Pero no nos equivoquemos, ni comencemos a quemar banderas norteamericanas. Lo que sucede en cada país no es más que el resultado de sus propios errores e imbecilidades. Donald Trump solo se está aprovechando de ambas. O tal vez cualquier otro presidente norteamericano en su posición lo hubiera hecho, ya bien sea buscando votos o para sellar el control sobre un territorio bajo su influencia.

De hecho, no es la primera vez que una situación semejante ha ocurrido en Latinoamérica —preservando las distancias históricas— cuando los EEUU está particularmente muy interesados en algo de nosotros.  Y eso ocurrió en 1903 en lo que hoy conocemos como República de Panamá. Veamos:

“…la afirmación "Estados Unidos separó Panamá de Colombia para quedarse con el Canal" contiene una parte sustancial de verdad, pero es demasiado simplificadora si se utiliza como descripción histórica completa. Una formulación más rigurosa sería:

Existía un movimiento separatista panameño con antecedentes propios, pero la independencia de 1903 difícilmente habría triunfado en esas circunstancias sin el respaldo militar y diplomático de Estados Unidos. Washington tenía, además, un interés estratégico previamente establecido en obtener el territorio y los derechos necesarios para construir y controlar un canal interoceánico. El nuevo Estado panameño, en una posición negociadora extraordinariamente débil, concedió mediante el Tratado Hay-Bunau-Varilla derechos territoriales y jurisdiccionales a Estados Unidos mucho más amplios que los que Colombia había estado dispuesta a aceptar” (ver Separación de Panamá, ChatGPT, en https://chatgpt.com/s/t_6a94658dc92c81919cebdad7632ec27a) (resaltado nuestro).

Y ustedes se preguntarán: ¿y qué tiene que ver eso con nosotros y lo que sucedió hace más de 120 años en nuestra hermana República de Colombia? ¡Muchísimo! Los EEUU deseando algo que geopolíticamente les era urgente y necesario, y que, aprovechando la circunstancia de la presencia de grupos separatistas panameños, los respaldaron luego de haberles planteado a los colombianos un arrendamiento de parte del territorio por 100 años:

“Estados Unidos negoció con Colombia un tratado para obtener los derechos necesarios para construir el canal. El resultado fue el Tratado Hay-Herrán, firmado el 22 de enero de 1903 entre Estados Unidos y Colombia. Estados Unidos ofrecía, entre otras cosas, una compensación económica y un arrendamiento por 100 años de una franja de territorio para construir y operar el canal. Pero el Congreso colombiano consideró que el acuerdo era desfavorable para Colombia y que comprometía excesivamente su soberanía. El Senado colombiano rechazó el tratado el 12 de agosto de 1903(ver referencia anterior) (resaltado nuestro).

¿Luego de eso, qué hicieron entonces los norteamericanos? LO TOMARON por otras vías con mejores ventajas para ellos y “a perpetuidad”, como lo indicó el acuerdo suscrito entre la reciente República de Panamá y los EEUU. Posteriormente, esa condición perpetua cambiaría con el Tratado Torrijos-Carter en 1977 y la devolución del canal en 1999.

¿Qué tenía la recién independizada franja que ahora conocemos como Panamá? ABSOLUTAMENTE NADA, salvo su posición geográfica para unir 2 océanos. Para sobrevivir, tener ingresos y lograr reconocimiento internacional, NECESITABAN a los EEUU. ¿Les parece conocida la situación? Pero tenían que venderles el alma.

Los colombianos, enarbolando la bandera de su soberanía, no solo perdieron una parte importantísima de su territorio, sino la posibilidad de hacer un negocio que cambiaría para siempre el futuro de Colombia. ¿Qué ganaron los panameños? Tal vez un país, pero sometido a las reglas y el sustento por parte de otro. Una situación que, a mi juicio, en el neto y en el tiempo, fue un mal negocio tanto para Colombia como para Panamá, siendo los EEUU los únicos beneficiados.

Pero hay un aparte en esta historia muy interesante que puede servirnos para evaluar la situación venezolana: el interés de los EEUU de aquella época en realizar un canal en el medio de la nada. Veamos:

“Había al menos cuatro razones estratégicas:

1)     Interés: Militar; Importancia: Permitir que la Marina estadounidense pasara rápidamente del Atlántico al Pacífico.

2)     Interés: Comercial; Importancia: Reducir enormemente las rutas marítimas entre ambas costas.

3)     Interés: Geopolítico; Importancia: Consolidar la influencia estadounidense en el Caribe y Centroamérica.

4)     Interés: Imperial/estratégico; Importancia: Evitar que una potencia europea controlara una futura vía interoceánica.

El contexto de la época es importante: Estados Unidos acababa de convertirse en una potencia internacional de primer orden después de la guerra de 1898 y estaba desarrollando una política exterior mucho más activa en el Caribe y América Latina” (ver referencia anterior).

