miércoles, 29 de junio de 2022

Venezuela y la propuesta Constituyente de Colombia

Por Luis Manuel Aguana

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Uno de los aspectos más controversiales que nos llegaba a Venezuela de la pasada elección presidencial de Colombia fue la propuesta de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente ofrecida por el entonces candidato y actual Presidente Electo de Colombia, Gustavo Petro. Ciertamente, Petro ofreció una convocatoria Constituyente como primer acto después de su elección como Presidente, siendo candidato presidencial para las elecciones de 2018 en Colombia. Pero perdió las elecciones. La siguiente fue la posición de Petro, ante el tema Constituyente en el año 2017:

“…si yo soy Presidente de Colombia el primer acto el primer día es convocar un referendo con una sola pregunta: ¿Quiere Ud., si o no, convocar una Asamblea Nacional Constituyente en Colombia? Que si la mayoría dice sí, nos permite convocarla para hacer esta reforma. No es una Asamblea Nacional Constituyente como la del 91. No es reunida en el centro de Bogotá. Tiene que ser una Constituyente territorial, porque ese es el gran vacío de la Constitución de 1991, lo local, la democracia local, tiene que ser territorial, acotada. No es una reforma de todo. La Constitución del 91 tiene ventajas en muchísimos temas. ¿Acotada a qué? A estas reformas: la salud, la educación, la justicia, la nueva economía –podríamos hablar otro día de que significa esa nueva economía, me he metido en estos días a tratar de explicarlo que es salir del petróleo y entrar a la producción- y la política”…”Mientras sesiona la Constituyente el Congreso sigue pero no tiene función. Se suspende hasta que acabe las funciones de la Constituyente”…”Debe ser plural, no es al estilo Maduro, de uno solo, eso no tiene sentido. Es una Constituyente que sea la expresión de la sociedad colombiana…” (resaltado nuestro)(ver Semana TV, 17 de noviembre de 2017, Petro y su primera decisión como presidente sería convocar un referendo constituyente, en https://youtu.be/vYQLKXh6l9c, min 21:00).

Sin embargo, a pesar de haber declarado de esta manera en noviembre 2017, ya en diciembre de 2021 como candidato del Pacto Histórico, Petro cambia públicamente su posición en relación con el tema, en la campaña presidencial de 2022:

“P: Si Ud. gana la presidencia de la República, ¿habrá Constituyente o no? R: Nosotros hicimos la Constitución del 91. Las instituciones hoy de Colombia se originan en la Constituyente del 91 y nosotros fuimos la fuerza mayoritaria de la Asamblea Nacional Constituyente por voto popular. ¿Por qué íbamos a desbaratar lo que hicimos? La Constitución del 91 sirve para hacer los cambios económicos. La Constitución del 91 ordena que todo o toda colombiana tenga derechos fundamentales y los describe. Hoy no los tiene. Pero no es porque la Constitución no lo ordena es porque los gobiernos de un régimen corrupto, que no es constitucional, los han conculcado. Han hecho negocios con los derechos de los colombianos. Por tanto el cambio en Colombia se hace con la Constitución del 91. No necesita una Constituyente para hacer otra Constitución porque ya la tenemos. Y ese es el primer Pacto. Fue un Pacto hecho con Álvaro Gómez y las fuerzas conservadoras de ese entonces, y con los liberales de ese entonces, y fructificó. La Constitución del 91 es la demostración fehaciente de que un Pacto Histórico se puede hacer en Colombia” (resaltado nuestro) (ver Semana TV, Gustavo Petro y el Pacto Histórico debaten el camino a la Presidencia de Colombia, Elecciones 2022, en https://youtu.be/8tLtSubPoLc, min. 1:33:10).

Y no le faltó razón al Gustavo Petro actualizado de 2021, al decir que la Constitución colombiana no requiere de una Constituyente para hacer en ella las reformas políticas necesarias para mejorar la salud, educación, justicia y economía. Solo al leer la Constitución política de Colombia, actualizada con los actos legislativos hasta 2016 (ver en https://www.cijc.org/es/NuestrasConstituciones/COLOMBIA-Constitucion.pdf), estos aspectos están garantizados: salud (Art. 44, 49, 50, 64), educación (Art. 45, 64, 67, 68, 69, 70), justicia (Art.95, 116, 152, 156), economía (Art. 332-338).

Los colombianos se dieron en 1991 una Constitución moderna que puede ser reformada, como efectivamente lo ha sido en 51 oportunidades (información hasta septiembre 2019) por Actos legislativos del Congreso (ver Cuantas Constituciones ha tenido Colombia, ¿Cuántas modificaciones ha tenido la Constitución de 1991?, en https://www.senalcolombia.tv/cultura/constitucion-politica-colombia-historia).

Ahora bien, el temor a que Petro siga la franquicia chavista de modificar la Constitución para cambiar el modelo político colombiano, introduciendo una reelección indefinida o colocando el socialismo como ideología única en el país, no digo que sea imposible, pero le sería bien cuesta arriba dada la polarización de prácticamente la mitad del país luego de las elecciones, con un pueblo muchísimo más culto que el nuestro. Esto sin tener en cuenta que la Cámara de Representantes aprobó la eliminación de la figura de reelección presidencial de la Constitución Política del país durante el año 2015, en una de sus muchas modificaciones.

Petro dejó de ofrecer una constituyente por el rechazo del pueblo colombiano a esa posibilidad que venía planteando desde antes del año 2017 y que para esta elección desechó antes de su elección, el 19 de junio de 2022. La Constitución le permite a los ciudadanos “presentar proyectos de ley o de reforma constitucional” en un número “igual o superior al cinco por ciento del censo electoral existente en la fecha respectiva o el treinta por ciento de los concejales o diputados del país” (Artículo 155 Constitucional). Asimismo, “La Constitución Política podrá ser reformada por el Congreso, por una Asamblea Constituyente o por el pueblo mediante referendo” (Artículo 374 Constitucional). De manera que la opción de cambio estructural por la vía Constituyente siempre estará presente con la actual Constitución.

