miércoles, 16 de septiembre de 2026

Opciones para la transición de Venezuela

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Nadie podría poner en duda que uno de los problemas políticos más graves e importantes de la Venezuela de hoy es la actual permanencia de Delcy Eloína Rodríguez Gómez en la presidencia de la República. Podría decirse incluso que, de resolverse ese único asunto, al menos avanzaríamos un trecho importante en el resto de los problemas que agobian a los venezolanos.

La ilegitimidad abierta, manifiesta e inconstitucional de quien hoy ejerce la primera magistratura es una afrenta abierta a todo venezolano con un mínimo de decencia pública. ¿Cómo una persona que no fue electa, ni designada por algún proceso legítimo y constitucional, puede todavía, luego de haberse terminado el plazo para llamar a elecciones, seguir ejerciendo el cargo? ¿Dónde están las instituciones del país? Lo que sucede con Delcy Rodríguez no es más que la demostración clara y palpable de la necesidad urgente de un cambio institucional de proporciones en Venezuela.

El secreto a voces de que su sostenimiento se debe al reconocimiento que de ella han hecho los EEUU, no es más que una bofetada abierta a la soberanía del país. Y esto no lo digo por patrioterismo. El hecho de que sea la potencia hemisférica la que haya decidido por nosotros quién ejerce la presidencia de la República enardece innecesariamente los sentimientos antinorteamericanos en el país, a pesar del agradecimiento general a los EEUU por haberse llevado a Maduro por narcotraficante el 3 de enero.

Y eso a mi juicio es un error de los EEUU en la evaluación que debieron haber realizado al apoyar la continuidad del gobierno de Maduro con su vicepresidente al llevarse a Nicolás Maduro Moros. Y ese error llevó al siguiente, al continuar apoyando su presidencia luego de los 180 días constitucionales posteriores a la extracción del jefe del Cartel de los Soles.

Pero el mayor error y el que derrama el vaso fue la firma del llamado “acuerdo petrolero” con el régimen de los Rodríguez, que profundiza los EEUU aún más en el error de mantenerla en el poder, al subestimar el rechazo nacional e internacional por un acuerdo celebrado con la intermediación de un delincuente buscado en Europa por lavado de dinero.

Por un lado, los EEUU firman un acuerdo de participación accionaria con una empresa propiedad de un delincuente internacional y, por otro, una usurpadora del poder concede una concesión petrolera a esa misma empresa sin tener la legitimidad para poder hacerlo porque técnica ni jurídicamente puede firmar absolutamente nada por Venezuela, porque NO ES presidente, ni interino ni permanente. Entonces, ¿cómo podría sostenerse eso en el largo plazo? ¿Qué corporación seria pondría su dinero en ese trato?

Entonces, la única salida para ese desastre es que los venezolanos puedan obtener una representación legítima para firmar acuerdos de concesión, no solo con compañías de los EEUU sino con las de cualquier otro país. Y eso no se logrará hasta que se regularice la situación de ilegitimidad de la presidencia de la República.

Pero, ¿cómo lograr de la noche a la mañana una representación legítima de los venezolanos, y sustituir adecuadamente a Delcy Rodríguez, con el apoyo institucional de los EEUU?

Si los EEUU insisten en continuar apoyando a Delcy Rodríguez, difícilmente la situación mejorará en Venezuela. No hay ni una sola variable económica que se mueva positivamente si la apuesta es por la continuación del régimen de Maduro. Ni tampoco las ansiadas inversiones provenientes de un “acuerdo petrolero” insostenible. La situación política en el país continuará o empeorará debido a que ningún capital se moverá a un lugar sin seguridad jurídica ni Estado de derecho, sin contar que estarían haciendo negocios con un país cuyas autoridades desconocen acuerdos y atropellan los derechos humanos de su población.

Pero si, por otro lado, los EEUU rectifican su política en Venezuela en aras de un arreglo que implique renegociar con autoridades legítimas, renegociando el “acuerdo petrolero”, la situación podría cambiar sustancialmente. Sin embargo, no existen muchas opciones disponibles para regresar la legitimidad a la presidencia de la República: a) Elecciones inmediatas; b) Designación de un nuevo gobierno por la vía judicial; c) Reconocimiento de los EEUU de las elecciones del 28J-2024. Veamos cada una por separado:

Elecciones inmediatas

Eso es lo que han estado gritando los sectores políticos desde el 3 de julio al vencerse el periodo de 180 días que da la Constitución, declarando de una vez la ausencia absoluta de Nicolás Maduro Moros. Pero eso no pasó, y Delcy Rodríguez continuó en Miraflores con el apoyo militar de los EEUU. De hecho, esa es la discusión.

Los voceros de los EEUU y hasta el mismo presidente Trump han insistido hasta el cansancio en que los venezolanos debemos esperar hasta que “existan las condiciones”. Incluso la presidente de la Asamblea Nacional de 2015, Dinorah Figuera, ha indicado que “Hay que mantener a Delcy Rodríguez en el poder para construir garantías y poder hacer elecciones” (ver declaraciones de Figuera en https://www.costadelsolfm.org/2026/09/hay-que-mantener-a-delcy-rodriguez-en-el-poder-para-construir-garantias-y-poder-hacer-elecciones-esa-es-la-tesis-de-dinorah-figuera/). Y la pregunta sigue siendo: ¿y cuáles son esas condiciones?

Se podrían realizar “elecciones YA”, como exigen algunos sectores políticos venezolanos. Allí todavía están las máquinas del CNE y el sistema automatizado de votación de Jorge Rodríguez para quien lo desee usar y al régimen le encantaría que lo hiciéramos. Pero, ¿es eso lo que queremos? Veamos las implicaciones de eso.

Un grupo de venezolanos hemos señalado reiteradamente la necesidad de “intervenir al Consejo Nacional Electoral, previo a cualquier siguiente elección, para garantizar elecciones auténticas en Venezuela”. Debe nombrarse una Junta Interventora del Sistema Electoral, con poderes suficientes y extraordinarios para intervenir en todos los organismos y componentes técnicos que tengan incidencia en el sistema electoral que tenemos ahora en Venezuela (ver Intervención Electoral: Garantía de soberanía, en https://ticsddhh.blogspot.com/2026/04/intervencion-electoral-garantia-de.html).