Podríamos esgrimir y explicar los mismos intereses norteamericanos descritos y que movieron a esa potencia a ser parte imprescindible en el desmembramiento de Colombia. Esto es, los mismos intereses Militares, Comerciales, Geopolíticos e Imperial/Estratégicos, actualizando su importancia para Venezuela. Pero eso no será necesario, porque el petróleo venezolano los explicaría todos…

Y si tenemos al frente a una potencia capaz de cortar un país en el pasado, entonces hay que sentarse a pensar con la cabeza bien fría y lo más alejada posible de las fiebres patrioteras y de soberanía que hundieron a Colombia en 1903, para lograr un acuerdo acorde con las circunstancias y beneficioso para las futuras generaciones de venezolanos.

No creo que el acuerdo de Trump con el interinato de Delcy Rodríguez prospere en el futuro porque, para lograr lo que pretende, Venezuela debe recuperar su autonomía política, y ya todos sabemos cómo se lograría eso. Pero lo que no podemos obviar es que el interés de los EEUU por nuestro petróleo continuará, el mismo interés en los 4 ejes descritos que tenían por hacer un canal en 1903, y buscarán la manera de lograrlo hasta conseguirlo. No permitamos que nos suceda, tal vez no el desmembramiento territorial de Colombia, pero sí algo de semejante magnitud…

Caracas, 30 de agosto de 2026

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miércoles, 26 de agosto de 2026

La falsa ilusión del tutelaje venezolano

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Para poder entender lo que está sucediendo hoy en Venezuela, es necesario entender primero que lo que ejerce la Administración de Donald Trump sobre el país no es un tutelaje, sino coacción. Esto es una amenaza diaria, directa y permanente sobre quienes ejercen el poder en Venezuela, y cualquier fuerza opositora con rabo de paja y expediente abierto de corrupción en los EEUU.

Eso lo expliqué con más detalle hace algunos días en mi nota anterior del 7 de agosto. Sin embargo, aún se le siguen solicitando a los EEUU acciones —como sacar a Delcy y su interinato— que no están en su alcance de acción jurídica realizar (me refiero a acción  jurídica dentro de los EEUU), y que solo pudieran ser posibles si efectivamente los EEUU hubieran invadido a Venezuela con una autorización AUMF de su Congreso, tal y como lo hicieron con Irak en 2003 (Authorization for Use of Military Force against Iraq, Resolution of 2002) (ver Venezuela: La fuerza de la coacción, en  https://ticsddhh.blogspot.com/2026/08/venezuela-la-fuerza-de-la-coaccion.html).

Si se pusiera un poco de atención a lo anterior, se podría entender por qué está sucediendo que el régimen continúe como si Maduro siguiera en el poder. Lo que convierte esa coacción en tutelaje es que, por intermedio de esa amenaza creíble aplicada tanto al régimen como a su oposición, están caminando juntos y agarraditos de la mano por la misma senda, a pesar de que los venezolanos la rechacemos por la calle del medio.

Y no solo eso. Eso explica por qué Delcy sigue en su puesto y la razón por la cual los EEUU no tienen manera de deshacerse de ella, salvo llevándosela como lo hicieron con Maduro. De resto, se tienen que calar, como el resto de todos nosotros los venezolanos, los procedimientos para sustituirla de la institucionalidad restante y retorcida que aún queda en Venezuela.

Pero lo más grave no es solo eso. Mientras Delcy Rodríguez y el resto de los “extraíbles” (designemos con ese término a todos sobre los que pesa amenazante la espada de Damocles que le cayó a Maduro, de la misma manera como llamaron “extraditables” a los narcos colombianos) estén en sus puestos, los EEUU podrán ejercer algún control sobre ellos. Cuando esa situación cese, ya sea porque se los lleven o ellos abandonen el poder con la anuencia de los EEUU, la Administración Trump no podrá, debido a limitaciones de su propia institucionalidad, ejercer ninguna influencia sobre lo que venga luego en Venezuela, ni sobre sus próximos gobernantes. 

Hecha esta aclaratoria, nos podemos explicar por qué María Corina Machado (MCM) no se encuentra en esa “Mesa de Diálogo”: porque es incoercible (al menos en los términos en que el resto sí es coercible), por lo que se constituiría en un obstáculo previsible para los planes de esa Mesa.

De la misma manera, se puede explicar por qué los EEUU no pueden presionar más de lo que han hecho para la liberación de los restantes presos políticos, porque si alguien sabe de las limitaciones de los norteamericanos en Venezuela, son precisamente quienes heredaron el régimen de Maduro. Trump y Rubio prefieren bailar ese tango pegado con el régimen con el fin último de lograr lo que desean de Venezuela, prefiriendo llevar el cortejo en paz con Delcy Rodríguez y su camarilla antes de presionar más de lo debido que los tenga que obligar a la materialización de las amenazas que existen sobre ellos, y perder el control del país.

Y eso lo sabe el régimen. Saben además que no pueden salir inmediatamente de la presidente interina y el resto del aparato represivo, sino de la misma manera que se llevaron a Maduro, y que la única opción que tienen de despacharlos es esperando por los canales institucionales que se están fabricando a través de las dos Asambleas. Así que aquello que creíamos —y todavía algunos creen— de “que los EEUU debe expulsar al interinato ya”, no es posible para la Administración Trump.

