jueves, 13 de septiembre de 2012

El Flaco, el nuevo intérprete

Por Luis Manuel Aguana

En junio del año pasado publiqué en la red un artículo titulado “Chávez: ¿Boves del Siglo XXI?” (ver en http://webalia.com/articulos-de-opinion/chavez-boves-del-siglo-xxi/gmx-niv98-con4960619.htm). La intención de ese entonces no era comparar al Saliente con las características destructivas del histórico personaje, aunque muchos dirían que se lo merece, sino colocarlo en el contexto de nuestra realidad sociopolítica de aquellos últimos años del periodo que terminó con su elevación a la primera magistratura del país.

Deseo traer de nuevo el tema porque para el tiempo en que escribí esa nota no se visualizaba aún quién sería el candidato que se colocaría al frente de ese encantador de serpientes. Dada la cercanía del proceso electoral creo indispensable recordar de nuevo a Leoncio Martinez, mejor conocido como Leo, editor del Semanario Fantoches, publicación venezolana de principios del Siglo XX. Traigo a Leo para recordarles a los venezolanos que de tiempo en tiempo repetimos la historia y que cíclicamente aparecen en la vida del país intérpretes que la cambian, ya bien sea para mal o para bien. Y creo que este es uno de esos momentos.

En 1998 los venezolanos, y lo digo en términos generales, seguimos a quien interpretó mas adecuadamente el momento histórico del país. Y la mayoría votó por ese intérprete pensando que sería el comienzo de la solución de los problemas. Venezuela se equivocó, como lo hemos visto luego de 14 años de destrucción sostenida. Pero las masas no se equivocaron al seguir a su mejor intérprete del momento, como bien lo escribió Leo, hace 76 años el próximo 26 de septiembre. En el editorial de Fantoches titulado “El Significado de las Masas Populares” (verlo completo en http://ticsddhh.blogspot.com/2011/06/el-significado-de-las-masas-populares.html), que publicara Leo el 26 de septiembre de 1936, se describe esto para los venezolanos de todas las generaciones posteriores:

“Alguien ha dicho que “los pueblos son como los niños que no saben lo que quieren”, y esta ha sido otra afirmación empleada para constatar la teoría que ahora interesa a algunos; pero con esta afirmación ocurre algo tan descabellado como con la anteriormente expuesta. Puede que los pueblos no sepan lo que quieren, pero sí conocen sus necesidades, y cuando hay alguien capaz de traducir en palabras ese sentimiento popular, alguien que redacte y relate esas necesidades, el pueblo le acompaña decididamente, como acompañó a Boves primero y a Bolívar después. No queremos decir con esto que el ideal de Boves es tan importante como el del Libertador, puesto que bien sabemos que el sanguinario español era simplemente un profesional de la guerra y del asalto, mientras que el plan de Simón Bolívar era toda la construcción de un pueblo fuerte y libre e invencible; pero sí queremos demostrar que la masa popular persiguió siempre el éxito de sus reivindicaciones sentidas, ya siguiendo a un bárbaro como a un genio.” (Subrayado nuestro).

Y continúa más adelante:

“Los pueblos no siguen a sus agitadores sino a quienes encarnen a una aspiración unánime de la mayoría. Los pueblos no conocen agitadores sino intérpretes, por eso siguen a quien les promete alimento cuando tienen hambre, a quien les habla de justicia cuando se sienten oprimidos, y hasta a aquellos que les prometen venganza cuando se sienten victimas. Siguieron a Boves porque Boves les prometió vengar el engaño de que les hacían victima las incumplidas promesas de quienes firmaron el Acta de 1811, porque Boves les ofreció el saqueo y la batalla en represalia contra “el mantuano” y contra el “criollo blanco” que se había adueñado de todo lo que se suponía debiera pasar a manos del pueblo. Pero luego siguieron a Bolívar, porque el Libertador concretaba mucho mejor las aspiraciones, definiéndolas con palabras de una doctrina bien formulada y ya reinante en Europa, que se llamaba Democracia. Boves, como interprete, no tradujo sino la cuestión pasional, bárbara, casi animal, que se agitaba en el alma de la masa; Bolívar, llegó más a fondo, más a la raíz del espíritu público y, en vez de invitar para la intentona descabellada y sin horizonte, expuso programa total y concreto, fiel intérprete de todo cuanto se deseaba.” (Subrayado nuestro).