Esta ruta técnica pasa por establecer que no se puede acudir a comicios bajo la estructura electoral del régimen actual. La ruta planteada se fundamenta en los siguientes pilares de restitución soberana:

  • Sustitución e Independencia Orgánica: Desmantelar el actual sistema electoral coercitivo y sustituir integralmente a las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) por un organismo técnico, imparcial y despartidizado, restituido con arbitraje y asistencia técnica de la comunidad internacional, reestructurando en su totalidad las leyes y reglamentos electorales del país.
  • Auditoría y Depuración del Registro Electoral: Realizar un censo real del Registro Civil y Electoral (Registro de venezolanos cedulados del SAIME y el Registro Electoral del CNE) de ciudadanos dentro y fuera del país, garantizando el derecho al voto de toda la diáspora venezolana sin trabas administrativas ni condicionamientos políticos.
  • Sistema Manual y Transparencia Verificable: Eliminar la caja negra del voto electrónico viciado y retornar al voto manual con escrutinio público, contaje voto a voto al cierre de cada mesa y verificación de cuadernos de votación, con sistemas de transmisión y totalización automatizados plenamente auditables y sometidos a licitación pública.
  • Garantías de Libertad Política y Campaña Equitativa: Cese inmediato de inhabilitaciones políticas arbitrarias, libertad de prensa total y eliminación del uso indebido de recursos públicos para coaccionar al electorado.

Solamente refundando el sistema electoral se podrá restituir el hilo constitucional y garantizar comicios cuyos resultados sean plenamente auditables y reconocidos internacionalmente.

Pero esto ni siquiera se ha reconocido públicamente en las negociaciones que se han llevado a cabo hasta ahora entre las dos Asambleas Nacionales, siendo su única preocupación el posible nombramiento sin fecha de unos nuevos rectores, desestimando la importancia de demoler la estructura principal sobre la cual ha estado montado el poder autoritario del régimen por casi 30 años. Sin realizar las tareas anteriores, ninguna elección podría realizarse inmediatamente sin correr el altísimo riesgo de perpetuar al régimen de Delcy Rodríguez.

Designación de un nuevo gobierno por la vía judicial

Esta ruta sería posible con un Tribunal Supremo de Justicia, TSJ, completamente nuevo, legítimo e IMPARCIAL. Pero lo que se terminó negociando entre las dos Asambleas, la del “rodrigato” y la Asamblea de 2015, es un comité de postulaciones que incluye a los partidos, a contrapelo de lo que establece el artículo 270 Constitucional: “Académicos, juristas y miembros de ONG han advertido que el comité no debería contar con la presencia de legisladores, tal como lo establece el artículo 270 de la Constitución donde se señala que el comité es un órgano asesor de la AN, conformado por miembros de la sociedad civil. Sin embargo, la Ley Orgánica del TSJ desde el año 2004 instituyó la participación de los diputados que tienen la mayoría para designar a los magistrados en ese comité, pese a que además son los legisladores quienes los escogen en la plenaria de la Cámara” (ver Asamblea Nacional chavista aprueba reforma del artículo 65 de la Ley Orgánica del TSJ, en https://elpitazo.net/politica/asamblea-nacional-chavista-aprueba-reforma-del-articulo-65-de-la-ley-organica-del-tsj/).

Para remate de esta decisión “negociada”, Jorge Rodríguez enfatizó que “será esa Cámara la que escogerá a los magistrados del máximo tribunal venezolano, con lo que aclaró que no saldrá de la mesa de diálogo sino de la instancia controlada por el chavismo”. ¿Qué tal? En otras palabras, será el régimen DE NUEVO quien escogerá a quienes conformarán el “nuevo” TSJ. Vaya negociación amparada con el visto bueno de los EEUU…

¿Cómo se podría evitar este nuevo engaño a la población, luego de haberle asegurado al país que las cosas serían distintas en Venezuela con un nuevo Poder Judicial? Se los digo rápido: Que los EEUU reconozcan a los Magistrados LEGITIMAMENTE DESIGNADOS EN EL AÑO 2017 POR 12 AÑOS POR LA ASAMBLEA NACIONAL DE 2015 EN EL MOMENTO DE SU PLENA VIGENCIA, Y QUE FUERON PERSEGUIDOS POR EL RÉGIMEN, Y SE ENCUENTRAN FUERA DE VENEZUELA.

Estos Magistrados pueden y deben regresar al país para asumir sus cargos vigentes hasta el año 2029. Se podría decir sin ninguna duda que ellos conforman el ÚNICO PODER LEGÍTIMO EN VIGENCIA EN VENEZUELA.

Si los EEUU reconocen a esos Magistrados, ese NUEVO Alto Tribunal podría designar una Junta de Gobierno de Transición INMEDIATAMENTE que se haga cargo del Poder Ejecutivo. Dudo mucho que el “rodrigato” ponga objeciones a ese reconocimiento. Lo he dicho antes, “donde ronca tigre no hay burro con reumatismo”. Y estos “burros” ya están coaccionados. Los 23 Magistrados legítimos que se encuentran fuera del país pueden ser la clave para la sustitución LEGÍTIMA de Delcy Rodríguez hasta el cambio de raíz del sistema electoral viciado del país y la celebración correcta de unas elecciones libres, justas y verificables.

Reconocimiento de los EEUU a las elecciones del 28J-2024

Esta sería una vía expresa que, aunque tardía, podría ser efectiva. Edmundo González Urrutia (EGU) fue electo presidente de la República el 28 de julio de 2024. Le robaron las elecciones y huyó del país. ¿Por qué los EEUU no lo colocó en sustitución de Nicolás Maduro Moros después de su extracción, como sí colocó a Guillermo Endara en Panamá en 1989? Porque la torpeza opositora es tan grande como la infinitud del universo, Einstein dixit. EGU debió juramentarse el 10 de enero de 2025, como se ordenaba en la Constitución. Allí no existía excusa política ni interpretaciones. Estaba en la OBLIGACIÓN CONSTITUCIONAL de hacerlo, así no estuviera en el país.