EEUU al echar a andar un mecanismo que logra mantener presión directa sobre los “extraíbles”, hace ver al resto del mundo que ejercen un tutelaje de la misma manera que en cualquier país al que hayan invadido en el pasado, cuando en realidad lo que hacen es mover piezas amenazadas en un terreno institucional limitado. Aunque cualquiera pueda decir que en el neto es lo mismo, al comparar amenaza cierta con tutela, el alcance de lo que en realidad pueden hacer está restringido en la realidad institucional venezolana y norteamericana.

Para poder tener éxito en el juego que están realizando, el régimen tiene que cooperar mucho más de lo que han hecho, retrasando todo lo que sea posible las instrucciones de Washington. Haber montado esa estrategia que pone juntas a dos Asambleas Nacionales ilegítimas para lograr un resultado legítimo es en realidad un camino largo y lleno de huecos, que deja al régimen suficiente espacio para controlar los mecanismos de designación tanto del TSJ como del CNE, a través de los medios que siempre han utilizado.

Muchos dirán que, como los EEUU tienen su mano metida para lograr que las designaciones de los magistrados del TSJ y los rectores del CNE sean transparentes, lo cierto es que eso será el resultado de una negociación entre partes que ya se han coludido en el pasado, y no serán los EEUU los que pongan peros en la decisión que tomen unos comités de postulaciones “independientes” que siempre han sido controlados por los partidos de la Asamblea Nacional, ahora licuada con una “oposición” históricamente complaciente.

Al final, ¿cuál es el interés de los norteamericanos? Que la ruta escogida termine en elecciones sin que importe mucho cómo se llegaron a ellas y que los venezolanos nos quedemos tranquilos con el resultado. Eso estaría bien si existieran garantías de la salida de lo que queda del régimen de Nicolás Maduro Moros. Pero lamentablemente no hay tal garantía, solo la palabra de unos negociadores “opositores” que argumentan como aval el supuesto tutelaje de los EEUU.

En la medida en que nos acercamos a noviembre, fecha de las elecciones intermedias norteamericanas, este juego de la Administración Trump en Venezuela se hace más complicado, porque para ese entonces la “Mesa de Negociación” entre las 2 Asambleas debería tener listas las decisiones relativas a los cambios decididos con el TSJ y el CNE. Y si ese proceso no sufre reveses para que luego de esas elecciones el presidente Trump pueda sostener la coerción que tiene sobre los “extraíbles”, quizás los venezolanos podamos llegar a un proceso electoral con la garantía de que los EEUU hagan respetar el resultado.

Pero si, por el contrario, el presidente norteamericano deja de sostener esa coerción sobre los “extraíbles” como resultado de un nuevo Congreso hostil a su administración, el régimen de Delcy Rodríguez manipulará cualquier elección en Venezuela con un sistema electoral automatizado sin cambios, como siempre lo hicieron con Chávez y Maduro. Y a los EEUU no les quedará otra decisión que aceptar el resultado porque fueron ellos los que eligieron esa ruta para Venezuela.

De allí que se haga imprescindible la inmediata discusión de un nuevo sistema electoral para Venezuela, fundamentado en elecciones manuales, limpieza profunda del registro electoral y la incorporación de la diáspora venezolana en el exterior, y del que, hasta donde es nuestro conocimiento, ninguna comisión técnica está trabajando. Y si ni siquiera han comenzado con eso para que sea implementado con una nueva directiva de un CNE que todavía no han nombrado, y del que ni siquiera existe un comité de postulaciones, ¿creen ustedes todavía que hay tutela en Venezuela? Ya es hora de despertar a la realidad, y rezar para que Trump y los republicanos salgan bien parados en noviembre…

Caracas, 26 de agosto de 2026

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viernes, 14 de agosto de 2026

Tecnología, Crisis y Refundación

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Una de las cosas que me motivó a abrir este pequeño espacio en la red hace muchos años fue expresar ideas acerca del futuro de Venezuela en el marco de dos ejes fundamentales: la tecnología y los derechos humanos. De allí el nombre de este blog, TICs & Derechos Humanos (algunos todavía me preguntan qué significa eso de TICs, que no es otra cosa que Tecnologías de Información y Comunicaciones, confundiéndolo con “tips”, que significa otra cosa). En el transcurso del tiempo lo convertí en una trinchera de expresión de la lucha política que tenemos en Venezuela tratando de recuperar nuestras libertades, y que no se aleja mucho de esos dos ejes, que en el devenir del tiempo cada vez confluyen más.

La tecnología se ha vuelto progresivamente una parte del ser humano, y en el presente siglo veremos una fusión de uno en el otro, en especial con el advenimiento de la inteligencia artificial (IA), convirtiéndose esta herramienta en una extensión del ser humano, acercando irremediablemente la tecnología a lo político.

Inicio esta reflexión por allí al escuchar con mucha seriedad la entrevista que diera Elon Musk a Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, una de las revistas más importantes e influyentes en la economía mundial (ver entrevista completa Elon Musk en The Economist, 29 de julio de 2026, en https://youtu.be/XuoqKYxDHVc).

