viernes, 13 de diciembre de 2013

Disyuntiva militar



Por Luis Manuel Aguana

Si consideramos al mundo militar como un mundo dentro de otro, una Venezuela dentro de otra, sería incorrecto indicar que todos están con el régimen. Eso sería como si algún desprevenido desde algún país extranjero, ignorante de nuestra situación, dijera que como el gobierno saco la mayoría de las Alcaldías el 8D, todos en Venezuela estamos con el régimen. Es claro que no es así.

Es un error ponerles etiquetas a los militares. Con ellos no pasa como con los policías del famoso poema de Aquiles Nazoa, “Reláfica del negro y la policía”, donde magistralmente el poeta de Venezuela nos entera de la variedad de clases de policía que inunda nuestro país:

“Policía con cachucha / Policía con pumpá /Policía de sombrero / y de cabeza pelá / Que si la criminológica / que si la municipá / que si la alta policía / que si la de más allá / Que llegó la PTJ / que si se fue la social / que si aquella es la de civí / que si eta es la militá / que si esta no tiene rolo / si no que tira con gas / que si esta te afloja un tiro / y el otro te muele a plan / y en una radiopatrulla / te rueda el de más allá / Cualquiera te pone preso / cualquiera te hace rodá / que con o sin uniforme / con sombrero o con pumpá / en cuanto a rodalo a uno / todos se portan igual / pues la sola diferencia / que del uno al otro va / es que después tu no sabe / cual de ello te va a soltá/…”

No existe aquello de una variedad de clases militares como los de la policía de Aquiles Nazoa. No, aquí todos son iguales, militares. Pero así como en el mundo civil, los hay excelentes en su profesión, los hay buenos, los hay malos y también muy malos. Los hay corruptos y honestos. Y ahora los hay narcotraficantes. La misma Venezuela pero en los cuarteles. Eso tiene una razón que expliqué en una nota anterior en relación al mismo tema (ver Doce Ejes y un Destino: 10) Institucionalización de las Fuerzas Armadas http://ticsddhh.blogspot.com/2013/10/doce-ejes-y-un-destino-10.html).

De antes se decía que los había de tendencia adeca o copeyana, como ahora se dice que los hay de tendencia roja rojita y de una categoría que nosotros nos inventamos denominada “institucionalista”, para indicar aquellos que no están con el régimen.

Sin embargo, así como muchísima gente que trabaja en la administración pública se pone las franelas rojas de manera obligada para ir a las marchas del gobierno, aborreciendo al régimen para seguirse ganando la vida, muchos militares hacen lo propio a su manera mirando sin chistar los discursos en cadena del Ilegitimo y haciendo paradas militares socialistas. Recuerden, es la misma Venezuela pero en un mundo diferente metido dentro de este mundo.

Lo anterior lo cito por aquello de nosotros tratar de explicar que si las cosas en ese mundo no se han movido de la forma como lo deseamos, tampoco se han movido fuera de él de una manera diferente. Nada se moverá en ese mundo si antes no se mueve en este. Es una simple deducción transitiva. Ese mundo está inmerso en éste. ¿Quien iba decir que ese general cuyas dimensiones corporales hacían que difícilmente entrara en ese tanque en aquel recordado desfile militar donde saludaba a Chávez con “Patria, socialismo o muerte”, sería el mismo que defenderían los vecinos de una urbanización del este para que no se lo llevaran preso?

Pues ese militar a los ojos de todos rojo rojito impidió la ejecución del Plan Avila el 11A-2002. Y otros como él apresaron al responsable de la matanza y le solicitaron la renuncia “la cual aceptó”. Si bien es cierto Chávez realizó una purga de la institución castrense posterior a su regreso al poder, el régimen quedo sumamente traumado por ese hecho, persiguiendo y vigilando a toda la oficialidad, cosa que todavía ocurre. Por algo será.

Ese es el mismo caso de oficiales que aun mantienen detenidos, que por alguna razón ya no son afectos al régimen cuando antes era todo lo contrario. Y ahora secuestran oficiales retirados en un afán de mantener los chivos en el corral. El régimen no le debe tener mucha confianza a esa institución que ellos mismos insisten que se convirtió en rojo rojita.

Y esto es porque los militares, en su conjunto, están o no están con un gobierno. Y cuando deciden no estar, así nosotros los hayamos etiquetado de cualquier forma, entonces las cosas cambian. No es un asunto de militares “institucionales” versus los “de la revolución”. No es tan simple. Bien se decía antes que los militares son leales hasta que se alzan. Es por eso el pánico. Ese tejido permeable que existe entre ese mundo y éste los hace sensibles a lo que sucede, no solo porque también viven en Venezuela y sufren lo que nosotros sufrimos, sino que para ellos alzarse resulta un asunto de vida o muerte, entre otras cosas porque son custodios de las armas de la República y guardianes de su soberanía.