Pero lo importante del planteamiento Constituyente en Colombia tiene que ver con el propósito de los proponentes. Petro entendió que podría efectuar las reformas a su criterio necesarias, para abordar los problemas de salud, educación, justicia y economía. Ya tienen una Constitución que les permite abordar esos problemas, como lo dijo en diciembre de 2021. En Venezuela no tenemos esa Constitución. De hecho, la Constitución colombiana, a pesar de que posiblemente requiera esas reformas que Petro insiste en que son necesarias (salud, educación, justicia y economía) supera con creces la nuestra en descentralización y autonomía regional, sin contar con un mecanismo de distribución de recursos (Sistema General de Participaciones de los Departamentos, Distritos y Municipios, Art. 356 Constitucional), más avanzado que el simple Situado Constitucional porcentual que arrastramos desde el siglo pasado en Venezuela, y que ha servido para enriquecer a los ocupantes de Miraflores y a sus partidarios.

El salto cuántico que hicieron los colombianos con la Constitución de 1991 desde la anterior de 1886 del siglo antepasado, es lo que estamos buscando nosotros para Venezuela desde la Alianza Nacional Constituyente Originaria, ANCO. Esto es, romper con la centralización asfixiante, generando política y constitucionalmente las autonomías regionales dándole mayor poder a los Municipios y Estados, en ese orden, acercando el poder a los ciudadanos. Ya los colombianos han avanzado mucho más en eso que nosotros. Lean el artículo 287 de la actual Constitución de Colombia:

“Artículo 287. Las entidades territoriales gozan de autonomía para la gestión de sus intereses, y dentro de los límites de la Constitución y la ley. En tal virtud tendrán los siguientes derechos:

1. Gobernarse por autoridades propias.

2. Ejercer las competencias que les correspondan.

3. Administrar los recursos y establecer los tributos necesarios para el cumplimiento de sus funciones.

4. Participar en las rentas nacionales”.

Sin embargo, nuestra propuesta constitucional, reflejada en El Gran Cambio (ver El Gran Cambio, una propuesta para la Refundación de Venezuela, en https://ancoficial.blogspot.com/p/documentos-fundamentales.html) plantea algo más avanzado. Deseamos una autonomía municipal y estatal aun mayor, dejando al Estado Federal y al Presidente de la República una función de coordinación y representación, con un poder muchísimo menor del que ahora tiene, que sería repartido entre todos los Municipios y Estados, con un financiamiento descentralizado y aportante. Es por eso que los cambios Constitucionales que planteamos serían comparables a los que realizaron los colombianos al pasar de una Constitución militarista del siglo 19 (1886) a una de derechos civiles del siglo 20 (1991). Nosotros pasaríamos de una Constitución del siglo 20 de poder altamente centralizado (1999) a una de poder Municipal y Regional para el siglo 21. Esto incluiría, por ejemplo, cómo se plantearía el petróleo en una nueva economía, donde los Estados petroleros sean los que decidan el desarrollo de su industria localmente.

El tema Constituyente no es de ninguna manera simple. No se trata de plantearle al país un programa de gobierno como algunos políticos insisten en hacer creer, sino un cambio estructural de relaciones de poder entre los ciudadanos y el Estado, con todo lo que ello implica. Se trata de una renovación estructural de las instituciones y poderes públicos del país. Esto es, una REFUNDACION DE LA NACIÓN. No se trata de hacer una Constituyente para imponer una ideología o quedarse en el poder indefinidamente como lo plantea la franquicia que crearon Hugo Chávez y los agentes del Foro de Sao Paulo en 1999. Se trata del desarrollo de nuestros pueblos. Si tanto Colombia como Venezuela lo comprenden cabalmente, Colombia seguirá mejorando lo que ya avanzó constitucionalmente en 1991, y Venezuela dará el salto al desarrollo que nos merecemos como pueblo.

Caracas, 29 de Junio de 2022

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martes, 21 de junio de 2022

Elecciones en Colombia, una revancha social

Por Luis Manuel Aguana

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“Yo estoy demasiado cansado para trabajar sin brújula.Además, Su Excelencia sabe tan bien como yo que aquí no hará falta un presidente sino un domador de insurrecciones…”

El Mariscal Sucre al Libertador en Bogotá, a la solicitud de Bolívar de sucederle en la Presidencia de Colombia(*)

Creí, como todo el mundo, que los resultados de las elecciones en Colombia serían diferentes. Desde la primera medición, luego de la primera vuelta que daba al candidato Rodolfo Hernández el primer lugar en la intención de voto, con el 52, 3%, frente a Gustavo Petro al segundo lugar con 45,1% (ver La República, en  https://www.asuntoslegales.com.co/actualidad/rodolfo-hernandez-con-52-3-supera-en-intencion-de-voto-a-petro-que-marca-45-1-3375161), parecía que la sociedad colombiana tenía la oportunidad de reaccionar frente a la miseria socialista que se le presentaba, con la posibilidad de un triunfo de Gustavo Petro a la Presidencia de la República.

Pero con correr de los días, esa diferencia se fue acortando hasta llegar a un empate técnico estadístico entre el 3 y 7 de junio, con una nueva intención de voto que daba un solo punto porcentual de diferencia entre ambos candidatos (ver El Espectador ¡De voto finish! Empate técnico entre Rodolfo Hernández y Gustavo Petro, en https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2022/de-voto-finish-empate-tecnico-entre-rodolfo-hernandez-y-gustavo-petro/). Esta tendencia no prometía otra cosa sino empeorar para el candidato Hernández para la fecha de las elecciones, aunque algunos conservábamos la esperanza de que algo saliera al final de la conciencia colombiana, de no dejar que lo que todos tememos para el futuro de Colombia se hiciera realidad.

Pero eso no pasó. El pueblo colombiano se pronunció finalmente, dándole la victoria a Gustavo Petro con el 50,44% de los votos frente a un 47,3% de Rodolfo Hernández (ver Resultado de las elecciones Colombia 2022, en https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2022-06-20/resultados-elecciones-colombia-2022-siga-la-segunda-vuelta-en-vivo.html). Este resultado merece una mirada menos superficial de cómo todos estábamos abordando el proceso que vive Colombia, en especial desde la perspectiva venezolana, más allá de decir que los colombianos son estúpidos o suicidas. Algo pasó en Colombia que está impidió a los colombianos ver lo mismo que nosotros no vimos en 1998.