Posteriormente, EGU “renunció” a una presidencia que nunca había juramentado, pero quedó en el imaginario popular que él continúa siendo el verdadero presidente legítimo de los venezolanos. Solo quedaría ratificarlo políticamente como tal.

A la torpeza de no juramentarse se unió otra: el divorcio de la oposición liderada por María Corina Machado (MCM) con la Administración del presidente Trump, al punto de que esta desconoció los resultados de las actas electorales venezolanas del 28J-2024 depositadas en el Banco Central de Panamá.

Si por alguna razón esta decisión cambia, debe y tiene que ser por una negociación de  MCM con los EEUU, que incluya de primero el “acuerdo petrolero” írrito de Delcy Rodríguez, convirtiendo el fracaso actual de Trump en un éxito comercial, diplomático y político antes de las elecciones de medio término. MCM podría convertirse en vicepresidente de la República mañana si los EEUU reconocen a EGU como presidente de la República. Los EEUU pasarían a ser el sostén armado del gobierno de EGU hasta una reestructuración a fondo de las Fuerzas Armadas.

Las tres opciones están sobre la mesa. Queda de los verdaderos políticos saber qué hacer con ellas. Pero lo que sí no es aceptable es continuar en el limbo de no hacer nada y esperar que las cosas se arreglen solas. Eso generalmente no sucede...

Caracas, 16 de septiembre de 2026

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lunes, 7 de septiembre de 2026

El insostenible maletinazo petrolero

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Antes de ir al fondo de lo que realmente quiero destacar en esta nota acerca del cuestionado acuerdo petrolero “con los EEUU” (coloco este término entre comillas y lo explicaré más abajo) que ha causado revuelo nacional e internacional, deseo primero poner un orden en las ideas para poder analizar adecuadamente esta situación.

De acuerdo a la Hoja Informativa (Fact Sheet) anunciada por la Casa Blanca el pasado 31 de agosto, el gobierno de los EEUU firmó un acuerdo con una empresa privada que logró una concesión petrolera con el régimen de Delcy Rodríguez (ver Fact Sheet: President Donald J. Trump Announces Historic Oil Agreement to Secure American Energy Dominance and Drive Venezuela’s Economic Recovery, The White House, August 31, 2026, en https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/08/fact-sheet-president-donald-j-trump-announces-historic-oil-agreement-to-secure-american-energy-dominance-and-drive-venezuelas-economic-recovery/).

Esta empresa, de nombre North American Blue Energy Partners (NABEP), de acuerdo a las informaciones que corren por las redes sociales, es propiedad del cuestionado empresario Alejandro Betancourt, buscado en varios países de Europa por lavado de activos. Pero esa es otra historia…

La Hoja Informativa de la Casa Blanca solo señala los términos del acuerdo de EEUU con NABEP, sin mencionar —no tenían por qué hacerlo— lo que a su vez está acordado entre NABEP y el Estado venezolano. Esto es, los términos de las concesiones acordadas que cocinó el “rodrigato” con un delincuente buscado internacionalmente, aunque a través de la misma Hoja Informativa publicada se puede derivar que NABEP obtuvo del régimen de Delcy Rodríguez, en el marco de la nueva Ley de Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela n.º 6.978 Extraordinario de fecha 29 de enero de 2026, concesiones por 100 años para 17 yacimientos petrolíferos con reservas probadas de aproximadamente 65.000 millones de barriles”.

Lo primero entonces que hay que destacar aquí es que el famoso “acuerdo” no está firmado entre el régimen y los EEUU, sino entre los EEUU y una empresa de maletín que fundó el Sr. Betancourt, que obtuvo unas concesiones petroleras del régimen venezolano, y de allí que colocara entre comillas el acuerdo “con los EEUU”. Los términos de ese acuerdo entre los EEUU y NABEP pueden decir “misa” como decían los viejos en mis tiempos de infancia, y en principio no nos afectarían. Lo que sí es importante a los fines del próximo futuro venezolano es la validez de lo que sí pudo firmar un régimen ilegítimo con un delincuente internacional.

Tal fue el salto atrás al que nos ha llevado la destrucción institucional del país de estos delincuentes que han desgobernado Venezuela, que el régimen de los Rodríguez modificó la Ley de Hidrocarburos para romper el monopolio del Estado venezolano para la explotación de nuestros hidrocarburos, al punto de poder concesionar directamente a empresas privadas.

Y eso no es malo en sí mismo porque, en los hechos, hemos regresado al esquema de las concesiones que realizaba el dictador Juan Vicente Gómez a principios del siglo XX, quien otorgaba a sus más allegados estos contratos para que ellos a su vez las traspasaran a empresas y corporaciones internacionales, como la Standard Oil de New Jersey, adjudicándole a sus allegados los mejores lotes del territorio nacional para que se  enriquecieran conjuntamente con el gobernante de la noche a la mañana.

Digo que no es que no fuera necesario romper el monopolio del Estado venezolano sobre el petróleo, sino el cómo fue el primer paso para realizarlo. Y conociendo la trayectoria de los delincuentes que aún se encuentran gobernando a Venezuela, la manera no podía ser otra: un maletinazo petrolero con testaferros conocidos.

Nada más alejado de sus intenciones hacerlo a través de una licitación pública internacional, ofreciendo el lomito que se le adjudicó en concesión a NABEP por 100 años para 17 yacimientos petrolíferos con reservas probadas de aproximadamente 65.000 millones de barriles”.

Allí pudieron perfectamente participar ExxonMobil o ConocoPhillips o todas las grandes del abanico petrolero mundial. Y cualquier deuda que el Estado venezolano pudiera tener con ellas se podía resolver sin problemas entre las partes dentro de la negociación.

