Por Luis Manuel Aguana
Fue Marco Rubio, secretario de Estado de los EEUU, quien le puso un nombre a la preocupación que he resaltado desde hace años en este rincón de la red, acerca de la fragilidad de un gobierno nacido de los votos de los venezolanos, pero que sea incapaz de sostenerse en el tiempo debido a una debilidad estructural producto de décadas de destrucción institucional. Y nuestro ejemplo más evidente en Latinoamérica es la Nicaragua de Daniel Ortega. Veamos de qué se trata:
"No solo queremos que haya elecciones libres y justas, sino que exista una república duradera. Lo que amenazaría una república duradera en Venezuela sería que alguien resulte elegido y herede una catástrofe económica y social absoluta" (ver Marco Rubio revela de qué hablaron Trump y Delcy Rodríguez, en https://www.telemundowashingtondc.com/noticias/eeuu/rubio-dice-que-trump-hablo-con-delcy-rodriguez-sobre-transicion-politica-en-venezuela/2399831/).
Y así como ahora lo dicen los EEUU con el nombre de República duradera, en la vocería de su secretario de Estado, aquí en Venezuela lo hemos venido gritando desde hace más de una década, y mucho antes de que aterrizaran a ese concepto:
“Y así vendrá otro gobierno y posiblemente otro más, y se enriquecerán los que administren lo poco que quede. Y en ese contexto no se extrañen de que regresen al poder otra vez aquellos que estamos sacando ahora, con el argumento de que ellos tenían razón porque “la democracia” no arregló el desastre (¿quién podría?). Luego que Nicaragua salió de los comunistas con Violeta Chamorro, pocos años después, por causa de un gobierno corrupto de la “democracia”, regresó triunfante Daniel Ortega” (ver Renuncia y Constituyente, enero de 2016, en https://ticsddhh.blogspot.com/2016/01/renuncia-y-constituyente.html).
“Como ya he mencionado antes en este blog, de esa “negociación” vendrá otro gobierno y posiblemente otro más, y se enriquecerán los que administren lo poco que quede. Y más temprano que tarde regresarán al poder aquellos que estamos sacando ahora, con el argumento de que ellos tenían razón porque “la democracia” no arregló el desastre (¿quién podría si no se hacen los cambios fundamentales que hay que realizar?). Luego que Nicaragua salió de los comunistas con Violeta Chamorro, pocos años después, por causa de un gobierno corrupto de la “democracia”, regresó triunfante Daniel Ortega. Si los políticos nicaragüenses no cambiaron nada, ¿qué más podía esperarse?” (ver El sitio de Stalingrado venezolano, mayo de 2016, en https://ticsddhh.blogspot.com/2016/05/el-sitio-de-stalingrado-venezolano.html)
“Expulsaremos al castrocomunismo. Pero eso no resolverá la profunda destrucción institucional en la cual nos hallamos, y cuya solución, imposible en el corto-mediano plazo, la reclamarán para ayer los venezolanos. Véanse en el espejo de Nicaragua. Salieron de los sandinistas y pusieron a Violeta Chamorro sin hacer los cambios estructurales que el país requería, y los comunistas de la mano de Daniel Ortega volvieron para quedarse. Por eso le repetimos al país, cual maestros de primaria: “Volar la estructura institucional actual, salir del régimen y rehacer el Pacto Social en un solo acto Constituyente Originario, ¡es una misma cosa de una manera controlada!” (ver Caída controlada, mayo 2017, en https://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/caida-controlada.html)
“No se puede pasar de un Estado conducido por delincuentes a otro conducido por una dirigencia desprestigiada y de dudosa calificación ética y moral, sin correr el riesgo de volver a la situación anterior en el corto plazo. De cometer ese error, los primeros que se aprovecharían de un muy posible fracaso por corrupción en el retorno de la democracia serían precisamente aquellos a quienes se expulsó del poder por esa misma razón. Ese fue el caso de la Nicaragua de Violeta Chamorro, con el retorno de Daniel Ortega hasta nuestros días” (ver La transición de la transición, enero de 2018, en https://ticsddhh.blogspot.com/2019/01/la-transicion-de-la-transicion.html).
Son años de decir lo mismo con diferentes palabras, que ilustran exactamente el mismo concepto que expuso Marco Rubio: debe existir una República duradera antes de que exista un traspaso del poder desde quienes ahora lo detentan de una manera ilegítima. Traspasar el poder antes de obtener eso, como ocurrió con Violeta Chamorro, es la receta fatal del “autosuicidio” institucional del país.
Pero Rubio estuvo acertado al ponerle el nombre a una situación que tiene mucho fondo. En lo que se equivoca es en la implementación. No se puede respaldar a una tiranía carente de base constitucional para ejercer el poder, y esperar que esta colabore para su propia destrucción por la vía electoral, comenzando por el hecho de que no cambiará precisamente la estructura institucional que la ha mantenido en el poder. Eso es una contradicción total.
Si los EEUU pretenden entregarle recursos y apoyo a esta tiranía post Maduro de nuevo cuño de Delcy Rodríguez, con presos políticos y prensa embozalada, con el argumento que el país crecerá económicamente y será más fuerte para que se sostenga una posterior democracia salida del voto de los venezolanos, solo pueden contemplar los años de bonanza petrolera que tuvimos cuando los precios llegaron a más de 100 dólares, y estos mismos delincuentes se los llevaron, dejando el país en ruinas. ¿Cuál sería la diferencia?
El discurso de Delcy Rodríguez en la ONU es inválido, no por su contenido, sino por quien lo dijo. Es el discurso que esperaban los EEUU de un socio comercial, pero no le dice nada a los venezolanos que sabemos perfectamente quién es la persona que lo pronuncia. Un siniestro personaje que dirá lo que sea para permanecer en el poder a costa de los venezolanos.
Los EEUU están haciendo un mal negocio con quienes decidieron apoyar en el poder en Venezuela. La única manera en que ambos, los venezolanos y norteamericanos, saquemos provecho de una alianza en el largo plazo y se pueda garantizar esa Republica duradera que ambos deseamos, es garantizar los cambios institucionales básicos que el país necesita para el logro del restablecimiento constitucional, y eso no vendrá del régimen de los Rodríguez, y ellos lo saben.
Seguiremos intentando convencer a los EEUU de que la salida que nos conviene a ambos es un gobierno de transición a través de una Junta de Gobierno de Transición que sustituya al “rodrigato” y que sea el que verdaderamente se aboque a generar los cambios técnicos e institucionales mínimos necesarios para una convocatoria a elecciones libres, justas y verificables a la brevedad posible, y en concordancia con el plan que desean implementar para Venezuela. Esa sería la única manera de evitar esa herencia de catástrofe económica y social absoluta.
Caracas, 28 de septiembre de 2026
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