El proceso político venezolano a partir de 1958 estuvo signado por el abandono paulatino de la clase política a las necesidades más sentidas de la población, a pesar de gozar de los ingresos más importantes que jamás hayamos disfrutado los venezolanos, provocando en el camino un proceso degenerativo que condujo a la absoluta pérdida de credibilidad de los partidos y sus propuestas. De allí que en 1998, luego de haberle dado la última oportunidad a la clase política a través de una candidatura extra partido como lo fue la de Rafael Caldera y sus “chiripas”, finalmente los venezolanos decidieron transferirle el poder a un golpista, no votando a favor de él, sino en contra de lo que la mayoría de los venezolanos consideraron más de lo mismo de los partidos tradicionales.

Podría decirse que lo ocurrido en 1998 fue un error histórico monumental, pero ese era un sentimiento de revancha social profundamente arraigado que se manifestó como parte de un proceso político del país que de manera irremediable nos conduciría a un barranco. El sentimiento de rechazo a los partidos era tan generalizado, que por más que muchos consideráramos que entregarle el poder a un militar resentido y sin experiencia -como efectivamente lo era- y un error imposible de cuantificar, aun así los venezolanos terminamos como pueblo aprobándole una Constituyente que le cambió la institucionalidad al país a favor de un proyecto político personalista y autoritario. De allí que necesitemos revertir eso a la brevedad posible.

Aunque seamos sociedades hermanas nacidas de un tronco común, hemos tenido diferencias significativas que vienen desde mucho antes de nuestra separación político territorial de la Gran Colombia en 1830. Nuestro desarrollo político ha sido muy diferente, así como la perspectiva de nuestra dirigencia política ante los mismos problemas. Eso fue precisamente el motivo de nuestra separación.

Sin embargo, los colombianos acaban de demostrar que llegaron como nosotros al mismo barranco, siguiendo irremediablemente un proceso que los conduciría al rechazo de una dirigencia política incapaz de satisfacer sus aspiraciones. Decidieron, como nosotros en 1998, un cambio de rumbo radical, dando la espalda a la dirigencia política que ha conducido los destinos del país desde mayo de 1958. Siguieron un proceso indetenible, y a pesar de todas las advertencias escogieron a un guerrillero, como nosotros en su momento, a un golpista. En el neto no hay ninguna diferencia. ¿Y por qué ha sucedido este giro? Tal vez las siguientes cifras resumidas a la fecha puedan dar alguna explicación:

“El mayor ingreso no llega a todos. La pobreza afecta a gran parte de la población. Para 2021 el índice general de pobreza (por ingresos) fue de 39,3% (dentro del cual 12,2% correspondía a formas extremas). En el medio rural (11,7 millones de habitantes) era de 48,7%. Medida según las condiciones socioeconómicas (multidimensional) la pobreza afectaba a 16,0% (29,7% en 2010): en el área urbana a 11,5% (22,9% en 2010) y en los pequeños centros y el área rural a 31,1% (50,8% en 2010). Así, pues, 8,1 millones de personas se encuentran en esa condición. La tasa de desempleo es de 11,2% y la de subocupación 8,4%; pero la informalidad sobrepasa 40%. Esas cifras revelan una sociedad muy desigual y estructuralmente injusta, que no ofrece oportunidades para todos. Es más grave en el campo. La tierra está mal distribuida: 1% de los predios abarca 81% de la tierra (resaltado nuestro)(ver El Nacional, La dura marcha de Colombia, por Jesús Rondón Nucete, en https://www.elnacional.com/opinion/la-dura-marcha-de-colombia/).

Sin embargo, el PIB de Colombia creció 10,6% el año 2021, la mayor subida anual desde que hay registros (ver El País de España, en https://elpais.com/economia/2022-02-15/el-pib-de-colombia-crecio-106-en-2021-la-mayor-subida-anual-desde-que-hay-registros.html). ¿Les parece conocido? Algo semejante ocurría en la Venezuela del defenestramiento de Carlos Andrés Pérez, cuando a pesar de mostrar cifras importantes, los ciudadanos castigaron a la dirigencia política:“Poco importó que los indicadores macroeconómicos auguraran lo que algunos ya veían como un milagro: después de una contracción del -8,57% del PIB en 1989, en 1990 el crecimiento fue del 6,47% y en 1991 de un espectacular 9,73%.  Era un despegue. La inflación también se comenzó a controlar, y bajó al 40,6% en 1990 y al 34,20% en 1991. El fisco comenzó a tener superávit en 1990 y el volumen de las inversiones, por decirlo en términos muy amplios, se duplicó” (ver Prodavinci, CAP, el hombre que se inventó a sí mismo (IV), en https://prodavinci.com/cap-el-hombre-que-se-invento-a-si-mismo-iv-y-ultima-parte/).

En ambos casos un pueblo molesto, a pesar de las cifras positivas en la economía, la aplicación de esos resultados fue desastrosa. Estamos hablando de sociedades muy molestas, con su dirigencia política tradicional, y que en el caso colombiano, hasta la fecha, no ha cambiado su manera de resolverle los problemas a la población, al no aplicar la riqueza a sus más urgentes necesidades. La prueba más patente de ello, es que aquellos que intentaron con sus votos de parar la locura de la izquierda en el poder, se nuclearon alrededor de un empresario, y no un político tradicional debido a su desconfianza.

¿Irracionalmente molesta? Puede ser. Pero vemos que los pueblos cambian el destino de su historia como consecuencia de procesos políticos de muchos años, no de la noche a la mañana, no porque sean estúpidos o suicidas. La responsabilidad de lo sucedido el 6 de diciembre de 1998 en Venezuela no fue de Chávez, pero si lo que vino después. La responsabilidad de lo que sucedió el domingo 19 de junio en Colombia no fue de Petro, pero si lo que sucederá a partir de ahora. Lo que ocurrió allí semejó a intentar frenar el Titanic en el último momento, a pocos metros del iceberg.