Pero muchos de ustedes se preguntarán: ¿y cómo vendrían a participar en esa licitación si Venezuela aún carece de un Estado de derecho reconocido y un gobierno completamente ilegítimo que no puede garantizar inversiones como las que se plantea la recuperación de la producción petrolera venezolana? Y la respuesta es precisamente: NO SE PUEDE. Lo cual nos lleva a la secuencia trancada del plan de Trump-Rubio. No se puede recuperar económicamente a Venezuela sin que exista una transición política que lleve a un gobierno legítimo en Venezuela. Punto.

Este acuerdo entre NABEP-EEUU posterior a la concesión NABEP-Rodrigato NO ES SOSTENIBLE porque el primero depende del segundo y el segundo, la concesión, es revocable cuando exista un gobierno legítimo en Venezuela, así haya que negociar los costos de salida.

La única manera de que el presidente Trump pueda decir en una rueda de prensa que tiene el control sobre el petróleo venezolano, como ya lo ha dicho, es INVADIENDO AL PAÍS. De resto, lo que tiene es la coacción sobre los “extraíbles” para hacer la chapuza que terminaron de hacer con Alejandro Betancourt. Recuerden que la Administración Trump nunca ha admitido en su país una invasión a Venezuela el 3 de enero, sino una operación policial con apoyo militar.

Solo una invasión militar le permitiría a Trump decir lo que dice y garantizar por las armas que los 100 billones de dólares que se requieren invertir en nuestra industria petrolera los pongan las empresas petroleras más grandes y consolidadas con las garantías y la protección adecuada. De resto, deberán pedírselas a Betancourt y a Delsy… ¡Suerte con eso!

Muchos venezolanos continúan escandalizados porque los EEUU “nos están robando” el petróleo con ese “acuerdo”. Tranquilícense, no lo pueden hacer, ni siquiera con esa concesión chimba otorgada a NABEP. A menos que tengan los reales para movilizar eso a los niveles que esperan los EEUU en esa Hoja Informativa, y no los tienen… Y esto me lleva a lo que realmente es mi interés al escribir esta nota: lo que viene después.

Ninguna administración presente o futura de los EEUU puede esperar que un gobierno serio, producto de la voluntad popular en Venezuela, ratifique la concesión otorgada a la empresa de maletín de Betancourt. Lo menos que podría hacer es expropiarla por causa de utilidad pública y renegociar los términos que esa empresa sostuvo con los EEUU, si es que se decide mantener la concesión, en especial su alcance y duración.

Nadie pone en duda el interés histórico de Venezuela de mantener relaciones comerciales con los EEUU y más aún en el sector petrolero. Lo que no puede existir es una relación de subrogación de los intereses venezolanos a los de EEUU mediante un acuerdo que lesiona la soberanía del país.

Si lo que buscaba el presidente Trump era un impacto mediático cortoplacista con el supuesto aumento de la “reserva estratégica petrolera” de los EEUU, por motivos electorales, los hechos han demostrado que logró todo lo contrario. No hay tal “aumento”, ya que en la práctica ese acuerdo no se pondrá en marcha sin el dinero que requiere moverlo, y menos todavía a mes y días de las elecciones de medio término.

Creo que el presidente Trump lograría muchísimo más con su electorado latino en los EEUU si terminara de “extraer” lo que queda del régimen de Maduro, promoviendo una Junta de Gobierno de Transición hasta que ocurran elecciones libres, justas y verificables en Venezuela. Ojalá que el secretario de Estado Marco Rubio, quien es el que ha entendido con más claridad desde hace mucho tiempo la situación política venezolana de cara a los EEUU, pueda hacer reflexionar y corregir ese error cometido por la Administración Trump en Venezuela, para el beneficio futuro de ambas naciones.

Caracas, 7 de septiembre de 2026

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domingo, 30 de agosto de 2026

Petróleo venezolano, ¿el nuevo Canal de Panamá?

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

No era de ninguna manera extraña la reacción venezolana al anuncio del presidente Donald Trump acerca del acuerdo petrolero cocinado con el interinato de Delcy Rodríguez (ver Commentary Donald J. Trump Truth Social On X, @TrumpTruthOmX, en https://x.com/TrumpTruthOnX/status/2093471486334181481).

No hay mucho más que decir en relación a su inconstitucionalidad, representación cero de la firmante -Delcy Rodríguez- para suscribir en nombre de los venezolanos semejante cosa, y por supuesto la fragilidad del acuerdo de cara a conseguir lo que se requiere en inversiones. Difícilmente se harán presentes inversiones de la naturaleza de las involucradas allí solo teniendo la presencia en el poder de los herederos del régimen de Nicolás Maduro Moros en un país sin institucionalidad, sin contar con la poca continuidad del mismo Donald Trump en la Casa Blanca en el largo plazo.

Lo que me motiva a escribir estas líneas no es eso, sino lo que viene después. Era obvio el rechazo de todos los venezolanos al atropello de la soberanía que suscitaría un acuerdo como ese. No hay mucho que agregar en torno al tema. Los venezolanos somos culturalmente patrioteros y “antimperialistas”, y si hay algo que nos une a todos los latinoamericanos es el atropello exterior, razón por la cual hemos sido pasto seco para el fuego destructor que los comunistas han prendido en todos nuestros países. Y lamentablemente, los EEUU han dado razones para ello.

Pero no nos equivoquemos, ni comencemos a quemar banderas norteamericanas. Lo que sucede en cada país no es más que el resultado de sus propios errores e imbecilidades. Donald Trump solo se está aprovechando de ambas. O tal vez cualquier otro presidente norteamericano en su posición lo hubiera hecho, ya bien sea buscando votos o para sellar el control sobre un territorio bajo su influencia.

