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sábado, 30 de agosto de 2014

Despedida de Juan Bimba para los que emigran



Por Luis Manuel Aguana

La crónica del homenaje realizado a Andrés Eloy Blanco con motivo de su partida circunstancial de Venezuela en 1936, pudiera ser una reflexión para aquellos venezolanos que han decidido emigrar de nuestro país. Deseo dejar sentado que no hago de ningún juicio acerca la decisión que están tomando cada vez más venezolanos de buscar nuevos horizontes para ellos y para sus familias por el profundo estado de deterioro de nuestra Patria, pero eso no es la primera vez que ocurre en nuestra historia.

Sería interesante pasearse por el texto completo de la crónica del homenaje al poeta de Venezuela realizado por el semanario Fantoches en su edición del 14 de Agosto de 1936 (ver Homenaje a Andrés Eloy Blanco en http://ticsddhh.blogspot.com/2014/08/homenaje-andres-eloy-blanco.html) no solo para regalarnos un pedacito de la historia de nuestro país, sino para reflexionar, a la luz de la creciente emigración de nuestra gente, como se tomó la Venezuela pensante de ese entonces la partida de un personaje de la talla del poeta.

En efecto, “a la muerte de Juan Vicente Gómez, Blanco fue nombrado por el presidente Eleazar López Contreras jefe del Servicio de Gabinete en el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, su postura fuertemente crítica frente a la represión de las manifestaciones del 14 de febrero de 1936 y su pertenencia a la Organización Revolucionaria Venezolana llevan a la decisión de apartarlo de la política local” (ver Andrés Eloy Blanco en http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Eloy_Blanco).

Al decir de la crónica de Fantoches el acto organizado por ORVE (Organización Revolucionaria Venezolana), partido en el que militaba Andrés Eloy para ese entonces, fue un homenaje de mucha significación, al punto de realizarlo en el Teatro Municipal a casa llena, con oradores de la talla de Miguel Otero Silva, Antonio Arráiz e Inocente Carreño y el acompañamiento musical de Pedro Antonio Ríos Reyna y Evencio Castellanos. De acuerdo a ese homenaje difícilmente pensaríamos que el ilustre venezolano regresaría, al menos en bastante tiempo, aunque la crónica esperaba lo contrario.

Andrés Eloy había popularizado al personaje de Juan Bimba, oriundo de la tradición de su tierra, Cumaná, como el prototipo de hombre humilde del pueblo venezolano en diversas composiciones y en forma humorística desde la revista Fantoches, en la década de 1930.” (ver Juan Bimba en http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Bimba). Juan Bimba es de su hechura intelectual, la caracterización más elaborada del venezolano de a pié, sufridor de todas las desgracias de sus gobiernos. ¿Cómo era posible que él, su “taita”, como bien le dice, lo deje?

Imagino la emoción del momento: Juan Bimba se despide en los versos de Leoncio Martínez (ver Despedida de Juan Bimba a Andrés Eloy Blanco por Leoncio Martínez en http://ticsddhh.blogspot.com/2014/08/homenaje-andres-eloy-blanco.html), que expresan claramente el significado de esa partida, que bien podría extenderse para todo aquel que abandone nuestra tierra. Juan se expresa en los matices que aún perduran en nuestro país: soy el pueblo que está allí, del que se han aprovechado, y que aún siendo solo esclavo, conseguí la libertad para toda Venezuela:

Guardan las minas de Aroa / huellas de mi ley esclava, / de Guayana en la socava / llené de oro la canoa, / Sin más temor que la proa / remé cantando mis cuitas; / luego, en jornadas benditas, / vino el desquite con creces / y cargué catorce veces / con mi lanza en Mucuritas.

Juan Bimba le recuerda a Andrés Eloy que él no sufrió solo, lo acompañó en los calabozos del régimen y que al final del camino aún habiendo derramado el sudor de su trabajo y su sangre continúa al pié de la lucha:

Juntos vamos en el gozo / como en dolor juntos fuimos; / uno y otro conocimos / los grillos y el calabozo. / La carne supo el destrozo / del látigo y no mi fé; / con sangre y sudor regué / carreteras al cretino, / pero, al cabo del camino, / Juan Bimba estaba de pié.