¿Tiene Colombia los resortes institucionales lo suficientemente fuertes para evitar lo que ocurrió en Venezuela después de los cambios? Esto estará por verse y soy incorregiblemente optimista. Y la base de ese optimismo lo fundamenta el trabajo de Juan María Montalvo, ensayista y novelista ecuatoriano, quien desarticuló en un famoso ensayo titulado “Colegio, cuartel y convento. La Nueva Granada a un colegio, Venezuela a un cuartel, el Ecuador a un convento” lo que señaló un diputado del Congreso de Bogotá luego de la disolución de la Gran Colombia (ver Juan Montalvo, Las Catilinarias, El Cosmopolita-El Regenerador, No. 12, Quito, 26 de agosto de 1878, en https://tinyurl.com/yckm8n4v):

“No ha mucho un diputado sostuvo en el Congreso de Bogotá que, disuelta Colombia con la defección de Páez y de Flores, la Nueva Granada se había retirado a un colegio, Venezuela a un cuartel y el Ecuador a un convento. Y lo dijo el representante como uno que compulsa los méritos de los tres pueblos, y en un toque oratorio coloca a su patria sobre sus hermanas inferiores: inferiores, supuesto que colegio está por educación, cuartel por licencia y convento por ignorancia”.

En su defensa particular a los neogranadinos, Montalvo especialmente señaló:

“Los granadinos son pueblo lleno de inteligencia y valor, apasionados a las grandes cosas: no tienen sino un defecto, y es el no querer que nadie sea nada fuera de ellos.  Atenienses, espartanos, romanos, ellos: los otros, capadocios, beocios, trogloditas. Para ser instruidos, exigen que los vecinos sean ignorantes: valientes no pueden ser, si sus amigos no son cobardes; y por nada consentirían en que sus hermanos fuéramos civilizados, porque ellos correrían el peligro de ser bárbaros. Lo bueno, lo admirable sería ser superior entre grandes, excelso entre superiores; y no hay mérito ninguno en que la canalla que nos rodea, a fuerza de insignificancia, nos haga presumir algo de nosotros mismos” (resaltado nuestro).

Pues bien, como venezolanos, y más que amigos, hermanos del pueblo colombiano, no somos cobardes y así lo hemos demostrado frente a las vicisitudes de la tragedia que nos azota, por lo que deberán ser valientes frente a los que les viene. Y Venezuela lleva más de 20 años buscando la civilización en la libertad y la democracia, por lo que estoy seguro de que no correrán el peligro de la barbarie antes de que las consigamos. El movimiento internacional que dirige a Gustavo Petro, a fuerza de insignificancia, no podrá impedirnos a los colombianos y venezolanos, aunque hayan ganado una elección, ser superiores entre grandes y excelsos entre superiores…

Caracas, 21 de Junio de 2022

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(*) Gabriel García Márquez, El General en su Laberinto, Pág. 27, Editorial Oveja Negra, 1989, ISBN 958-06-0006-6, Bogotá Colombia.

jueves, 16 de junio de 2022

Un proyecto de transformación como oferta electoral

Por Luis Manuel Aguana

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He visto con mucho interés que ha surgido una precandidatura a las primarias opositoras que presenta como oferta electoral un “proyecto de transformación para Venezuela” (ver El Impulso, Cesar Pérez Vivas presenta proyecto de transformación para Venezuela, en https://www.elimpulso.com/2022/06/15/cesar-perez-vivas-presenta-proyecto-de-transformacion-de-venezuela-15jun/).

Dado que este “proyecto de transformación” que sostiene un precandidato como su plataforma electoral, plantea algunos de los cambios constitucionales que hemos considerado fundamentales para ser abordados a través de un proceso Constituyente de carácter Originario, considero muy importante abordar esta discusión, ya que podría prestarse a confusiones, si hacemos comparación con el planteamiento que la Alianza Nacional Constituyente Originaria, ANCO le está haciendo al país con el proyecto El Gran Cambio (ver El Gran Cambio, Una propuesta para la Refundación de Venezuela, en https://ancoficial.blogspot.com/p/documentos-fundamentales.html), en contraposición a la oferta electoralista del régimen y aquellos que creen que es posible un cambio significativo de la situación del país por la vía de la contienda electoral con unos delincuentes.

De acuerdo a la noticia publicada, el precandidato César Pérez Vivas plantea:

“Primero, reducir el período constitucional de seis años a cinco años.

Segundo,  establecimiento de la no reelección  absoluta del presidente de la República.

Tercero, consagración de la segunda vuelta para escoger al presidente  del país.

Cuarto, establecimiento del Congreso bicameral.

Quinto, establecimiento del Estado federal para que se pueda garantizar las competencias de los estados y municipios, de modo que éstos puedan contar con los recursos para que las autoridades puedan resolver las necesidades de las poblaciones y no estar dependiendo de un mandatario que está en Caracas y que no responde a sus obligaciones”.

No podríamos estar en desacuerdo con ese planteamiento. De hecho, como anteriormente mencioné, el planteamiento forma parte de la propuesta que ANCO le ha hecho al país para ser debatida por unos Constituyentes legítimamente electos de todas las regiones del país, en el seno de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria.

Lamentablemente, en la noticia publicada, el precandidato no aborda cómo propone llevar a cabo esos importantes cambios constitucionales en el marco de una situación de secuestro de todos los poderes públicos del Estado. Y aun en el caso de que ganara la candidatura y además la Presidencia de la República, con una oposición completamente entregada al régimen, faltaría conocer la manera en que el Presidente podría llevar a cabo tales promesas electorales con un Tribunal Supremo de Justicia completamente renovado y forrado de rojo, un Consejo Nacional Electoral convertido en una ruleta trampeada a favor del régimen y una Asamblea Nacional ilegítima.

Los cambios arriba propuestos no pueden ser aplicados sin la redefinición Constitucional del Pacto que nos hemos dado todos los venezolanos, a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Es decir, no pueden ser abordados con una Enmienda o una Reforma porque implican cambios importantes en la estructura y principios fundamentales de la Constitución, como lo establecen los Artículos 340 y 342 Constitucionales. En consecuencia, mal podrían formar parte de la promesa electoral de ningún candidato.

Si los cambios constitucionales mencionados son sacados fuera de un contexto, donde además deben redefinirse las funciones y atribuciones de todos los Poderes Públicos del Estado (Municipales, Estadales y Nacionales), su solo enunciado puede ser utilizado de una manera indebida como promesas electorales muy atractivas, pero imposibles de cumplir sin convocar al Poder Originario. No es suficiente con decir que hay que establecer un Estado Federal, hay que decir también como, y que funciones tendrían los Poderes Públicos del Estado dentro de una distribución político-territorial diferente, proponiendo una nueva. Eso forma parte del constructo que ANCO recomienda debatir en una Constituyente.