De hecho, no es la primera vez que una situación semejante ha ocurrido en Latinoamérica —preservando las distancias históricas— cuando los EEUU está particularmente muy interesados en algo de nosotros.  Y eso ocurrió en 1903 en lo que hoy conocemos como República de Panamá. Veamos:

“…la afirmación "Estados Unidos separó Panamá de Colombia para quedarse con el Canal" contiene una parte sustancial de verdad, pero es demasiado simplificadora si se utiliza como descripción histórica completa. Una formulación más rigurosa sería:

Existía un movimiento separatista panameño con antecedentes propios, pero la independencia de 1903 difícilmente habría triunfado en esas circunstancias sin el respaldo militar y diplomático de Estados Unidos. Washington tenía, además, un interés estratégico previamente establecido en obtener el territorio y los derechos necesarios para construir y controlar un canal interoceánico. El nuevo Estado panameño, en una posición negociadora extraordinariamente débil, concedió mediante el Tratado Hay-Bunau-Varilla derechos territoriales y jurisdiccionales a Estados Unidos mucho más amplios que los que Colombia había estado dispuesta a aceptar” (ver Separación de Panamá, ChatGPT, en https://chatgpt.com/s/t_6a94658dc92c81919cebdad7632ec27a) (resaltado nuestro).

Y ustedes se preguntarán: ¿y qué tiene que ver eso con nosotros y lo que sucedió hace más de 120 años en nuestra hermana República de Colombia? ¡Muchísimo! Los EEUU deseando algo que geopolíticamente les era urgente y necesario, y que, aprovechando la circunstancia de la presencia de grupos separatistas panameños, los respaldaron luego de haberles planteado a los colombianos un arrendamiento de parte del territorio por 100 años:

“Estados Unidos negoció con Colombia un tratado para obtener los derechos necesarios para construir el canal. El resultado fue el Tratado Hay-Herrán, firmado el 22 de enero de 1903 entre Estados Unidos y Colombia. Estados Unidos ofrecía, entre otras cosas, una compensación económica y un arrendamiento por 100 años de una franja de territorio para construir y operar el canal. Pero el Congreso colombiano consideró que el acuerdo era desfavorable para Colombia y que comprometía excesivamente su soberanía. El Senado colombiano rechazó el tratado el 12 de agosto de 1903(ver referencia anterior) (resaltado nuestro).

¿Luego de eso, qué hicieron entonces los norteamericanos? LO TOMARON por otras vías con mejores ventajas para ellos y “a perpetuidad”, como lo indicó el acuerdo suscrito entre la reciente República de Panamá y los EEUU. Posteriormente, esa condición perpetua cambiaría con el Tratado Torrijos-Carter en 1977 y la devolución del canal en 1999.

¿Qué tenía la recién independizada franja que ahora conocemos como Panamá? ABSOLUTAMENTE NADA, salvo su posición geográfica para unir 2 océanos. Para sobrevivir, tener ingresos y lograr reconocimiento internacional, NECESITABAN a los EEUU. ¿Les parece conocida la situación? Pero tenían que venderles el alma.

Los colombianos, enarbolando la bandera de su soberanía, no solo perdieron una parte importantísima de su territorio, sino la posibilidad de hacer un negocio que cambiaría para siempre el futuro de Colombia. ¿Qué ganaron los panameños? Tal vez un país, pero sometido a las reglas y el sustento por parte de otro. Una situación que, a mi juicio, en el neto y en el tiempo, fue un mal negocio tanto para Colombia como para Panamá, siendo los EEUU los únicos beneficiados.

Pero hay un aparte en esta historia muy interesante que puede servirnos para evaluar la situación venezolana: el interés de los EEUU de aquella época en realizar un canal en el medio de la nada. Veamos:

“Había al menos cuatro razones estratégicas:

1)     Interés: Militar; Importancia: Permitir que la Marina estadounidense pasara rápidamente del Atlántico al Pacífico.

2)     Interés: Comercial; Importancia: Reducir enormemente las rutas marítimas entre ambas costas.

3)     Interés: Geopolítico; Importancia: Consolidar la influencia estadounidense en el Caribe y Centroamérica.

4)     Interés: Imperial/estratégico; Importancia: Evitar que una potencia europea controlara una futura vía interoceánica.

El contexto de la época es importante: Estados Unidos acababa de convertirse en una potencia internacional de primer orden después de la guerra de 1898 y estaba desarrollando una política exterior mucho más activa en el Caribe y América Latina” (ver referencia anterior).

Podríamos esgrimir y explicar los mismos intereses norteamericanos descritos y que movieron a esa potencia a ser parte imprescindible en el desmembramiento de Colombia. Esto es, los mismos intereses Militares, Comerciales, Geopolíticos e Imperial/Estratégicos, actualizando su importancia para Venezuela. Pero eso no será necesario, porque el petróleo venezolano los explicaría todos…

Y si tenemos al frente a una potencia capaz de cortar un país en el pasado, entonces hay que sentarse a pensar con la cabeza bien fría y lo más alejada posible de las fiebres patrioteras y de soberanía que hundieron a Colombia en 1903, para lograr un acuerdo acorde con las circunstancias y beneficioso para las futuras generaciones de venezolanos.

No creo que el acuerdo de Trump con el interinato de Delcy Rodríguez prospere en el futuro porque, para lograr lo que pretende, Venezuela debe recuperar su autonomía política, y ya todos sabemos cómo se lograría eso. Pero lo que no podemos obviar es que el interés de los EEUU por nuestro petróleo continuará, el mismo interés en los 4 ejes descritos que tenían por hacer un canal en 1903, y buscarán la manera de lograrlo hasta conseguirlo. No permitamos que nos suceda, tal vez no el desmembramiento territorial de Colombia, pero sí algo de semejante magnitud…

Caracas, 30 de agosto de 2026

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miércoles, 26 de agosto de 2026

La falsa ilusión del tutelaje venezolano

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Para poder entender lo que está sucediendo hoy en Venezuela, es necesario entender primero que lo que ejerce la Administración de Donald Trump sobre el país no es un tutelaje, sino coacción. Esto es una amenaza diaria, directa y permanente sobre quienes ejercen el poder en Venezuela, y cualquier fuerza opositora con rabo de paja y expediente abierto de corrupción en los EEUU.

