miércoles, 15 de junio de 2011

La responsabilidad social de los que saben

Por Luis Manuel Aguana

“Nosotros estamos frente a desafíos gigantescos. En primer lugar estamos frente a un mundo que se está complicando crecientemente, en donde la explosión de conocimientos es gigantesca; donde un país como Venezuela para lograr defenderse y hallar su camino y mantenerse con dignidad de independencia frente a los grandes centros de poder del mundo, va a necesitar de hombres muy capaces, de gente muy calificada en todos los terrenos y en todas las actividades, porque de otro modo vamos a estar en la peor de las dependencias.”
Arturo Uslar Pietri, 5 de Octubre de 1973, Discurso de Despedida de Senador


Una anécdota primero: hace muchos años asistí a una reunión de condominio en el edificio donde vivía. Acababa de mudarme con mi familia y había notado las quejas de mis nuevos vecinos acerca de la Junta de Condominio y quería constatar en persona de que se trataba. En efecto, la Junta se componía de personas mayores que tenían muchos años viviendo en el edificio y siempre acababan siendo los mismos debido a la consabida falta de participación; y aunque la queja acerca de la Junta y su ineficacia para resolver los problemas de la comunidad podía ser cierta, no menos cierto era que nadie deseaba ser el blanco de quejas y reclamos; y los únicos que de una u otra forma terminaban participando en la Junta de Condominio eran siempre las mismas personas. Y al pasar los años, permanecían todavía en la Junta de Condominio, en una suerte círculo vicioso de hastío, que cualquier iniciativa de un nuevo vecino chocaba con esa paz inmóvil de muchos años. ¿Les parece conocida esa situación?

Al insistir en nuevas propuestas encaminadas a cambiar las cosas, el Presidente del Condominio me dijo: “Lo que propone me parece bien pero ¿y porqué no se lanza como Presidente y lo hace usted mismo?” Algo así como el conocido refrán “mandando a cantar y teniendo buena voz” Y tenía razón. Me percaté que si quería que se hicieran las cosas como las proponía, debía estar en la disposición de participar y acometerlas yo mismo, con la ayuda de otros vecinos dispuestos a que la situación cambiara. Con el correr del tiempo me di cuenta también que muchas de las quejas que los vecinos tenían de la Junta anterior no se habían resuelto, no por alguna obscura intención malvada de mis viejos vecinos, sino debido a una sencilla falta de técnica administrativa, control financiero o simples negociaciones con la empresa Administradora del edificio. Un control básico del flujo de caja permitió la compra de los insumos necesarios para que siempre tuviéramos bombillos operativos y los materiales de limpieza necesarios para la higiene permanente del edificio. No resultaba tan complicado, pero requería de una atención permanente, de una hoja de cálculo afilada y de un tiempo que le quitaba a mi familia para dedicarlo a la comunidad. Las Juntas de Condominio posteriores tomaron la experiencia continuando y mejorando la administración.

De esta sencilla experiencia personal y luego de conocer mejor a mis viejos y estimados vecinos de la Junta anterior, saque como conclusión que las cosas no se hacían, no porque ellos no quisieran hacerlas-que si querían-, sino porque no estaban entrenados en ciertas normas y lineamientos básicos administrativos necesarios para una pulcra rendición de cuentas y presentación de resultados. Es decir, no sabían como realizarlas, habiendo hecho lo mejor posible con sus propias competencias, pero que fracasaban aun teniendo la mejor disposición y deseos de hacer las cosas bien; y lo peor es que todos se quejaban pero nadie movía un dedo para que las cosas cambiaran.

Esta anécdota me viene a la memoria al tratar de plantear una situación que pienso que será uno de los ejes principales sobre los cuales descansará una posible reconstrucción de este país luego de la pesadilla chavista. Si yo sabía como hacer las cosas, aun por simple que fueran, y no tengo la disposición para dedicar un tiempo de mi vida para vivir mejor en mi edificio, el estado de cosas, por lo menos, hubiera seguido igual y con el tiempo hubiese empeorado. Y yo continuaría quejándome porque otro no hacia las cosas bien para que mi familia viviera mejor. ¿Cuantas veces hemos visto esa situación? La participación no solo requiere de gente interesada en que se resuelvan los problemas, sino que se tengan también las competencias necesarias para enfrentarlos. Es decir, son dos los requisitos que hacen que una situación se resuelva: el deseo de hacerlo y saberlo hacer. No solo basta querer participar.

Y aquí la cuestión de fondo: si aquellos que saben como se resuelven los problemas no prestan su concurso técnico y esperan que otro sea el que los “resuelva”, vamos a hundirnos todos en el propio mar de la incompetencia, que es como aquel “mar de la felicidad” ya conocido pero peor. En otras palabras es necesaria la sensibilidad y la responsabilidad social de los que saben.

Pero esto es algo que debe nacer de las mismas personas. Haciendo un ejercicio de proyección mucho mayor podría atreverme a decir que esta situación puede notarse en los más variados campos, entre ellos el de la participación política. Resulta que le hemos dejado a los peores elementos, no solo a los menos capaces, sino a los más audaces, la conducción de nada menos y nada más que nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. ¿Que tal?