Si Venezuela no estuviera en la situación de secuestro por parte de un narco-régimen, esta propuesta electoral se parecería a la que hizo Hugo Chávez Frías al país en 1998, cuando el entonces candidato a la presidencia ofreció “Constituyente” para acabar con todos los males de Venezuela. Y los venezolanos se la compraron, no porque supieran lo que implicaba un proceso como ese, sino porque todos los partidos –incluyendo aquel donde militaba Pérez Vivas- habían perdido, como ahora, toda la credibilidad de los electores, y no votaron a favor de Chávez sino en contra de ellos. Ya no estamos en esa situación, por lo que ahora ofrecer cambios constitucionales descontextualizados de la situación política de Venezuela, podría interpretarse en el mejor de los casos como una oferta electoral engañosa a la población.

Los cambios estructurales a la Constitución no pueden ser parte de una consigna electoral. Y si en verdad se cree en ellos, deben ser planteados desde la perspectiva global de un cambio, un Gran Cambio, que hay que plantearle al país y a la Comunidad Internacional para solucionar estructuralmente el grave daño que el régimen le ha infligido a nuestras instituciones, y como el vehículo fundamental para Refundar la Nación entre TODOS los actores políticos del país, incluyendo al partido del régimen. Se trata de establecer con ello una propuesta de Refundación y Reconciliación de todos los factores. Y debe ser posicionada por encima de toda la diatriba política electorera a la que nos está llevando el régimen y los dirigentes políticos de una oposición que no ha entendido todavía la gravedad del problema en que nos encontramos.

Si toda la oposición política del país entendiera que el camino de la Refundación Constituyente, es la única oferta que se le puede plantear a un país donde todos los Poderes Públicos están secuestrados y distorsionados, la Comunidad Internacional, con los EEUU a la cabeza, no dudaría ni un segundo en apoyar ese proceso, realizando las presiones correspondientes al régimen de Nicolás Maduro Moros y su oposición política, para poder convocar al pueblo al margen de los poderes públicos venezolanos, con el arbitraje de un Tribunal Electoral Constituyente independiente, en el que todos los actores puedan confiar. El Constituyente electo desmontaría inmediatamente a los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano, completamente ilegítimos y corrompidos de Venezuela, restableciendo así el cauce constitucional de la República.

Como verán ustedes, hay una diferencia sustantiva entre la propuesta de ANCO y cualquier proyecto de transformación que se haga como una oferta electoral en el marco de una tiranía, utilizando de manera indebida los cambios que el país requiere para su Refundación. Los venezolanos debemos decidir nuestro destino sin confusiones, y con la conciencia muy clara del camino que debe transitar el país para el restablecimiento en paz de la democracia y la libertad.

Caracas, 16 de Junio de 2022

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lunes, 13 de junio de 2022

Un nuevo rumbo electoral para Venezuela

Por Luis Manuel Aguana

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La noticia que nos llega del exterior acerca de la demanda de SmartMatic al régimen (ver Empresa de voto electrónico reclama a Venezuela indemnización de USD 1500 millones, en https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20220608-empresa-de-voto-electr%C3%B3nico-reclama-a-venezuela-indemnizaci%C3%B3n-de-usd-1-500-millones), me recordó esas disputas que resolvían a tiros los jefes de las mafias en los EEUU en los años 30s. Primero eran socios y luego se convertían en enemigos por razones comerciales o pleitos territoriales de poder.

En buen venezolano, esa demanda es tan ridícula como el cachicamo que llama al morrocoy conchudo. Ambos son socios en la corrupción para robar algo de quienes perjudicaron. Por el lado del régimen, un poder político que no le corresponde, y por el lado de la empresa, los millones ofrecidos para eso.  A estas alturas, quien no concuerde que SmartMatic fue socia del régimen en todos los fraudes electorales que nos hicieron desde el año 2004, o es enchufado o es colaboracionista. Y eso incluye a los dos Rectores llamados opositores dentro del CNE. Esa disputa solo prueba lo que hemos denunciado por años: que el régimen nunca ha tenido el apoyo de las mayorías porque se ha robado todas las elecciones –incluido el Referendo Revocatorio de Hugo Chávez-, siendo ilegitimo desde el mismo comienzo.

Entonces, esta modesta nota no va dirigida –de nuevo- a convencer a nadie de la naturaleza del casino electoral que nos tienen montados para cada elección a la que se convoque a los venezolanos. No. Va dirigida a quienes todavía insisten en no ver el peligro que significa que no se haya desmontado ese casino, y en particular a quienes lo han defendido desde la oposición, lo que explica que la Comunidad Internacional siga insistiendo en que el problema venezolano se resuelve con unas elecciones presidenciales, que NO pueden ser libres, justas y verificables, sin un cambio radical de los Poderes Públicos en Venezuela, en especial el Poder Ejecutivo y el Poder Electoral.

¿Qué más tendríamos que explicarles a los países, si en esa demanda SmartMatic le está diciendo al mundo que el régimen emprendió una "campaña de persecución" contra esa compañía que incluyó "hostigamiento" y "amenazas" contra empleados para "forzar a Smartmatic a avalar y certificar resultados electorales falsos y volúmenes de participación inexactos"? En lo particular, no creo que tuvo que “hostigar” ni “amenazar”, porque estaban coludidos para delinquir, al difundir resultados falsos a los venezolanos en más de un millón de votos a favor del régimen. Si no fueran culpables, hubieran hecho esa denuncia públicamente desde el mismo 2017. ¿Por qué tuvo SmartMatic que esperar más de 4 años que el régimen contratara a otra empresa y los expropiara, sin compensación, para hacer esa demanda ante el Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR)? Esas son las diferencias que distinguen a los cómplices de un delito…

¿Y cómo se puede cambiar ese casino electoral sin cambiar el Poder Ejecutivo? Esa pregunta se la tendríamos que hacer a quienes desde la oposición insisten en buscar en primarias a un candidato opositor para nuclear las esperanzas de quienes aún quedamos en el país, para medirse con ese árbitro que fue capaz de coludirse con SmartMatic para hacerle fraude a los venezolanos. ¿Y cuál podría ser el resultado de eso? Otra decepción más, y la continuación infinita de unos delincuentes en el poder, con la diferencia que con esa nueva elección en el 2024, esta vez bendecida por la Comunidad Internacional, se legitimarían por obra y gracia de ese sistema de trampas del CNE quienes hoy son catalogados como ilegítimos.