El cuerpo social venezolano, con ellos incluidos, está gritando un cambio de rumbo. “Un golpe de timón” como dicen ahora. Pero eso debe formar parte de un cambio que nazca del conjunto total, por supuesto militares incluidos, no de un solo mundo que le pide al otro que lo cambie. Ese cambio podría eventualmente ocurrir de adentro hacia afuera, esto es desde ese mundo hacia el nuestro, como muchos lo están planteando. Eso ya sucedió antes en 1958 y devino en un cambio positivo porque de allí salió el período más largo de democracia que hemos tenido.

Pero también ese mundo puede moverse obligado de afuera hacia adentro. Eso también ya sucedió antes el 11A cuando la gente se fue a las calles exigiendo un cambio. Pero el régimen ha erosionado consistentemente esa posibilidad disminuyendo su fuerza durante estos 10 años, aunque estuvo muy cerca de resucitar el 17A-2013 a consecuencia de un fraude electoral. Ambas son caras diferentes de la misma moneda y llevan al mismo resultado, un cambio del rumbo del país.

La exigencia de una sociedad por un cambio desde lo civil, esto es de afuera hacia adentro, pasa por exigir en el fondo lo mismo que exigimos en el 2002: la preservación de la democracia y el Estado de Derecho vulnerado por un régimen autoritario. En este momento le agregaríamos el fin de la invasión castro-comunista y el retiro en paz de esa fuerza de ocupación de nuestra tierra. No es una exigencia de fácil cumplimiento pero en ello solo pueden intervenir nuestras Fuerzas Armadas porque ese tema no es civil.

Ese es el llamado que hacemos por una renovación de los poderes públicos a través de una Asamblea Nacional Constituyente y el rescate de la soberanía, saliendo todos a la calle a recoger las firmas necesarias para exigir pacíficamente ese cambio. Los militares podrán reaccionar ahora, de adentro hacia afuera, o esperar verse forzados a hacerlo por mandato de un pueblo en la calle exigiendo un cambio de rumbo, de afuera hacia adentro. Ellos deciden.

Todo dependerá de la velocidad de descomposición del país en manos de este gobierno títere y de las fuerzas que se desaten. La destrucción de las instituciones avanza a pasos acelerados. Empezó ya el desconocimiento de las competencias de los Alcaldes electos el 8D. Ambas opciones son válidas en este contexto intoxicado. Los militares serán como los médicos que llegan al lugar de un accidente y tienen que decidir si intervienen al herido en el sitio o esperan llegar al hospital. La cuestión al final será siempre la misma, tendrán que intervenir. Pero o deciden o se muere el paciente. Vaya disyuntiva...

Caracas, 13 de Diciembre de 2013

Twitter:@laguana

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Constituyente: el cambio de un país o el cambio de un gobierno



Por Luis Manuel Aguana

Nunca sabremos -de nuevo-, cuáles fueron los verdaderos resultados de las elecciones del 8D, así como de las anteriores elecciones. Es decir, cual realmente llego a ser la verdadera voluntad popular en cada región del país. Maquinas descompuestas, violencia de motorizados oficialistas, desastre en los centros de mayor proporción opositora dan fe que esas elecciones fueron otro capítulo más de la dictadura electoral que se nos quiere imponer. Entrar en las mismas consideraciones del 7-O y 14A, concurriendo a la justicia del régimen no tiene ningún sentido con este CNE, como bien ya lo pudieron percibir los venezolanos con las decisiones de esos procesos. Y ahora aun menos con una oposición oficial que salió satisfecha con esos resultados.

El gran éxito del gobierno no fue sacar más Alcaldías apabullantemente. No. Fue callar a la oposición. Ahora no hay moral para cantar fraude si la oposición “ganó” las principales Alcaldías. No se pasean por la posibilidad de que eso haya también sido arreglado con la bendición cubana precisamente para atornillar al CNE y terminar de legitimar plebiscitariamente al Ilegitimo, que por obra y gracia del espíritu santo electoral también se convirtió finalmente en venezolano porque todo el mundo se calló la boca. ¡Juego de triple banda!

Entonces ¿qué nos queda ahora de este lado? Pues civilmente la vía Constituyente, que muchos indicamos y que fue rechazada porque “había que esperar el 8D”. Pues ya el 8D llegó y pasó lo que dijimos que pasaría.  Y aunque había sido rechazada por los actores políticos y al margen de que con anterioridad algunos venezolanos insistiéramos que en lugar de pedir votos para una elección amañada era preferible solicitar firmas para la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, convocada por la sociedad venezolana, ahora sí parece que les está empezando a caer la locha que esta vía podría ser una alternativa.