También le resalta que lo acompañó con el corazón tras sus éxitos fuera, recordándonos a todos que Venezuela es tierra de laureles que florecen, pero fuera de nuestro país. Sólo que él sí regresó en ese entonces, y aún estando el país en ruinas, alzó su voz de ilusión, encausando la razón, desde un afanoso encierro:

También anduve con él / cuando su triunfo de España; / aquí sembraron la hazaña / y allá floreció el laurel. / A la Patria vino, fiel; / La Patria estaba en la escoria, / Alzó su voz ilusoria / y, en el fatídico encierro, / acuñó en barras de hierro / el oro real de victoria.

Pero lo más hermoso viene al final: libres de nuevo, ambos, despiertan con el sueño de una Patria verdadera, libre, hermosa y altanera, en los cuatro costados del país, coloreada por el tricolor de su bandera. Esos sueños estaban muertos pero resurgen de nuevo:

Otra vez, libres y juntos, / Juan Bimba y su taita están; / un esplendoroso afán / anima sueños difuntos / Despierta en los cuatro puntos / una Patria verdadera, / linda, sin mancha, altanera; / nuestro cielo se colora / con triple fulgor de aurora: / el iris de una bandera.

Pero Juan Bimba expresa que esperará, y él seguirá siendo el mismo de siempre:

…Porque sé que volverás / Y otra vez me encontrarás, / con mi cuatro y mi marimba, / con mi chamarra y mi tumba, / con mi caballo y mi Juana, / porque, ayer, hoy y / mañana, / yo soy el mismo Juan Bimba.

Y promete que crecerá como pueblo para ser mucho mejor de lo que ha sido. Quiere ser ese “palo de hombre”, pero mucho mejor, como cualquier padre espera de su hijo:

A orgullo tengo y honor / el que tú me dieras nombre; / quiero ser “un palo de hombre” / mucho mejor que el mejor. / Tengo conciencia y valor / y, dejando la herramienta, / cuando al regreso te sienta, / con júbilo de aleluya / le pondré una copla tuya / a mi guitarra contenta.

El pueblo se queda aquí, no se va. Lucha y muere. Eso es lo que en esencia le dice el pueblo, representado en ese Juan Bimba que siempre le ha tocado sufrir, al que se va. Pero más aún, que lo quiere y que esperará con júbilo su regreso, en la manifestación más hermosa de una verdadera lección para quien se va, dada por un pueblo que todavía desde hace muchísimos años tiene la esperanza que los más ilustrados lo rediman y acompañen. De nuevo, Juan Bimba se despide de los hijos de una Patria hermosa. Al igual que el cronista decimos: nosotros sabemos que tú te vas…..pero no te vas. Y si Andrés Eloy Blanco no decepcionó antes a Juan Bimba, tampoco nosotros lo haremos  ahora…

Caracas, 30 de Agosto de 2014

Twitter:@laguana

Homenaje a Andrés Eloy Blanco


Semanario Fantoches, No 549, Sábado 14 de Agosto de 1936

El homenaje de despedida preparado por Orve en honor de uno de sus más valiosos miembros, el poeta Andrés Eloy Blanco, en la oportunidad de su próximo viaje, fue un completo éxito. La sala del Municipal estaba plena. Plena de ese público capitalino que sabe apreciar el arte en sus distintos aspectos, y lo mismo captar la idea cruda en el corazón del verso de Miguel Otero Silva o Antonio Arráiz, que tiene dureza de piedra, dureza de realidad, de problema social latente, que la novísima poesía de Andrés Eloy, su poesía colombista que destila humanidad, amor, de la entraña ayer y hoy sufrida, pero mañana plena de ansia creadora, poesía nueva que se adelanta al dolor y al sufrimiento presente, para hacer alto en el año 2000 y decirle a Juan Bimba lo que hallará al final de su lucha: el Hombre humano; público, cuyos apasionados pero conscientes aplausos premiaron con justicia las interpretaciones musicales de Ríos Reyna y Evencio Castellanos, así como la disertación del doctor Inocente Palacios, que abrió el acto. El arte venezolano comisionó anoche a ese público para darle un adiós a plazo corto a uno de sus verdaderos representativos, Andrés Eloy Blanco.