Es por esa y no otra razón, que desde ANCO solicitamos a esa misma Comunidad Internacional que quiere elecciones, y en especial a los EEUU, que ayuden a Venezuela a establecer un Tribunal Electoral ad-hoc para la convocatoria y elección de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria que restablezca todos los Poderes Públicos, comenzando por el Poder Ejecutivo, para Refundar a la Nación. Y en ese proceso de restablecimiento, reorganice al Poder Electoral para el llamado a unas verdaderas elecciones libres, justas y verificables, haciendo lo propio con Poder Judicial, actual poseedor de un Tribunal Supremo de Justicia que ya tiene 12 años adicionales de patente de corso para seguir permitiendo los crímenes de Lesa Humanidad de Nicolás Maduro Moros y sus cómplices.

Es claro que el régimen no estará de acuerdo con ese planteamiento y mucho menos la oposición oficial, quienes aún esperan seguir en el juego electoral perverso con el régimen a costillas de los venezolanos. Sin embargo, tenemos sobradas razones para creer que los EEUU, a la cabeza de esa Comunidad Internacional de países que han respaldado la menguada Presidencia Encargada de Juan Guaidó, podrían cambiar su política en relación con el problema venezolano, habida cuenta que saben que lo único que sostiene a esa oposición son precisamente las alocuciones semanales de sus portavoces, y últimamente del mismo Presidente Joe Biden. Saben de sobra que son el sostén de la oposición política venezolana.

De entender el gobierno norteamericano a cabalidad la propuesta Constituyente planteada por ANCO e importantes personalidades de Venezuela, y en especial de la Iglesia Católica, el curso “electoral” de Venezuela sería completamente diferente. Se obligaría al régimen, a través del mecanismo de sanciones, no a ir a unas “elecciones” con Maduro en Miraflores, sino a un proceso neutral con un árbitro electoral que no esté en manos de quienes con su nueva SmartMatic detentan de manera ilegítima el poder, generando así la suficiente confianza de los venezolanos para concurrir a un proceso cuyos resultados no los dictarán unas máquinas que fueron manipuladas previamente por un Poder Electoral corrupto, como se acaba de evidenciar a través de esa demanda de arbitraje de inversiones.

Creemos que ya es hora de comenzar un nuevo proceso de negociaciones, esta vez dirigido a plantearle al mundo, no unas elecciones presidenciales simples, sino la convocatoria del pueblo a un proceso Constituyente de carácter Originario, con un árbitro independiente de los Poderes Públicos secuestrados e ilegítimos de Maduro, para restablecer el orden Constitucional en Venezuela. Esa sería la verdadera ayuda al pueblo venezolano que tanto ha insistido la Comunidad Internacional, y especialmente los EEUU, y no la ayuda a los sectores políticos que, en el neto, han resultado en su mayoría cómplices de un innecesario alargamiento del sufrimiento de la población. No es tarde para rectificar cuando sabemos quién está detrás de una oposición hueca y son los que tienen la capacidad para definir un nuevo rumbo electoral para Venezuela.

Caracas, 13 de Junio de 2022

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miércoles, 8 de junio de 2022

ANCO: el reto de la Federación

Por Luis Manuel Aguana

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“Pueblo Soberano, oye la voz de tus mandatarios, el proyecto del contrato social que ellos te ofrecen, fue sugerido solo por el deseo de tu felicidad: tu solo debes sancionarlo; colócate antes entre lo pasado y lo futuro; consulta tu interés y tu gloria, y la patria quedará salvada”

Juan Toro, Presidente

Francisco Isnardi, Secretario

Último párrafo de la alocución final del Constituyente de 1811

En el año 2017, pocos días luego de los anuncios del poder ejecutivo ilegítimo que despacha en Miraflores convocando a una Constituyente, fui a Barcelona a explicar a nuestros seguidores de las Juntas Activadoras del Poder Constituyente Originario, JAPCOs, del Estado Anzoátegui, en nombre del Directorio de ANCO, el fraude constitucional en el que estaba incurriendo Nicolás Maduro Moros al convocar al país a una Constituyente sin consultarle al pueblo venezolano. Nadie, solamente el pueblo, tiene esa prerrogativa (ver Constituyente Originaria versus fraude constitucional, en https://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/constituyente-originaria-versus-fraude.html).

Los acontecimientos políticos que han sucedido en Venezuela desde ese año 2017, no solo han reafirmado la necesidad de convocar al poder originario, sino que lo han hecho un imperativo de supervivencia, reafirmando la importancia de que la población de cada Estado del país comprenda a cabalidad el alcance de nuestra propuesta, que se configura como la única alternativa seria de recomposición y rescate del país ante la andanada electoralista del régimen y su oposición, de alargar el sufrimiento de los venezolanos hasta el 2024 y siguientes.

El solo hecho de que se piense que existirán en Venezuela unas elecciones libres, justas y verificables con el régimen en el poder, da mucho que decir de quienes desde la oposición todavía invitan al pueblo venezolano a continuar la infinita charada electoral y esperar cambios significativos en el comportamiento de quienes en la práctica han demostrado ser unos delincuentes. Por lo que se hace urgente explicarles a los ciudadanos, a todos los niveles, que existe una manera clara y diáfana que se puede aplicar de manera inmediata para remediar el grave desequilibrio político del país.

Pero, más allá del obvio potencial peligro que significa dejar que la tiranía se eternice en el poder, al volver a utilizar su cada vez más refinado casino electoral, la propuesta de ANCO se debe entender como un cambio, un Gran Cambio que se debe operar en los poderes públicos para que la República restituya el curso institucional y constitucional dislocado por el régimen.

No es suficiente una elección del Poder Ejecutivo para resolver el grave estado de las instituciones. Desde ahora mismo tenemos un Poder Judicial con Magistrados ilegítimos, que durarán 12 años en sus funciones, que no solo son ilegítimos al ser designados por una Asamblea Nacional sin reconocimiento nacional e internacional, sino por no cumplir los requisitos mínimos constitucionales para serlo. La convocatoria al Poder Constituyente Originario daría una respuesta inmediata a ese problema, restableciendo el orden constitucional.