Un destacado grupo de políticos venezolanos agrupados bajo el nombre Vente Venezuela publicaron en las redes y periódicos de circulación nacional, y el día antes de las elecciones regionales, un comunicado titulado “Venezuela debe convocar a una Constituyente” (ver http://www.ventevenezuela.org/venezuela-debe-convocar-una-constituyente/).
                                                                                                                 
Luego de indicar que Venezuela está en manos de un gobierno “antidemocrático, ineficiente y corrupto” el comunicado concluye que es necesaria la convocatoria constituyente “para recomponer el acuerdo social de la República” y “Con nuevos funcionarios a la cabeza de los poderes públicos”.

Ciertamente una Constituyente nos brinda esas consecuencias. Sin embargo, debo insistir muy responsablemente que aunque estemos muy de acuerdo en que la Constituyente es la única salida civilista que le queda a la Republica después de todo lo que ha ocurrido en lo electoral, la convocatoria tiene que darse para cambiar el modelo del país, no para cambiar un gobierno. Si se plantea en los términos equivocados repetiremos el error de la Constituyente de 1999, solo que con nuevos actores.

Muchos dirán que un solo cambio en la conducción bastaría y tendrían razón en parte. El desastre al que nos ha conducido este “socialismo” castro-comunista es la respuesta de los invasores y sus títeres venezolanos para la cristalización de un proyecto continental con raíces muy profundas. Y destituir a quienes lo manejan sería, de acuerdo a ese razonamiento, más que suficiente para resolver el problema. Esa es la visión simplista y superficial del tema que nos ocupa. Venezuela llegó a donde estamos precisamente porque no se resolvió lo que había que resolver.

Nuestro país arrastra desde hace muchos siglos un modelo construido sobre la base de un poder que descansa en pocas manos y eso se ha reflejado en todas sus constituciones. Al decir del Proyecto País Venezuela: “Ha fracasado el modelo de Estado Federal Centralizado (EFC) colonial que nos legó la corona española”. Con lo cual se requiere de una discusión muy a fondo de un nuevo modelo para el país que lo aleje de ser un botín para las manos de los vencedores del poder.

La Constituyente es una herramienta demasiado poderosa como para usarla solo como exterminadora de malos gobiernos. Podemos convertir a Venezuela en Noruega o en Zimbabwe (ya de hecho somos lo segundo en manos de un Mugabe tropical e ilegítimo). Es por eso vital que el llamado a una ANC conlleve una reingeniería institucional del país, se repiense su modelo centralizado, balanceando las cargas del poder en manos del Presidente, evitando llamarla por las razones equivocadas (ver Constituyente por las razones equivocadas

Es muy fácil caer en la premura, comprensible por lo demás, de sacar inmediatamente a estos delincuentes que nos desgobiernan. Y eso se lograría de poderse llamar al soberano para la convocatoria a una ANC. Lo que sería MUY malo es que cualquiera que tenga el poder de convocarla, llámese como se llame, incurra en la tentación del poder para agavillar Constituyentes y garantizarse poderes que profundizarían nuestros males en lugar de aliviarlos.

Esto se puede perfectamente lograr con unas Bases Constituyentes arregladas por los interesados y sin un proyecto Constitucional que proponerle al país. Esa fue la experiencia que tuvimos con Chávez en 1999 y que nos heredó “la mejor Constitución del mundo”. No sería deseable caer en esa trampa de nuevo, por muy bien intencionadas que luzcan las razones de sus proponentes.

No objeto de ninguna manera el llamado del 7D del grupo de Vente Venezuela. Es necesario y ha sido la opinión de muchos compatriotas, quienes como este escribidor han indicado desde hace mucho tiempo que debemos ir en ese sentido. Los convocantes de esta oportunidad lucen tener la organización, los recursos, la cobertura y el empuje político necesario para tener éxito.

Pero debe haber antes un Proyecto País desarrollado y expuesto que respalde ese llamado, no el simple “quítate tú para ponerme yo”, un nuevo proyecto constitucional que podamos evaluar, planteándole al país una nueva Constitución para la consideración de los venezolanos, y finalmente unas Bases Constituyentes publicadas que nos garanticen representación proporcional y que incluyan una propuesta de Elecciones Auténticas para elegir a esos Constituyentes. Solo entonces ese llamado sería histórico, no para cambiar un gobierno, sino para cambiar al país.

Caracas, 11 de Diciembre de 2013

Twitter:@laguana