Por diversas razones, cuando me ha tocado ser testigo o participar en algún proceso donde la figuración publica esta de por medio, he notado que los que más se interesan en participar son precisamente aquellos que menos saben del tema; pero son los que prestan su concurso para dirigir, organizar y coordinar. En otras palabras, los más audaces. ¿Y porque? Porque estas personas participan siempre, aunque en muchos casos no sepan adonde se están metiendo. Y aquí no estoy queriendo desestimar la audacia como valor, sino que aquellos que tienen este motor básico que se necesita para la participación, en la mayoría de los casos notamos que esta audacia no viene necesariamente acompañada del segundo requisito: el conocimiento. Y es por eso que se estrellan las más importantes iniciativas. Son pocos los casos en que la audacia y el conocimiento van de la mano al ser aplicados a la cosa social y política.

En este momento Venezuela esta llena de atrevidos en puestos de muy alta responsabilidad que no saben absolutamente nada de lo que tienen entre manos. Esa es precisamente la impronta de esta “revolución” y una de las causas principales de este desastre destructivo. Lamentablemente los que saben, en su gran mayoría, no siguen al “proceso”. Y lo más grave es que quienes audazmente están allí no les importa un comino, porque precisamente si tuvieran una idea, o al menos alguna competencia y tuvieran vergüenza, dejarían inmediatamente esas posiciones de responsabilidad en manos más expertas. Pero eso no ocurrirá nunca, precisamente ¡porque son audaces, atrevidos y desvergonzados! ¡Miren solo el caso de la electricidad!

Si existiera la manera de que las personas con conocimiento fueran más atrevidas y audaces, y dieran un paso adelante, tal vez las cosas no nos hubieran ido tan mal en los últimos años. Pero esto tampoco pasa porque el conocimiento esta reñido conceptualmente con la autoridad, al menos en esta época. El gabinete de Juan Vicente Gómez era una colección de las mejores inteligencias de su tiempo. Habría que analizar porque se dio esa situación en aquel entonces. Pero sin embargo, aun dadas las condiciones autoritarias de ese gobierno, se organizó como nunca antes la Hacienda Pública Nacional, se pago la deuda externa y el país, aun siendo el hato personal de un caporal, tuvo las condiciones para entrar posteriormente en la primera modernidad. En la actualidad no se concibe que una mente iluminada por el conocimiento conviva con un gobierno autoritario. Y el mejor ejemplo de eso lo tenemos solo viendo el actual gabinete y quienes en general manejan la cosa pública. Mientras alguien mas sabe, es más autónomo y no responde a órdenes ni líneas. Responde a razonamientos y a trabajo en equipo. Eso es lo extraordinario de este tiempo y que se conjuga con la esencia del hacer democrático. Y eso es precisamente de lo que carece el actual gobierno encabezado por un capataz.

Necesitaremos para entrar en una nueva modernidad que los que saben estén dispuestos a prestar su concurso y su apoyo. Y lo más importante, que se les dé la oportunidad. Solo tenemos una idea superficial del estado de destrucción al que se ha sometido el país, en todas las áreas. Dios nos coja confesados cuando en realidad sepamos lo que se esconde por dentro. No hay hueso que no haya roto este gobierno. Necesitamos que se le entregue a los que saben cada área que ha sido destruida. Pero también necesitamos una concepción diferente del papel que de ahora en adelante deberá tener la política en relación a los que saben.

Cuando decimos, dejen a los que saben manejar las cosas no es porque eso este descontextualizado. Una cosa es saber pegar bien un clavo en una pared y otra muy diferente es saber donde pegarlo. El que sabe pega el clavo, el político determina donde hacerlo. Y no solo determina en qué parte de la pared, sino cuando, si esa debe ser la pared o si se debe o no pegar el clavo. ¡Tan importante es la política como el saber técnico y no la hemos estudiado y ejercido como se debe! No se le ha dado a los que saben tampoco la oportunidad de pegar el clavo, que es la técnica, y se ha perdido la orientación de donde pegarlo, que es la política. Ambas destrezas son indispensables para que esto marche. Pero si quienes sabemos como se pega el clavo no queremos hacerlo, porque eso es problema de otro, o porque eso es meterse en política, todos estaremos fregados. Y si aquellos a quienes les corresponde, no entienden que los clavos los pegan quienes saben hacerlo y tampoco conocen donde se deben pegar, allí no solo estaremos fregados, sino crucificados. Y así, aun saliendo de este gobierno, este país no se podrá reconstruir.

Ojala, cuando esta tragedia venezolana llegue a su fin y le estemos contando a nuestros nietos como una vez llegamos a un estado de locura colectiva y todo se destruyó, podamos agradecer a los que saben su concurso en la tarea titánica de haber reconstruido el país y que hayan dado un paso adelante, audaz y atrevido, por encima de lo que históricamente siempre han hecho. Y no lo digo solo para agradecer a los que saben pegar los clavos, sino también a los que deben, en estricta política, saber donde se deben pegar…

Caracas, 15 de Junio de 2011