Pero, también estaba Juan Bimba. ¿Dónde no está él cuando palpita el corazón de la Patria? Juan Bimba daba el adiós (el adiós nó, el hasta luego!) a su “taita” Andrés Eloy. Ese adiós fueron los versos sencillos, las décimas de sabor y sentido popular, que leyera nuestro Director, caracterizado de Juan Bimba con su misma pobre indumentaria exterior y su malicia y bondad en la palabra. Leo fue objeto de cariñosos aplausos al aparecer vestido de Juan Bimba y durante la recitación de las décimas que en este mismo número insertamos.

Bueno, Poeta, hasta pronto. Nosotros sabemos que tú te vas…..pero no te vas. 

Despedida de Juan Bimba a Andrés Eloy Blanco
Leída el jueves en la noche en el Teatro Municipal
(12 de agosto de 1936)

Mi taita se va de viaje
y, puesto que soy su hechura,
no he de escurrir la figura
la noche del homenaje.
Que me dispensen el traje!...
con otro no me conciben
y ya que aquí me reciben
como al hermano menor
yo también traigo mi flor:
¡no sé lée… pero, me escriben!

Juan Bimba, de cacaseno
hasta ahora me han llamado,
Juan Bimba por abnegado,
Juan Bimba, también, por bueno.
Pero de orgullo me lleno
aunque no llene la timba,
pues la leyenda me nimba
y es la gloria de mi historia
ser en la historia y la gloria,
héroe y mártir, Juan Bimba.

Guardan las minas de Aroa
huellas de mi ley esclava,
de Guayana en la socava
llené de oro la canoa,
Sin más temor que la proa
remé cantando mis cuitas;
luego, en jornadas benditas,
vino el desquite con creces
y cargué catorce veces
con mi lanza en Mucuritas.

Con Venezuela nació
este Juan Bimba de hoy
y mi taita, Andrés Eloy,
es tan viejo como yo.
Juan bimba me bautizó
Y aquí a su lado me encuentro,
en principio, fin y centro,
sin diferencias de edad:
un poeta de verdad
lleva mil siglos adentro!

Juntos vamos en el gozo
como en dolor juntos fuimos;
uno y otro conocimos
los grillos y el calabozo.
La carne supo el destrozo
del látigo y no mi fé;
con sangre y sudor regué
carreteras al cretino,
pero, al cabo del camino,
Juan Bimba estaba de pié.

También anduve con él
cuando su triunfo de España;
aquí sembraron la hazaña
y allá floreció el laurel.
A la Patria vino, fiel;
La Patria estaba en la escoria,
Alzó su voz ilusoria
y, en el fatídico encierro,
acuñó en barras de hierro
el oro real de victoria.

Otra vez, libres y juntos,
Juan Bimba y su taita están;
un esplendoroso afán
anima sueños difuntos
Despierta en los cuatro puntos
una Patria verdadera,
linda, sin mancha, altanera;
nuestro cielo se colora
con triple fulgor de aurora:
el iris de una bandera.

Y, ahora, mi taita,… te vas.
Dí la copla Andrés Eloy:
“¡rey, si me voy no me voy!...”
Porque sé que volverás
Y otra vez me encontrarás,
con mi cuatro y mi marimba,
con mi chamarra y mi tumba,
con mi caballo y mi Juana,
porque, ayer, hoy y mañana,
yo soy el mismo Juan Bimba.


El mismo de cuerpo y alma,
pero nuevo en estructura;
ya voy teniendo cordura
y no me falta la calma.
Ya me quitaron la enjalma,
sin la cincha expando el pecho
y en el taller y el barbecho,
en la escuela y el atajo,
busco un deber: el trabajo
y otro trabajo: el derecho.

A orgullo tengo y honor
el que tú me dieras nombre;
quiero ser “un palo de hombre”
mucho mejor que el mejor.
Tengo conciencia y valor
y, dejando la herramienta,
cuando al regreso te sienta,
con júbilo de aleluya
le pondré una copla tuya
a mi guitarra contenta.

Leoncio Martínez