Es posible que alguno que la haya escuchado piense que Musk hablaba de cosas que bien pudieran tomarse como ideas de la “Guerra de las Galaxias” o alguna película futurista. Yo no lo creo así. Muchas, si no todas, las afirmaciones realizadas por Musk tocan a la humanidad completa, y tendrán de alguna manera influencia en lo que nos pase en Venezuela.

¿Y por qué afirmo esto? Porque el horizonte del que habla es de 5 a 10 años, considerado por el mismo Musk como el largo plazo. Veamos las primeras ideas del resumen de The Economist:

“La primera idea es que Musk considera inevitable la llegada de una inteligencia superior a la humana. Ya no habla de si ocurrirá, sino de cuándo. Su cálculo es que la IA podría superar toda la inteligencia humana combinada en aproximadamente cinco años y dominar la economía junto con los robots antes de 2036. La segunda es que esa transformación rompería las reglas económicas conocidas. En su escenario, el trabajo sería opcional, el ingreso alto universal reemplazaría parte de los salarios y una expansión gigantesca de la oferta convertiría a la deflación —no a la inflación— en el principal problema. Es una apuesta teórica enorme: supone que la producción crecerá más rápido que la creación de dinero y que la abundancia podrá distribuirse sin destruir el sistema político durante la transición” (ver El Economista, Elon Musk anticipó el fin del dinero y del trabajo: sus 100 frases más poderosas, 27 de julio de 2026, en https://eleconomista.com.ar/internacional/elon-musk-the-economist-100-frases-entrevista-inteligencia-artificial-n96966).

Es por eso que cuando veo esa discusión intrascendente de dos grupos completamente alejados de la representación popular venezolana, decidiendo nuestro futuro próximo, que por cierto estaría en el mismo horizonte del que habla Elon Musk, imagino cómo nos pueden estar viendo desde fuera: como dos tribus indígenas decidiendo los linderos de sus parcelas para no matarse entre sí, alejados de lo que en realidad estará sucediendo en el mundo en vuelta de 5 a 10 años, nada en comparación con nuestros casi 30 años de autodestrucción continua. Visto así, es verdaderamente patético.

¿Cómo podemos siquiera pensar en insertarnos en un mundo como el que predice Elon Musk si ni siquiera podemos gobernarnos solos? ¿Cómo es posible siquiera pensar en “elecciones” si cualquiera que se haga cargo del país encontrará la tierra arrasada que nos dejaron 30 años de destrucción, donde lo primero que tendría que hacer ese nuevo gobernante dentro de 2 o 3 años es figurarse cómo darle de comer a la gente y que no se muera de mengua, en un país sin los mínimos servicios sanitarios? ¡Y no tengo ni siquiera que probarlo! Ya lo están viviendo hoy mismo la gente del estado Vargas. Simplemente, el futuro nos alcanzó, como en la famosa película de Charlton Heston.

Estas dos tribus, que es como nos miran desde el exterior, deberán ser guiadas y encausadas por un regente para que retomen un mecanismo civilizado de vida y se puedan gobernar por sí mismas. Eso es un regreso a los tiempos del colonialismo imperial, donde los reinos existentes se hacían cargo de la ley en sus colonias. Y el “reino” cercano que nos ha tocado son los EEUU. Lo lamentable es que fuimos nosotros mismos los que provocamos ese atraso; nadie lo hizo por nosotros.

Cualquier decisión que se tome en esa supuesta “mesa de negociación” entre ambas tribus obligadas a sentarse a regañadientes atenderá una ruta previamente trazada por ese reino. Podemos disentir de ella, incluso hasta podemos intentar sabotearla. Pero, ¿es eso lo más conveniente para todos?

Sabemos muy bien la calaña de quienes se sentaron allí y están firmando acuerdos sin ninguna representación de los venezolanos. Incluso hasta podemos proponer vías de actuación más cercanas a esa representación ciudadana. Pero perdimos, precisamente por causa de quienes ahora son obligados por fuerzas externas a “negociar”, la capacidad real de poder cambiar el curso de los acontecimientos, por más gritos y amenazas a la desestabilización del país. Simplemente se desapareció esa capacidad por cansancio, amenazas, desangre, violencia, diáspora o simplemente hambre porque no se puede protestar con el estómago vacío y la tercera parte de la población fuera del país.

En este punto, lo que queda es el poder y la fuerza de quienes están diseñando una nueva ruta para regresar a Venezuela a la civilización occidental. Ya lo había comparado con intentar hacer parar de una cama a un enfermo en coma. Lo que le queda es confiar en el tratamiento que OTROS le pongan para su recuperación. 

Y esto no significa que nos rindamos para siempre. Lo que significa es que, por más que analicemos, propongamos e incluso podamos hacer en esta condición de minusvalía, debe estar dirigida, por más que nos resulte detestable, a la recuperación del cuerpo del país, dejando que los médicos hagan su trabajo.

Y es en este punto donde nos debemos preguntar adónde nos lleva el proceso de recuperación. ¿La idea es que cuando podamos caminar es para volver a las andadas de lo mismo que nos llevó a la cama y con los mismos delincuentes en roles principales? Al parecer es lo que están pidiendo a gritos: que cese el tutelaje de los EEUU para volver a lo mismo.