Eso lo expliqué con más detalle hace algunos días en mi nota anterior del 7 de agosto. Sin embargo, aún se le siguen solicitando a los EEUU acciones —como sacar a Delcy y su interinato— que no están en su alcance de acción jurídica realizar (me refiero a acción  jurídica dentro de los EEUU), y que solo pudieran ser posibles si efectivamente los EEUU hubieran invadido a Venezuela con una autorización AUMF de su Congreso, tal y como lo hicieron con Irak en 2003 (Authorization for Use of Military Force against Iraq, Resolution of 2002) (ver Venezuela: La fuerza de la coacción, en  https://ticsddhh.blogspot.com/2026/08/venezuela-la-fuerza-de-la-coaccion.html).

Si se pusiera un poco de atención a lo anterior, se podría entender por qué está sucediendo que el régimen continúe como si Maduro siguiera en el poder. Lo que convierte esa coacción en tutelaje es que, por intermedio de esa amenaza creíble aplicada tanto al régimen como a su oposición, están caminando juntos y agarraditos de la mano por la misma senda, a pesar de que los venezolanos la rechacemos por la calle del medio.

Y no solo eso. Eso explica por qué Delcy sigue en su puesto y la razón por la cual los EEUU no tienen manera de deshacerse de ella, salvo llevándosela como lo hicieron con Maduro. De resto, se tienen que calar, como el resto de todos nosotros los venezolanos, los procedimientos para sustituirla de la institucionalidad restante y retorcida que aún queda en Venezuela.

Pero lo más grave no es solo eso. Mientras Delcy Rodríguez y el resto de los “extraíbles” (designemos con ese término a todos sobre los que pesa amenazante la espada de Damocles que le cayó a Maduro, de la misma manera como llamaron “extraditables” a los narcos colombianos) estén en sus puestos, los EEUU podrán ejercer algún control sobre ellos. Cuando esa situación cese, ya sea porque se los lleven o ellos abandonen el poder con la anuencia de los EEUU, la Administración Trump no podrá, debido a limitaciones de su propia institucionalidad, ejercer ninguna influencia sobre lo que venga luego en Venezuela, ni sobre sus próximos gobernantes. 

Hecha esta aclaratoria, nos podemos explicar por qué María Corina Machado (MCM) no se encuentra en esa “Mesa de Diálogo”: porque es incoercible (al menos en los términos en que el resto sí es coercible), por lo que se constituiría en un obstáculo previsible para los planes de esa Mesa.

De la misma manera, se puede explicar por qué los EEUU no pueden presionar más de lo que han hecho para la liberación de los restantes presos políticos, porque si alguien sabe de las limitaciones de los norteamericanos en Venezuela, son precisamente quienes heredaron el régimen de Maduro. Trump y Rubio prefieren bailar ese tango pegado con el régimen con el fin último de lograr lo que desean de Venezuela, prefiriendo llevar el cortejo en paz con Delcy Rodríguez y su camarilla antes de presionar más de lo debido que los tenga que obligar a la materialización de las amenazas que existen sobre ellos, y perder el control del país.

Y eso lo sabe el régimen. Saben además que no pueden salir inmediatamente de la presidente interina y el resto del aparato represivo, sino de la misma manera que se llevaron a Maduro, y que la única opción que tienen de despacharlos es esperando por los canales institucionales que se están fabricando a través de las dos Asambleas. Así que aquello que creíamos —y todavía algunos creen— de “que los EEUU debe expulsar al interinato ya”, no es posible para la Administración Trump.

EEUU al echar a andar un mecanismo que logra mantener presión directa sobre los “extraíbles”, hace ver al resto del mundo que ejercen un tutelaje de la misma manera que en cualquier país al que hayan invadido en el pasado, cuando en realidad lo que hacen es mover piezas amenazadas en un terreno institucional limitado. Aunque cualquiera pueda decir que en el neto es lo mismo, al comparar amenaza cierta con tutela, el alcance de lo que en realidad pueden hacer está restringido en la realidad institucional venezolana y norteamericana.

Para poder tener éxito en el juego que están realizando, el régimen tiene que cooperar mucho más de lo que han hecho, retrasando todo lo que sea posible las instrucciones de Washington. Haber montado esa estrategia que pone juntas a dos Asambleas Nacionales ilegítimas para lograr un resultado legítimo es en realidad un camino largo y lleno de huecos, que deja al régimen suficiente espacio para controlar los mecanismos de designación tanto del TSJ como del CNE, a través de los medios que siempre han utilizado.

Muchos dirán que, como los EEUU tienen su mano metida para lograr que las designaciones de los magistrados del TSJ y los rectores del CNE sean transparentes, lo cierto es que eso será el resultado de una negociación entre partes que ya se han coludido en el pasado, y no serán los EEUU los que pongan peros en la decisión que tomen unos comités de postulaciones “independientes” que siempre han sido controlados por los partidos de la Asamblea Nacional, ahora licuada con una “oposición” históricamente complaciente.

Al final, ¿cuál es el interés de los norteamericanos? Que la ruta escogida termine en elecciones sin que importe mucho cómo se llegaron a ellas y que los venezolanos nos quedemos tranquilos con el resultado. Eso estaría bien si existieran garantías de la salida de lo que queda del régimen de Nicolás Maduro Moros. Pero lamentablemente no hay tal garantía, solo la palabra de unos negociadores “opositores” que argumentan como aval el supuesto tutelaje de los EEUU.

En la medida en que nos acercamos a noviembre, fecha de las elecciones intermedias norteamericanas, este juego de la Administración Trump en Venezuela se hace más complicado, porque para ese entonces la “Mesa de Negociación” entre las 2 Asambleas debería tener listas las decisiones relativas a los cambios decididos con el TSJ y el CNE. Y si ese proceso no sufre reveses para que luego de esas elecciones el presidente Trump pueda sostener la coerción que tiene sobre los “extraíbles”, quizás los venezolanos podamos llegar a un proceso electoral con la garantía de que los EEUU hagan respetar el resultado.

