martes, 10 de marzo de 2015

Mujica, militares y Constituyente


Por Luis Manuel Aguana

“Este gobierno no sale con votos”. Esa es la consigna de aquellos quienes han abogado por la salida de fuerza del régimen. Así salió Isaías Medina Angarita en 1945, Rómulo Gallegos en 1948, Marcos Pérez Jimenez en 1958 y así también intentó salir Chávez del gobierno de CAP aquel funesto 4 de febrero de 1992.

Ciertamente la salida democrática para los cambios de gobierno basada en el voto como expresión de la voluntad popular y contada de una manera transparente ha sido relativamente escasa en nuestra historia republicana. Solo a partir de 1959 y hasta la última elección sin escrutinios automatizados se podría decir que fueron transparentes.

Algunos podrían indicar que hubo elecciones de resultados dudosos en ese período, como el caso de Rafael Caldera y Andres Velásquez en 1993, pero en general todos los participantes en encuentros electorales nunca levantaron el expediente del fraude haciendo dudar del árbitro electoral.

Sin embargo, a partir de 2004, con la instauración de la maquinaria electoral y el cambio de las reglas en relación a los escrutinios, cambiando el sistema de escrutinio manual por una verificación estadística, en Venezuela nunca más se contó con un organismo imparcial en el que todos los venezolanos pusiéramos nuestra confianza. El régimen cambió la ley electoral a su antojo y a su conveniencia y eso más que nada dividió definitivamente a la oposición en nuestro país.

Por un lado están aquellos que creen que con el sistema electoral del CNE (leyes, reglamentos, maquinas y sistema) pueden vencer al régimen. Y por otro lado, estamos aquellos que creemos que si todo el sistema institucional del país está podrido, ¿por qué razón no podría estarlo también el sistema electoral? ¿Simple, no? Y si esa parte de la llamada oposición democrática “lo cree” públicamente a sabiendas de la parcialidad del organismo electoral, entonces la lógica nos indica que están colaborando con el régimen para afianzar su permanencia en el poder.

Ahora bien, dentro de aquellos que NO CREEMOS en el sistema electoral se encuentran personas que no ven otra salida sin la intervención de los militares. Muchos han sido los videos, exposiciones públicas, foros  y artículos de opinión donde se exhorta a los militares a “cumplir con la Constitución” y regresar a Venezuela a un régimen de libertades, pero eso aún no ha ocurrido. Y hasta ahora pensaba que era igualmente improbable hasta que una importante figura aliada internacional del régimen sale en su defensa en medio de su descalabro, advirtiéndole de un posible “golpe” de unos “militares de izquierda”. Esa advertencia me llamó poderosamente la atención.

Si algo desmontó el Galáctico antes de morirse fue a las Fuerzas Armadas tal y como las conocíamos hasta el 2002. Hasta ahora siempre hemos pensado con el mapa mental equivocado, que unas Fuerzas Armadas “leales” a la democracia se alzarían para su reinstauración, cuando de hecho eso en el fondo no existe. Existe una sola Fuerza Armada que será leal al régimen hasta cuando se alce, en función al balance de poder que allí exista.

Es por eso que el ex Presidente José Mujica en unas recientes declaraciones teme que ese balance se desplace hacia unos “militares de izquierda” (ver entrevista a José Mujica por el País TV en http://youtu.be/j6eIo7Qe9G4) y con eso la “defensa democrática se va al carajo”. En otras palabras, el poder vaya a unos militares que de acuerdo a su criterio cometerían “un gravísimo error que se salieran de la Constitución”. Tal vez el ex Presidente desconoce-ingenuo yo quizás- que ya estamos de largo fuera de la Constitución, y en las manos de su aliado que nos desgobierna, no por ella, sino por un Plan de la Patria inconstitucional.

Cuando uno oye a alguien de la experiencia política del ex Presidente Mujica decir de una manera maniquea que hay dos ramas de la oposición en Venezuela (ver los primeros dos minutos y medio de la segunda parte de la entrevista a Mujica de El Observador TV en http://youtu.be/wvCSrEYs8K8), una “democrática” (Capriles-MUD) y otra “golpista” (López, Ledezma y María Corina) y que hay “libertad de prensa” porque la prensa “dice cualquier cosa”, y que las condiciones en las que arrestaron al Alcalde Mayor no las sabe-“yo que sé”-, entonces uno se empieza a preguntar ¿será que de esos “militares de izquierda” surgirá la solución de la tragedia venezolana?  No dicho por mí, sino por uno de los más conspicuos amigos del régimen del Ilegitimo.