Esto es, elecciones presidenciales para darle al próximo presidente el poder máximo de ordenar la vida del país; elecciones legislativas para darle a un parlamento sin la representación igualitaria de los Estados en un Senado, donde los ciudadanos de Caracas tienen más derecho a los servicios que los de cualquier Estado del país por tener más personas y ser el asiento principal de los Poderes Públicos; elecciones de alcaldes y concejales de papel, que no tienen manera alguna de poder hacer absolutamente nada por los vecinos de sus municipios, porque sus finanzas no dependen de ellos. En otras palabras, regresar a un sistema de gobernanza absolutamente atrasado y fracasado, que originó en primer lugar la tragedia que nos consumió por casi 30 años.

¿No creen ustedes que lo primero que deberíamos hacer al levantarnos de esa cama, aparte de agradecerles a quienes nos cuidaron, es rehacer TODO el orden establecido y pensar que un nuevo gobierno no haría absolutamente nada bueno ni mejor si utiliza el mismo sistema para una nueva era del país? ¿No creen ustedes que el problema no es el chofer, sino el autobús que ya no funciona?

Es por eso que en un país completamente des-institucionalizado, que está funcionando a juro por la fuerza de un reino que está imponiendo un orden artificial en el medio de todo lo que nosotros destruimos, lo primero a realizar es construir un orden completamente nuevo, para luego de hacerlo, llamar a elecciones basadas en ese nuevo orden.

Creo que es preferible para los EEUU y para Venezuela toda, que en lugar de convocar elecciones generales o presidenciales como lo han dispuesto en su plan de 3 fases, después de reconstruido el sistema electoral mientras estamos en coma, que se convoque al país a una Asamblea Nacional Constituyente para rehacer adecuadamente todos los Poderes Públicos y los procedimientos que fueron improvisados por encima de la voluntad popular para poder salvar al país, construyendo un nuevo paradigma de desarrollo para Venezuela, para que el país pueda acoplarse a una nueva era acorde a un nuevo orden económico internacional, como el que plantea Elon Musk para el futuro de la humanidad. Ese es el sentido de lo que ahora llamamos REFUNDAR LA NACIÓN. 

Doy por descontado que, de no realizar correctamente la secuencia, esto es, hacer unas elecciones primero esperando que posteriormente un nuevo gobierno convoque al Constituyente para resolver el problema institucional del país, Venezuela seguirá siendo lo que es ahora, pero sin regente: tribus que seguirán destrozando el país sin remedio alguno. Nunca convocarán a la representación más genuina del pueblo para discutir su futuro por las mismas razones por las que nos autodestruimos. Y habremos desperdiciado la mejor oportunidad de enlazar nuestro vagón a un tren mundial que la humanidad no desperdiciará, y que no se va a detener por nosotros.

El mundo seguirá girando y nosotros seguiremos en nuestras insignificantes peleas tribales. Ojalá los venezolanos podamos entender lo que el futuro nos deparará a la vuelta de la esquina. The Economist lo resume al final de su análisis de la entrevista con Elon Musk:

Musk no se presenta como alguien que intenta decidir si la revolución tecnológica debe ocurrir. Se presenta como alguien que ya la considera inevitable y quiere influir en los valores, la infraestructura y las compañías que la conducirán. La gran pregunta no es solamente si sus fechas serán correctas. Es si las sociedades podrán atravesar ese "camino accidentado" sin quedar atrapadas entre la concentración de poder, la destrucción de empleos, la polarización política y una tecnología que, según el propio Musk, pronto será demasiado inteligente para que los humanos sigan al mando”.

Nuestra sociedad ya se encuentra “accidentada” y atrapada en la concentración de poder, en el medio de una destrucción de empleos y la polarización política. Lo que queda por decidir es si queremos o no encontrarnos en la misma página de lo que vendrá para la civilización occidental y lo que se definirá como desarrollo, donde la tecnología ya está jugando un papel estelar. No nos queda mucho tiempo para decidir estar dentro o fuera de ese camino…

Caracas, 14 de agosto de 2026

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viernes, 7 de agosto de 2026

Venezuela: La fuerza de la coacción

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Mucho ha sucedido en este medio año sin Nicolás Maduro Moros en el poder. Y a la luz de los acontecimientos de estos meses, confieso que me he equivocado en la apreciación de la realidad; y que era necesario que las aguas se tranquilizaran un poco para ver el fondo. Deseo comenzar explicando que la palabra “tutelaje”, tal y como la hemos venido utilizando, no es la que mejor se aplica actualmente a la situación venezolana y la hemos usado erróneamente. Veamos porqué.

Desde el 3 de enero, fecha de la extracción de Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores por la fuerza militar de los Estados Unidos, los venezolanos hemos estado creyendo que los EEUU habían “intervenido militarmente” en nuestro territorio; y a partir de ese momento Venezuela se había convertido en un país ocupado por una fuerza extranjera y el régimen gobernante impuesto por la fuerza invasora se había automáticamente convertido en títere de los EEUU, y este en consecuencia en su tutor. Y esto, aunque en la práctica haya sido así, no es en realidad lo que sucedió.