Pero si, por el contrario, el presidente norteamericano deja de sostener esa coerción sobre los “extraíbles” como resultado de un nuevo Congreso hostil a su administración, el régimen de Delcy Rodríguez manipulará cualquier elección en Venezuela con un sistema electoral automatizado sin cambios, como siempre lo hicieron con Chávez y Maduro. Y a los EEUU no les quedará otra decisión que aceptar el resultado porque fueron ellos los que eligieron esa ruta para Venezuela.

De allí que se haga imprescindible la inmediata discusión de un nuevo sistema electoral para Venezuela, fundamentado en elecciones manuales, limpieza profunda del registro electoral y la incorporación de la diáspora venezolana en el exterior, y del que, hasta donde es nuestro conocimiento, ninguna comisión técnica está trabajando. Y si ni siquiera han comenzado con eso para que sea implementado con una nueva directiva de un CNE que todavía no han nombrado, y del que ni siquiera existe un comité de postulaciones, ¿creen ustedes todavía que hay tutela en Venezuela? Ya es hora de despertar a la realidad, y rezar para que Trump y los republicanos salgan bien parados en noviembre…

Caracas, 26 de agosto de 2026

Blog: TIC’s & Derechos Humanos, https://ticsddhh.blogspot.com/

Email: luismanuel.aguana@gmail.com

Twitter:@laguana

viernes, 14 de agosto de 2026

Tecnología, Crisis y Refundación

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

Una de las cosas que me motivó a abrir este pequeño espacio en la red hace muchos años fue expresar ideas acerca del futuro de Venezuela en el marco de dos ejes fundamentales: la tecnología y los derechos humanos. De allí el nombre de este blog, TICs & Derechos Humanos (algunos todavía me preguntan qué significa eso de TICs, que no es otra cosa que Tecnologías de Información y Comunicaciones, confundiéndolo con “tips”, que significa otra cosa). En el transcurso del tiempo lo convertí en una trinchera de expresión de la lucha política que tenemos en Venezuela tratando de recuperar nuestras libertades, y que no se aleja mucho de esos dos ejes, que en el devenir del tiempo cada vez confluyen más.

La tecnología se ha vuelto progresivamente una parte del ser humano, y en el presente siglo veremos una fusión de uno en el otro, en especial con el advenimiento de la inteligencia artificial (IA), convirtiéndose esta herramienta en una extensión del ser humano, acercando irremediablemente la tecnología a lo político.

Inicio esta reflexión por allí al escuchar con mucha seriedad la entrevista que diera Elon Musk a Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, una de las revistas más importantes e influyentes en la economía mundial (ver entrevista completa Elon Musk en The Economist, 29 de julio de 2026, en https://youtu.be/XuoqKYxDHVc).

Es posible que alguno que la haya escuchado piense que Musk hablaba de cosas que bien pudieran tomarse como ideas de la “Guerra de las Galaxias” o alguna película futurista. Yo no lo creo así. Muchas, si no todas, las afirmaciones realizadas por Musk tocan a la humanidad completa, y tendrán de alguna manera influencia en lo que nos pase en Venezuela.

¿Y por qué afirmo esto? Porque el horizonte del que habla es de 5 a 10 años, considerado por el mismo Musk como el largo plazo. Veamos las primeras ideas del resumen de The Economist:

“La primera idea es que Musk considera inevitable la llegada de una inteligencia superior a la humana. Ya no habla de si ocurrirá, sino de cuándo. Su cálculo es que la IA podría superar toda la inteligencia humana combinada en aproximadamente cinco años y dominar la economía junto con los robots antes de 2036. La segunda es que esa transformación rompería las reglas económicas conocidas. En su escenario, el trabajo sería opcional, el ingreso alto universal reemplazaría parte de los salarios y una expansión gigantesca de la oferta convertiría a la deflación —no a la inflación— en el principal problema. Es una apuesta teórica enorme: supone que la producción crecerá más rápido que la creación de dinero y que la abundancia podrá distribuirse sin destruir el sistema político durante la transición” (ver El Economista, Elon Musk anticipó el fin del dinero y del trabajo: sus 100 frases más poderosas, 27 de julio de 2026, en https://eleconomista.com.ar/internacional/elon-musk-the-economist-100-frases-entrevista-inteligencia-artificial-n96966).

Es por eso que cuando veo esa discusión intrascendente de dos grupos completamente alejados de la representación popular venezolana, decidiendo nuestro futuro próximo, que por cierto estaría en el mismo horizonte del que habla Elon Musk, imagino cómo nos pueden estar viendo desde fuera: como dos tribus indígenas decidiendo los linderos de sus parcelas para no matarse entre sí, alejados de lo que en realidad estará sucediendo en el mundo en vuelta de 5 a 10 años, nada en comparación con nuestros casi 30 años de autodestrucción continua. Visto así, es verdaderamente patético.

¿Cómo podemos siquiera pensar en insertarnos en un mundo como el que predice Elon Musk si ni siquiera podemos gobernarnos solos? ¿Cómo es posible siquiera pensar en “elecciones” si cualquiera que se haga cargo del país encontrará la tierra arrasada que nos dejaron 30 años de destrucción, donde lo primero que tendría que hacer ese nuevo gobernante dentro de 2 o 3 años es figurarse cómo darle de comer a la gente y que no se muera de mengua, en un país sin los mínimos servicios sanitarios? ¡Y no tengo ni siquiera que probarlo! Ya lo están viviendo hoy mismo la gente del estado Vargas. Simplemente, el futuro nos alcanzó, como en la famosa película de Charlton Heston.

Estas dos tribus, que es como nos miran desde el exterior, deberán ser guiadas y encausadas por un regente para que retomen un mecanismo civilizado de vida y se puedan gobernar por sí mismas. Eso es un regreso a los tiempos del colonialismo imperial, donde los reinos existentes se hacían cargo de la ley en sus colonias. Y el “reino” cercano que nos ha tocado son los EEUU. Lo lamentable es que fuimos nosotros mismos los que provocamos ese atraso; nadie lo hizo por nosotros.