Pero lo anterior solo es parte del aquí y el ahora del problema político venezolano, como lo es el régimen fatídico que hoy azota al país. Un proceso constituyente no solamente debe abordar esa materia, sino la visión global y de conjunto del país que hay que refundar para las próximas generaciones. Una solución para Venezuela no solo debe abordar la crisis inmediata, sino las propuestas que impidan que la tragedia se vuelva a repetir.

El planteamiento fundamental del proyecto que ANCO presenta a la Nación tiene su base en el establecimiento de la autonomía política, fiscal, administrativa, financiera, educativa y judicial de cada una de las entidades federales, para desmontar un Estado centralizado que ha demostrado su ineficiencia en la administración de lo que le pertenece a todos los venezolanos.

Esa es la esencia de El Gran Cambio, que propone un nuevo conjunto de atribuciones y nueva distribución de responsabilidades a la pirámide del Estado en sus tres niveles clásicos (nivel Municipal, Estadal y Federal), con una reforma sustancial de la distribución político-territorial de Venezuela, acorde con las actuales circunstancias y necesidades de la población. Y eso no se puede realizar sin una reingeniería de la Constitución discutida en un proceso Constituyente (ver El Gran Cambio, una propuesta para la Refundación de Venezuela, en https://ancoficial.blogspot.com/p/documentos-fundamentales.html).

Lo anterior implica que cada entidad federal debe desde ahora mismo echar una mirada hacia adentro y examinar todas sus potencialidades, presentando a sus ciudadanos su propio proyecto institucional local, que los inspire a ver en quienes pueden convertirse de acuerdo a lo que tienen y pueden desarrollar, si se aplicara un cambio fundamental en la Constitución como el que presenta el proyecto de ANCO, El Gran Cambio, para la vida del país. Al ser autónomos, los Estados convocarían y discutirían su propia Constituyente Estadal para producir una nueva Constitución para su Estado, que les daría el marco de actuación a los Poderes Públicos, estadales y municipales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), estableciendo su propio modelo de desarrollo.

¿Y cuál es el objetivo final de toda esta nueva estructuración? Establecer el mecanismo constitucional federal y estadal para acercar las potestades del poder público a los ciudadanos, invirtiendo la pirámide de poder, dándole el mayor peso y recursos a los municipios, para que sean ellos los que decidan con ese poder desarrollar la máxima calidad de vida que puedan para los ciudadanos en cada localidad de Venezuela.

Una vez que cada uno de los equipos de ANCO en los Estados presenten a sus ciudadanos esos proyectos estadales, deberá comenzar la discusión del Pacto Federal entre todos los Estados, y que definirá los lineamientos y alcances de las atribuciones de un nuevo Estado Federal. Ese es el reto de la Federación que asumimos desde ANCO para regresarle el poder que se dieron una vez las provincias de Venezuela y que ha sido y sigue secuestrado por más de dos siglos de centralismo político asfixiante.

Darle un vuelco de 180 grados a la manera en que se ha administrado el poder en Venezuela desde hace más de 2 siglos, para retomar el espíritu de las provincias cuyos representantes se reunieron en Caracas para ensamblar una Constitución, basada precisamente en una Federación de provincias autónomas, será todo un reto para los venezolanos del siglo 21. Ese es el reto que ANCO asume en los Estados para construir una nueva Federación.

La idea fundamental que nos mueve es Refundar la República bajo estos preceptos, esperando que los genuinos representantes de cada Estado discutan y firmen en una Constituyente ese nuevo Pacto Federal a favor de todos los venezolanos, como una vez lo hicieron los representantes de Margarita, Mérida, Cumaná, Barinas, Barcelona, Trujillo y Caracas, las 7 Provincias que firmaron la Constitución Federal para los Estados de Venezuela en 1811. Estoy seguro de que ya están entre nosotros los nuevos, Juan Toro, Francisco de Miranda, Juan Germán Roscio, Lino de Clemente, Martín Tovar, Francisco Isnardi, entre otros constituyentes firmantes de 1811, dispuestos a hacer realidad El Gran Cambio para Venezuela. Tenemos la grave responsabilidad de convocar a todos los Estados para que refunden la Nación entre todos…

Caracas, 8 de Junio de 2022

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jueves, 2 de junio de 2022

Elecciones de Colombia, lecciones para Venezuela

Por Luis Manuel Aguana

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Es increíble que todavía la gente se asombre por el fenómeno electoral que está sucediendo en Colombia. Pero más increíble aún es que el mundo político todavía crea que alguien pueda ganar elecciones sin entender el fenómeno tecnológico, social y humano que ya existe detrás de las comunicaciones instantáneas producidas por las redes sociales.

Todavía la gente se pregunta porque un “viejito” a través de la aplicación Tik-Tok(*) le llegó a más gente en Colombia, que en mil giras montado en una tarima, gritando las mismas consignas huecas del pasado. Le llegó a muchos a través de los nuevos medios, en un país, que como otros latinoamericanos, tiene la clase política más que vencida y en dirección a la extinción. Suena exagerado, pero es así. Ya en Venezuela estamos viviendo el fenómeno, solo que sin sistema democrático y sin líderes opositores que le digan algo al país. Cuando se abra la compuerta de la libertad, esa realidad se hará más que patente en Venezuela.

¿Quién iba a pensar que un empresario, ubicado en tercer lugar en las encuestas, le estuviera disputando -ahora en el primer lugar- la Presidencia de Colombia, a un político profesional respaldado al mil por ciento por la izquierda internacional? Y en especial un candidato que no se molestó en recorrer al país, haciendo su campaña y enviando su mensaje de triunfo desde un teléfono celular en la cocina su casa.

En el pasado he tocado este tema con alguna profundidad acerca del fenómeno tecnológico en el campo político, por lo que solo les recomendaré a quien desee ir un poco más allá, leer las referencias más importantes (2012, La Conciencia de tras de las redes sociales, en https://ticsddhh.blogspot.com/2012/04/la-conciencia-detras-de-redes-sociales.html; 2014, Guerreros del teclado, en https://ticsddhh.blogspot.com/2014/04/guerreros-del-teclado.html; 2015, La política ya no es de los políticos, en https://ticsddhh.blogspot.com/2015/06/la-politica-ya-no-es-de-los-politicos.html). Sin embargo, deseo recalcar lo que ya demostró Colombia: cualquier candidato del viejo estatus político puede ser derrotado por quien sea, en tanto y en cuanto exista un sistema electoral en el que la población pueda confiar.