Ciertamente, los militares venezolanos depusieron sus armas ante una fuerza imposible de detener, y cuya amenaza clara y abierta seguía pendiendo sobre las cabezas de quienes sucedieron a Maduro en el poder. El mismo presidente de los EEUU declaró ante los medios el mismo día de la Operación Resolución Absoluta que su gobierno “administraría a Venezuela” (“We're going to run the country”, Trump dixit).

Ahora bien, esas palabras del presidente de los EEUU se quedaron en la mente de todos como si en realidad los EEUU nos hubiera invadido, cuando en realidad lo que sucedió técnicamente, de acuerdo a las explicaciones que le dieron a su propio Congreso, fue “una operación de aplicación de la ley respaldada por fuerzas militares (law enforcement/military extraction operation)”. Y que “Se enmarcó dentro de las acciones de la Operación Lanza del Sur (Operation Southern Spear) y la lucha antinarcóticos del Comando Sur y el Departamento de Justicia”.

Si en realidad se hubiera ejecutado una operación militar como la realizada en Irak en 2003, con el respectivo permiso del Congreso norteamericano, esto es, si hubiera existido para Venezuela una AUMF como la de 2002 en contra de Irak (Authorization for Use of Military Force Against Iraq, Resolution of 2002), ese cuento de “We’re going to run the country” fuera legalmente válido en los EEUU.

¿A dónde quiero llegar? Que la única manera que tienen los EEUU de forzar a las autoridades venezolanas a cumplir sus órdenes desde la Casa Blanca es la coacción. De acuerdo al DRAE: “Coacción: 1. f. Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo”. En otras palabras, en Venezuela no hay tutelaje, lo que hay es coacción.

Imagino las toneladas que deben pesar los expedientes de cada uno de quienes conforman la trilogía del poder en Venezuela, que ya son públicos, notorios y comunicacionales, para que no les pase lo mismo que a Maduro y la razón por las que Delcy Rodríguez y sus delincuentes en su gabinete aún se encuentren en el poder.

Y esta también es la razón por la cual cualquier alternativa distinta al poder ejecutivo en Venezuela, como la que muchos hemos solicitado públicamente de una Junta de Gobierno de Transición, no tiene en absoluto ningún sentido para los EEUU, porque ella no estaría en la misma posición de recibir las mismas órdenes, ni estarían sujetas a la misma coacción. Y la explicación es simple y se resume en el siguiente párrafo:

“La extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, por sí sola, no implica automáticamente que Estados Unidos pueda jurídicamente actuar en Venezuela como si hubiera realizado una invasión y una ocupación militar. Si la Administración fundamentó la operación como una misión limitada de aplicación de la ley, esa caracterización restringe las facultades que puede derivar de ella. Para justificar acciones equivalentes a las de una potencia ocupante, sería necesario apoyarse en hechos y fundamentos jurídicos adicionales, cuya suficiencia seguiría siendo objeto de debate tanto en el derecho constitucional estadounidense como en el derecho internacional” (ver conversación con ChatGPT, en https://chatgpt.com/share/6a7524a6-cf10-83ea-8f3b-7928c368b16b).

En otras palabras, la Administración Trump no se puede justificar legalmente en los EEUU como si hubiera invadido militarmente el país, pero si puede coaccionar a los actuales gobernantes venezolanos de aplicarles lo mismo que le hicieron a Maduro, respaldados por el mismo razonamiento jurídico. Pero si lo hacen, la coacción termina. Tremendo problema para nosotros.

Pero también es esa la razón de la “fuerza” que mantiene semi amarrados a los perros de la represión política dentro del país y sentados en la misma mesa a los restos del régimen de Maduro con una oposición que no representa a nadie, porque ellos también están tan coaccionados como el régimen. Después de haberse llevado los reales del USAID, ustedes me dirán si también la “oposición” del dúo PJ-VP no deben también rendir cuentas a la Administración Trump por eso.

Resulta paradójico que la razón de la corrupción y crímenes de ambas partes sea el pegamento que los tiene unidos para “resolver” la crisis política de Venezuela en una mesa de negociación, que definitivamente no es tal. Es una mesa de cumplimiento de órdenes bajo coacción.

¿Es esa la única vía para resolver el problema de Venezuela? ¿Reuniendo a la fuerza a los delincuentes responsables y corresponsables del desastre y dictarles lo que tienen que hacer? Aunque pueda verse válida, esa no puede ser una buena manera de comenzar una nueva era de democracia y libertad. Pero los EEUU no podrían, por las razones antes expuestas, decidir un curso político diferente, salvo que se decidan formal y abiertamente a intervenir militarmente en el país, buscando en su país la legalidad de tal acción.