Cualquier decisión que se tome en esa supuesta “mesa de negociación” entre ambas tribus obligadas a sentarse a regañadientes atenderá una ruta previamente trazada por ese reino. Podemos disentir de ella, incluso hasta podemos intentar sabotearla. Pero, ¿es eso lo más conveniente para todos?

Sabemos muy bien la calaña de quienes se sentaron allí y están firmando acuerdos sin ninguna representación de los venezolanos. Incluso hasta podemos proponer vías de actuación más cercanas a esa representación ciudadana. Pero perdimos, precisamente por causa de quienes ahora son obligados por fuerzas externas a “negociar”, la capacidad real de poder cambiar el curso de los acontecimientos, por más gritos y amenazas a la desestabilización del país. Simplemente se desapareció esa capacidad por cansancio, amenazas, desangre, violencia, diáspora o simplemente hambre porque no se puede protestar con el estómago vacío y la tercera parte de la población fuera del país.

En este punto, lo que queda es el poder y la fuerza de quienes están diseñando una nueva ruta para regresar a Venezuela a la civilización occidental. Ya lo había comparado con intentar hacer parar de una cama a un enfermo en coma. Lo que le queda es confiar en el tratamiento que OTROS le pongan para su recuperación. 

Y esto no significa que nos rindamos para siempre. Lo que significa es que, por más que analicemos, propongamos e incluso podamos hacer en esta condición de minusvalía, debe estar dirigida, por más que nos resulte detestable, a la recuperación del cuerpo del país, dejando que los médicos hagan su trabajo.

Y es en este punto donde nos debemos preguntar adónde nos lleva el proceso de recuperación. ¿La idea es que cuando podamos caminar es para volver a las andadas de lo mismo que nos llevó a la cama y con los mismos delincuentes en roles principales? Al parecer es lo que están pidiendo a gritos: que cese el tutelaje de los EEUU para volver a lo mismo.

Esto es, elecciones presidenciales para darle al próximo presidente el poder máximo de ordenar la vida del país; elecciones legislativas para darle a un parlamento sin la representación igualitaria de los Estados en un Senado, donde los ciudadanos de Caracas tienen más derecho a los servicios que los de cualquier Estado del país por tener más personas y ser el asiento principal de los Poderes Públicos; elecciones de alcaldes y concejales de papel, que no tienen manera alguna de poder hacer absolutamente nada por los vecinos de sus municipios, porque sus finanzas no dependen de ellos. En otras palabras, regresar a un sistema de gobernanza absolutamente atrasado y fracasado, que originó en primer lugar la tragedia que nos consumió por casi 30 años.

¿No creen ustedes que lo primero que deberíamos hacer al levantarnos de esa cama, aparte de agradecerles a quienes nos cuidaron, es rehacer TODO el orden establecido y pensar que un nuevo gobierno no haría absolutamente nada bueno ni mejor si utiliza el mismo sistema para una nueva era del país? ¿No creen ustedes que el problema no es el chofer, sino el autobús que ya no funciona?

Es por eso que en un país completamente des-institucionalizado, que está funcionando a juro por la fuerza de un reino que está imponiendo un orden artificial en el medio de todo lo que nosotros destruimos, lo primero a realizar es construir un orden completamente nuevo, para luego de hacerlo, llamar a elecciones basadas en ese nuevo orden.

Creo que es preferible para los EEUU y para Venezuela toda, que en lugar de convocar elecciones generales o presidenciales como lo han dispuesto en su plan de 3 fases, después de reconstruido el sistema electoral mientras estamos en coma, que se convoque al país a una Asamblea Nacional Constituyente para rehacer adecuadamente todos los Poderes Públicos y los procedimientos que fueron improvisados por encima de la voluntad popular para poder salvar al país, construyendo un nuevo paradigma de desarrollo para Venezuela, para que el país pueda acoplarse a una nueva era acorde a un nuevo orden económico internacional, como el que plantea Elon Musk para el futuro de la humanidad. Ese es el sentido de lo que ahora llamamos REFUNDAR LA NACIÓN. 

Doy por descontado que, de no realizar correctamente la secuencia, esto es, hacer unas elecciones primero esperando que posteriormente un nuevo gobierno convoque al Constituyente para resolver el problema institucional del país, Venezuela seguirá siendo lo que es ahora, pero sin regente: tribus que seguirán destrozando el país sin remedio alguno. Nunca convocarán a la representación más genuina del pueblo para discutir su futuro por las mismas razones por las que nos autodestruimos. Y habremos desperdiciado la mejor oportunidad de enlazar nuestro vagón a un tren mundial que la humanidad no desperdiciará, y que no se va a detener por nosotros.

El mundo seguirá girando y nosotros seguiremos en nuestras insignificantes peleas tribales. Ojalá los venezolanos podamos entender lo que el futuro nos deparará a la vuelta de la esquina. The Economist lo resume al final de su análisis de la entrevista con Elon Musk:

Musk no se presenta como alguien que intenta decidir si la revolución tecnológica debe ocurrir. Se presenta como alguien que ya la considera inevitable y quiere influir en los valores, la infraestructura y las compañías que la conducirán. La gran pregunta no es solamente si sus fechas serán correctas. Es si las sociedades podrán atravesar ese "camino accidentado" sin quedar atrapadas entre la concentración de poder, la destrucción de empleos, la polarización política y una tecnología que, según el propio Musk, pronto será demasiado inteligente para que los humanos sigan al mando”.

Nuestra sociedad ya se encuentra “accidentada” y atrapada en la concentración de poder, en el medio de una destrucción de empleos y la polarización política. Lo que queda por decidir es si queremos o no encontrarnos en la misma página de lo que vendrá para la civilización occidental y lo que se definirá como desarrollo, donde la tecnología ya está jugando un papel estelar. No nos queda mucho tiempo para decidir estar dentro o fuera de ese camino…

Caracas, 14 de agosto de 2026

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