Lo lamentable de todo esto es que todavía hay a esos niveles quienes como Mujica le dicen al mundo (tal vez no porque en realidad lo piensen), que en Venezuela hay democracia y que para cambiar el gobierno “legítimamente electo” debe utilizarse el voto. Pero para nosotros que nos calamos esta dictadura, la lógica nos indica que eso no es posible. No hasta tanto no existan las condiciones electorales suficientes y nos contemos de una manera pacífica. Lo que podemos hacer mientras tanto los ciudadanos es resistir civilmente, insistiendo en las calles por un proceso que nos reunifique para reconstruir el país poniendo como condición indispensable que el voto para hacerlo sea transparente.

Nuestra propuesta es la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/) como mecanismo de reencuentro real pero requiere que los votos sean contados de una manera tal que todos los venezolanos tengamos el convencimiento que el proceso fue limpio y transparente. ¿Pero cómo lograr un voto transparente? ¿Cómo lograr que un régimen de esta naturaleza se cuente?

Nadie puede negarnos la democracia. Ese es el estandarte del mundo civilizado. Si el Poder Originario del pueblo venezolano no se impone ahora debido a la fuerza de unos poderes constituidos corruptos, a la larga se terminará imponiendo en la misma medida que ese pueblo entienda quien es el verdadero dueño de la soberanía.

El régimen solo responde cuando la gente está en las calles oponiéndose, por encima de esa oposición “democrática” del ex Presidente Mujica, quien reconoce que una situación como la nuestra debe tener una salida de carácter constitucional y que el trabajará para que eso ocurra, porque “es lo que más nos convendría a todos”. Espero que cuando llamemos a esa Constituyente lo haga. Su palabra vaya adelante…

Caracas, 10 de Marzo de 2015

Twitter:@laguana

lunes, 2 de marzo de 2015

La Descentralización: crónica de un “autosuicidio” interminable


Por Luis Manuel Aguana

Difícilmente pueda encontrarse un documento más premonitorio de la muerte del sistema de partidos que el mensaje que dirigió al Congreso de la República el entonces  Ministro de Estado para la Descentralización, Dr. Allan Brewer Carías, en enero de 1994 (ver Mensaje al Congreso en Allan Brewer Carías, II, 2, 97. Informe sobre la Descentralización en Venezuela 1993 – Junio 1993-Febrero 1994 en http://goo.gl/5IFBcH). Los muchachos de las nuevas generaciones políticas harían bien en leer con cuidado ese Mensaje al extinto Congreso.

En un documento de más de mil páginas contentivo de las Memorias del entonces Ministro de Estado para la Descentralización, el Dr. Brewer Carías detalla los esfuerzos realizados por el Gobierno de Transición de Ramón J. Velázquez por salvar al sistema de partidos de su propia destrucción. Pero ya era tarde. En enero de 1994 los venezolanos ya habían elegido a Rafael Caldera en una elección insólita donde un hombre sin partido y sin maquinaria, había derrotado a las dos principales fuerzas politicas del país. Era un mensaje claro de los venezolanos a los partidos políticos de que las cosas no podían continuar de la manera como venían desarrollándose y que ese próximo gobierno debía continuar y profundizar, como lo sugería el entonces Ministro, el proceso de descentralización:

“Ahora bien, en mi criterio, la política de descentralización, definida como política nacional por el Gobierno del Presidente de la República, Dr. Ramón J. Velásquez, ha estado y está establecida y diseñada con ese objetivo. La descentralización es el instrumento para lograr la participación política; y la participación es actualmente la única vía para que nuestra democracia se perfeccione. / Por eso, la descentralización ha estado en estos últimos tiempos y estará en el futuro próximo, en el centro de la política de cambio. Por ello, hemos dicho que hasta cierto punto, con la descentralización nos estamos jugando la democracia (La Política de Descentralización, pág. 21, negritas y subrayado nuestro).

Sin embargo, y aunque se diera un paso fundamental con la promulgación de la Ley Orgánica de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público en 1989, y la adopción por parte del Presidente Velásquez de una política de Estado para el logro de ese fin, muy poco entendieron los partidos políticos que en ello se les iba la vida a partir de 1994, bloqueando políticamente cualquier intento de profundizar el proceso iniciado, cayendo estrangulados con la elección de Hugo Chávez en 1998. En realidad, visto desde esa perspectiva, los partidos del status se “autosuicidaron”, y nos asesinaron la democracia en el camino.