Pero la coacción ha servido también para otra cosa: cambiar las leyes para favorecer los intereses de los EEUU en Venezuela, en especial los petroleros. Era lógico suponer ese curso de acción, aunque eso haya hecho resurgir el sarampión antinorteamericano, siempre latente en una Latinoamérica históricamente izquierdosa. No deja igualmente de ser paradójico que esa decisión favoreciera indirectamente al país frente al regalo de crudo que el régimen había decidido hace años a los cubanos y los chinos. Al menos los EEUU pagan el precio de las facturas petroleras, aunque estén administrando los fondos por esa misma coacción al régimen, sin que los venezolanos tengamos vela en ese entierro. En algún momento estarán obligados a dar cuenta de eso.

Y aprovecho este momento para indicar que los norteamericanos no están aquí por petróleo y otros recursos más allá de las mismas razones por las que estuvieron los cubanos, los chinos, rusos e iraníes. Es claro que desean que las empresas norteamericanas tengan ventajas sobre cualquier otra en nuestros recursos petroleros. Y si los acuerdos realizados con ellos de acuerdo a las leyes son aceptables para las partes y PAGAN por el crudo y los impuestos, ¿cuál es el problema? Creo que esa es una discusión que tomo sesgos ideológicos interesados y que requiere de un marco de negociación aceptado entre ambos países una vez recuperada la legitimidad de todos los poderes públicos venezolanos.

A la luz de esta realidad, donde la coacción es la verdadera razón que sostiene lo que ha sucedido en el país desde el 3 de enero, difícilmente podremos exigirle a los EEUU otra cosa que no sea que termine de llevarse a la justicia norteamericana, por diferentes razones, los restos del régimen de Maduro y a la oposición que los encubrió por 27 años, y que su fuerza en el país se limite a proteger, por convenio y por solicitud, al gobierno venezolano que decidan dejar mientras se realizan elecciones libres, justas y verificables. La Constitución de 1999 habilita a la Asamblea Nacional para realizar tal cosa (Artículo 187.11 CRBV: Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país). De hecho, quizás eso sea lo que tengan en sus planes con los que están siendo coaccionados en una mesa de cumplimiento y yo solo me haya adelantado…

Caracas, 7 de agosto de 2026

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jueves, 30 de julio de 2026

Ley o sabiduría, el dilema venezolano

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

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Si alguien me hubiera dicho hace un mes que vería a la Dra. Blanca Rosa Mármol de León convocando a un paro petrolero nacional, me hubiera muerto de la risa. Pero la política venezolana de hoy es tan inestable que cualquier cosa, incluso una como esa, puede pasar, como en efecto pasó (ver Manifiesto público de la Dra. Blanca Rosa Mármol de León en https://www.instagram.com/reel/DbRvbioIEgA/).

Antes de continuar, debo aclarar primero que respaldo en todas sus letras y firmemente las declaraciones que ha hecho la Dra. Mármol de León en relación a su solicitud de una Junta de Gobierno de Transición y al rechazo a las negociaciones entre dos entidades completamente ilegítimas, la Asamblea Nacional presidida por Jorge Rodríguez y la Asamblea vencida de 2015, presidida por Dinorah Figuera, que no representan en absoluto a los venezolanos para llegar a ningún acuerdo en nombre de nosotros.

La interpretación jurídica de la Dra. Mármol a la situación del país es absolutamente clara y constitucional, y así se lo manifesté personalmente. Y esa debería ser la interpretación de todo jurista como ella. Sin embargo, la política pone las cosas dentro de una perspectiva diferente. La ley, tal y como la interpretan los jueces como la Dra. Mármol, solo tiene una salida: elecciones inmediatas ante la ausencia de un mandatario, aunque este sea ilegítimo. Y esto puede tener múltiples interpretaciones.

Sin embargo, las leyes las escriben los seres humanos, y como producto de ellos tampoco son infalibles. La realidad nos sobrepasó. No había manera de prever lo que sucedió en Venezuela en los últimos 27 años. Nadie podía, nadie tampoco se imaginó que, desde el mismo comienzo del régimen de Hugo Chávez Frías, se pervertiría el sistema electoral venezolano para permanecer en el poder, al punto de hacer imposible cualquier llamado electoral sin resolver antes ese problema. Pero eso no lo dice la ley. De allí el juicio claro de mi querida amiga y juez intachable, la Dra. Mármol de León.

La pregunta es: ¿se aplica la ley o la sabiduría? Si partimos del hecho de que en Venezuela dejó de aplicarse la ley y la Constitución desde hace tanto tiempo que ya todos olvidamos qué significa eso, el llamado a cumplir la ley que hace la Dra. Mármol luce completamente coherente e inobjetable.

El caso más emblemático entre ley y sabiduría nos lo relata la propia Biblia con el rey Salomón:

“Según el relato bíblico de 1 Reyes 3:16-28, dos mujeres se presentaron ante el rey Salomón, ambas reclamando la maternidad de un niño vivo mientras acusaban a la otra de haber intercambiado a su hijo fallecido. Salomón resolvió el conflicto ordenando partir al niño vivo con una espada, lo que reveló a la verdadera madre, quien prefirió entregar a su hijo antes que verlo morir, demostrando así su sabiduría”.

¿Qué les daba a las dos mujeres el derecho de reclamar cada una al niño como su hijo?