Pero para eso eran necesarias unas condiciones preexistentes para que este fenómeno se pudiera dar. Una segunda vuelta en Colombia era necesaria para garantizar que el candidato chavista colombiano no se alzara con el triunfo de una vez. Y eso se lo deben los colombianos a la Constitución política producto de la Asamblea Constituyente de 1991: “Si ningún candidato obtiene dicha mayoría, se celebrará una nueva votación que tendrá lugar tres semanas más tarde, en la que sólo participarán los dos candidatos que hubieren obtenido las más altas votaciones. Será declarado presidente quien obtenga el mayor número de voto”, de acuerdo al Artículo 190 de la Constitución de 1991 (ver Artículo 190 de la Constitución de Colombia, en https://www.constitucioncolombia.com/titulo-7/capitulo-1/articulo-190).

En otras palabras, no solo el fenómeno tecnológico tuvo que ver con lo que sucede en el hermano país, sino que la mayoría de ciudadanos, que sumados todos de las distintas tendencias resultaban más que la preferencia de la minoría mayor, debía imponerse al final. Eso es democracia por la calle del medio. Sin el sistema constitucional adecuado, Colombia no estuviera al borde sino ya cayendo al despeñadero socialista venezolano.

De acuerdo una medición actualizada, publicada por el portal colombiano La República, con corte al 31 de mayo de 2022, ya el candidato Rodolfo Hernández se ubica en el primer lugar en la intención de voto, con el 52, 3%, con Gustavo Petro al segundo lugar con 45,1% (ver La República, en  https://www.asuntoslegales.com.co/actualidad/rodolfo-hernandez-con-52-3-supera-en-intencion-de-voto-a-petro-que-marca-45-1-3375161). Esto nos da a los latinoamericanos un respiro de que un pueblo puede ser consciente, en su mayoría, de la desgracia que puede ocurrirle si elige mal a sus gobernantes.

La clase política tradicional colombiana, toda reunida en la candidatura de Federico Gutiérrez, languideció con un 23,91% en el resultado final de la primera vuelta (ver El Comercio, Resultados de las elecciones presidenciales en Colombia 2022, en https://tinyurl.com/yrm43b7w). Esos resultados nos dicen muchísimo acerca de la necesidad de un cambio urgente en el discurso y las actuaciones de los políticos tradicionales latinoamericanos y sus maneras de abordar los problemas de la población. La sinceridad y comprobada honestidad de aquellos que pretenden ejercer el poder está siendo severamente cuestionada por parte de los pueblos. Esto no es un fenómeno que sucede solo en Colombia. De allí que a Rodolfo Hernández lo estén llamando el “Trump colombiano”, o alguien que rompe los paradigmas de una clase política en decadencia.

Un individuo proveniente de la sociedad civil, empresario exitoso, hace incursión en la política, entre otras razones, por haber sido víctima de los males que deben corregir los políticos como su responsabilidad primaria, haciendo de la corrupción política el eje principal de su campaña electoral. Esto no es nada extraño en todos los países, por lo que seguiremos viendo este fenómeno, que pronto se convertirá en costumbre en nuestro continente.

Venezuela y sus políticos tienen algunas lecciones que aprender de este proceso de Colombia. Lo primero es que no era posible que Colombia tenga una posibilidad cierta de rescate ante el embate comunista del exterior y sus asociados de la guerrilla del interior, sin que existiera una institucionalidad fuerte. Esa institucionalidad fuerte se la dieron los colombianos en una Asamblea Nacional Constituyente en 1991. Sin una segunda vuelta, los colombianos tuvieran ahora mismo a un terrorista como Presidente, y a una región profundizando su desestabilización de manera irremediable.

En segundo lugar, la ausencia de una oposición oficial creíble, demostrada en la reciente encuesta de Meganálisis, que indica que el 77,3% de los venezolanos “cree que los partidos políticos de oposición y sus líderes están vendidos al gobierno, y trabajan para el chavismo”  (ver Meganálisis, Informe Público (Parte I), Resultados divulgables (información parcial), abril 2022, https://twitter.com/Meganalisis/status/1529665491731730434), hace que de no existir el régimen que usurpa el poder en Venezuela, debería imponerse de largo electoralmente un candidato no alineado con la claque partidista como Rodolfo Hernández.

Sin embargo, todavía el usurpador está en Miraflores, pero eso no elimina de ninguna manera el fenómeno, lo profundiza. Es por eso que el caso del “Trump colombiano” igualmente se repetirá en Venezuela, cuando existan las condiciones para eso, y con más intensidad, en virtud de que aquí esa clase política venezolana si colaboró, y todavía colabora, activamente con el régimen como lo cree la población. En Colombia, al menos, salvo quizás contadas, pero muy pesadas excepciones, la clase política no ha colaborado para que la izquierda comunista llegue al poder, y aun así Hernández pasa a la segunda vuelta con altísimas probabilidades de alcanzar la Presidencia de Colombia.

Y finalmente, en tercer lugar, los políticos tradicionales deben aprender de este proceso colombiano que ya no se puede seguir engañando más a una población informada. Ya no se valen los discursos en tarima para saber quien grita mejor o más duro en contra de la tragedia de la cual fueron autores o catalizadores de excepción. Pretender seguir engañando a los venezolanos con unas elecciones con el régimen, ya dejo de ser una estupidez para convertirse en un crimen. Los pueblos buscan y encuentran su camino. En Venezuela encontraremos el nuestro para sacarnos de encima a esta tiranía, y en el camino también caerán quienes la sostuvieron desde la oposición. Y en ese momento saldrá quien mejor encarne, como en Colombia, la mejor solución para un mañana incierto, después que hayamos resuelto la Refundación del país. Hacia allá nos dirigimos…

Caracas, 2 de Junio de 2022

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(*) Fe de errata: En la publicación original se incluyo el nombre Tic - Toc de la aplicación referida, cuando debía indicar Tik - Tok como es el nombre correcto