Y aunque las decisiones que se tomaron en ese breve periodo pudieron comprometer al naciente gobierno de Caldera, como lo indicó el Ministro, ni ese gobierno ni su oposición política advirtieron que estaban sepultando la democracia, haciendo poco o nada para profundizar el proceso descentralizador: “Por eso, siempre dije que las decisiones que estábamos tomando en materia de descentralización, en este corto período de transición, eran decisiones que iban a comprometer al nuevo Gobierno, el cual, en mi criterio, tiene que continuar el proceso, porque entiendo que es un proceso de sobrevivencia de la propia democracia (La Política de Descentralización, pág. 22, negritas y subrayado nuestro).

Es poco lo que se puede agregar. Caldera no pudo levantar el proceso de descomposición política que ya se había iniciado con su elección, y los resultados no se hicieron esperar. Los venezolanos votaron en 1998 por algo completamente diferente, como ya lo habían hecho en diciembre de 1993, aceptando las promesas de un golpista que decía tener todas las respuestas. Visto desde esa perspectiva, fuimos entonces nosotros los venezolanos quienes nos “autosuicidamos”.

Pero lo más increíble es que todavía no se haya aprendido la lección. Luego de todo lo que ha pasado en estos 16 años luego de 1998, los partidos insisten en volver por la senda de algo que es de suyo irreversible. Insisten en mantener un modelo que ya agonizaba en 1993 y muere en 1998. Como lo afirmó Brewer Carías en su Mensaje, finalizaba el ciclo del Estado Democrático Centralizado.

Hay que hacer notar que el Mensaje de Brewer Carías se da en un momento donde comenzaba el último periodo de la democracia conocida. Las advertencias  eran procedentes y había todavía chance de desmontar un país altamente centralizado política y económicamente. Y fueron desoídas.

La Constitución de 1961 daba la  oportunidad de montar un sistema federal de gobierno hasta donde fuera posible, en los "términos” de esa misma Constitución. Sin embargo, ese tiempo político se perdió en la incomprensión de los liderazgos partidistas.

El planteamiento era claro. Dada una Constitución vigente, se pretendía desmontar todo el andamiaje de competencias administrativas y políticas, creando un proceso indetenible que enraizara la democracia. Pero ni se quiso soltar el poder político ni tampoco darle sustento económico a un nuevo modelo. Se coartó la participación directa de los Estados y Municipios en el IVA que ellos mismo producían, dejando de paso ese dinero en manos del Poder Ejecutivo que lo repartiría a su conveniencia a través de la figura de un pote que denominaron Fondo Intergubernamental para la Descentralización, desembolso que estaría atado a las competencias efectivamente transferidas. Una descentralización de papel y otro engaño para el pueblo.

Y entonces llego Chávez, haciendo caída y mesa limpia a ese proceso que había comenzado de manera incipiente, destruyendo el proceso de descentralización, y generando una Constitución más centralista que la anterior. Y para colmo inicia un proceso de cambios en el sistema político (Plan de la Patria) para quedarse eternamente en el poder. Esa es la guinda de la torta autoritaria.

Entonces, ¿cual debiera ser la respuesta de aquella dirigencia política opositora, que aun esta vivita y coleando, que luego de haber oído a Brewer Carías en aquel Congreso de 1994, desoyeron o no entendieron el mensaje? ¿Volver a lo mismo-o peor- pero con otra Constitución y otro ordenamiento jurídico que se ha montado durante 16 años? ¿Volver a ese "sistema de partidos" del Estado Democrático Centralizado que moría en 1993 y enterramos en 1998? Pues eso es lo que nos están planteando los partidos políticos actuales con el espejismo de sacar a este régimen a punta de votos controlados.

Si en algo el Mensaje al Congreso del Ministro para la Descentralización fue premonitorio era que el proceso descentralizador era irreversible y no profundizarlo implicaba la muerte de la democracia. Entonces, la pregunta fundamental radica en si seguiremos insistiendo en el error o le damos un vuelco al sistema, haciendo por la vía Constituyente lo que debió haber hecho la dirigencia política por la vía del desmontaje de un sistema inviable para evitar la muerte de la democracia.

Pues bien, ese vuelco ahora se llama Proyecto País Venezuela Reconciliada Vía Constituyente (http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/) cuya ejecución solo puede concretarse llamando al pueblo depositario de la soberanía a activar un proceso constituyente en los términos que este se dé y estableciendo en una nueva Asamblea Nacional Constituyente un país verdaderamente Descentralizado y Federal. Eso o terminar de enterrar la democracia. El resto son engaños de aquellos que en su mal morir y en su permanente escape hacia delante nos están llevando a todos por el medio. Depende de nosotros seguir “autosuicidandonos” en una crónica que se ha hecho interminable…

Caracas, 2 de Marzo de 2015

Twitter:@laguana