“En el contexto de la historia bíblica, el derecho de las mujeres a reclamar legalmente al bebé se basaba en la falta total de pruebas físicas y la ausencia de testigos que pudieran desmentir o confirmar la palabra de alguna de ellas. El relato detalla varias condiciones específicas que ponían a ambas en igualdad de condiciones ante la ley:

Maternidad simultánea: Ambas mujeres dieron a luz con apenas tres días de diferencia. Físicamente, ambas estaban en etapa de lactancia y tenían la capacidad biológica de amamantar y criar al recién nacido.

Aislamiento total: Vivían solas en la misma casa. El pasaje de 1 Reyes 3:18 enfatiza textualmente: "ningún extraño estaba en la casa, fuera de nosotras dos". No había vecinos ni parteras que hubieran visto el intercambio nocturno.

Rasgos físicos idénticos: Al tratarse de dos bebés recién nacidos de pocos días, era imposible para los jueces o la corte identificar rasgos físicos definitivos que determinaran a quién se parecía el niño vivo.

Estatus social marginal: La Biblia aclara que ambas eran prostitutas. En la antigüedad, las personas de este estatus no contaban con el respaldo de esposos o familias respetables que sirvieran como avales legales de su palabra.

Al ser la palabra de una contra la de la otra sin ninguna evidencia material, el caso era legalmente un callejón sin salida. Por esta razón, el conflicto escaló directamente hasta el tribunal del rey, requiriendo un nivel superior de discernimiento para resolverse”. (ver chat con IA Gemini en https://share.google/aimode/ahuw6rYC2bOZy2Uwv).

¿Y qué hizo Salomón? Decidió un acto extremo: picar en dos con una espada al niño, una parte para cada demandante. ¿Eso estaba en la ley? Obviamente NO. Pero hizo salir a la luz a la verdadera madre que prefirió la vida del niño antes que su posesión. La sabiduría frente a la ley.

Ojalá pudiéramos contar con un Salomón para decidir que hacer frente a este caso. ¿Qué le da derecho a Delcy Rodríguez a permanecer en Miraflores después del 3 de julio? A todas luces el derecho que le asiste es el respaldo de la fuerza militar de los EEUU porque intervinieron militarmente el país desde el 3 de enero, mismo respaldo que alegamos en ANCO para sustituirla con una Junta tecnocrática, dado que en Venezuela no existe ahora otra ley que esa.

Pero la Dra. Mármol insiste en unas elecciones inmediatas y constitucionales en derecho, que no se pueden realizar en la práctica por mas elecciones manuales que se aleguen por la compleja magnitud del problema técnico previo a resolver. Y mientras eso se resuelve, ¿Quién gobierna? ¿Delcy Rodríguez y los mismos que destruyeron Venezuela junto con Maduro? Eso es inaceptable para el pueblo venezolano. Y esto es lo que hay que resolver en la práctica.

De allí que la solicitud expresada por la Dra. Blanca Rosa Mármol de León de poder conversar con la delegación norteamericana en el país es plenamente objetiva. Sin embargo, si se le acompaña con amenazas de huelgas y paro petrolero, disminuye las posibilidades de poder hacerlo, así eso sea imposible de concretar en la práctica. PDVSA esta muy lejos de ser lo que algún día fue en el 2002 y lo poco que queda en el país de la producción petrolera, está completamente en manos de las empresas extranjeras.

Los EEUU deberían conversar con la Dra. Mármol de León, no solo como representante legítima de la sociedad civil de Venezuela, sino como venezolana íntegra y profunda conocedora de las leyes y la Constitución venezolana, para buscarle una solución salomónica al problema, aunque ya ellos hayan decidido comenzar unas conversaciones a todas luces irritas a partir del 1ro. de agosto.

No creo que exista otro venezolano con mayor legitimidad para hacerlo como la Dra. Blanca Rosa Mármol de León. Ella transversaliza a todos los sectores, aunque lamentablemente algunos políticos opositores radicalizados la hayan visto ahora como “competidora” en el macabro juego del poder, y paguen campañas para insultarla y desacreditarla como lo han hecho. Ese comportamiento avergüenza y rebaja a la oposición y no apunta hacia una solución del problema.

Y digo salomónica porque se requiere de una solución de compromiso entre la legalidad constitucional venezolana, la realidad del país y la fuerza que ellos representan. Creo que a los EEUU les es mucho más conveniente para sus fines expuestos llevar este tango en paz con el país, conciliando a todas las partes, y les toca jugar el difícil papel del rey Salomón.

El llamado chavismo, o como se le llame ahora, ya murió. Lo que ahora falta es sepultarlo. Pero para lograr eso se requiere la sabiduría necesaria para encontrar la manera correcta de hacerlo sin pasarse por alto las leyes del país, porque fue la Administración Trump la que alegó en su Congreso que no invadieron militarmente a Venezuela, sino que ejecutaron una operación policial. Pues bien, si eso fue así y no sostienen a Delcy Rodríguez por su fuerza, entonces que produzcan la solución legal y legítima precisa para todas las partes sin llegar a picar al muchacho en dos. Si resuelven eso, estaremos en el buen camino de recuperar la soberanía.

Caracas, 30 de julio de 2026

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