Decía en mi artículo de hace más de un año que esta exposición no podía ser más premonitoria y acertada. El primer párrafo se percibe dirigido a nuestro liderazgo político: si el pueblo consigue a alguien capaz de traducir en palabras un sentimiento popular, el pueblo le acompañará decididamente. Aquí cita específicamente porqué el pueblo venezolano siguió a Boves por venganza de promesas incumplidas de una clase dirigente del pasado y luego, al encontrar en otro interprete, el Libertador, que llego más a fondo y expuso un programa, total y completo que culminó con éxito, como lo indica Leo, lo siguió también pero con un resultado enteramente diferente y opuesto.

El Saliente no ha hecho otra cosa que haber encarnado el resentimiento de las masas al exigir venganza de las promesas incumplidas de una generación política. De allí la acertada exposición de Leo al contrastar a Boves con Bolívar. El Saliente en 1998, interpretó el sentimiento de venganza hacia una dirigencia política, el odio del pueblo, “la cuestión pasional, bárbara, casi animal, que se agitaba en el alma de la masa”, y que se agitaba en alma del venezolano en 1998 por el desafuero de expoliación del país que sufrimos de los partidos tradicionales. Sin embargo “el vengador” tampoco cumplió sus promesas, la generación política a la que dirigió su odio ya no está en la escena, y otra generación de venezolanos se abre paso para el futuro; y a pesar que el “vengador” aun grite su odio a los cuatro vientos, agitando a las masas a una guerra civil, ya su tiempo se agotó.

Pero como dijo Leo, el pueblo no conoce agitadores sino intérpretes. Y ya el tiempo del agitador terminó. El país ya encontró quien interpretara el sentimiento de cambio. Solamente ver las calles por donde pasa el candidato de la Unidad, da cuenta de la interpretación que ha hecho el Flaco Capriles de lo que la gente desea: paz, progreso y unidad. Ya el tiempo de la venganza de Boves terminó para abrirle paso a la paz y al raciocinio constructivo.

Como nunca, y como dijo Leo de Bolivar, “… llegó más a fondo, más a la raíz del espíritu público y, en vez de invitar para la intentona descabellada y sin horizonte, expuso programa total y concreto, fiel intérprete de todo cuanto se deseaba”. Y no es que aquí hagamos una interpretación adulante y maniquea de la historia, ni pretender decir que El Flaco es el “nuevo Bolivar” de Venezuela, como lo intentó acuñar el Saliente de él mismo en todos estos años. Es que los acontecimientos han colocado al candidato en ese punto mágico donde se vuelve a repetir la historia.

Si bien el Saliente fue el Boves interpretador del sentimiento popular de venganza en 1998, Henrique Capriles Radonski es el nuevo intérprete de la realidad venezolana que anhela paz y progreso después de tanta destrucción y odio. ¡Qué extraños suelen ser los designios de la historia! Se repite dejando en las manos de un familiar lejano de El Libertador un nuevo sentimiento de cambio en positivo, agigantándose en la campaña como siguiente intérprete de ese sentimiento de todos.

Concluyo con un párrafo al final del editorial que cierra magistralmente Leo, de una vigencia especial para todos los venezolanos de hoy, a esta hora cuando decidiremos en pocos días el destino del país:

“A nombre de ese pueblo que sabe lo que siente y sabe lo que quiere, a nombre de esa masa que es la misma que luchó y venció al lado del Libertador hasta lograr implantar las doctrinas de la democracia y la igualdad social, a nombre de ese conglomerado conciente que no ha servido de pedestal para la gloria de nadie sino para su propia gloria, ya que el Libertador era a la vez hombre y masa, porque dentro de él dormía el pueblo libre a que aspiraba, pedimos para Venezuela la legitima apreciación de la democracia, de esa democracia siempre reñida con quienes pretenden imponer sin oír, gobernar sin acatar. (Subrayado nuestro).

El Saliente es sin duda de los que “pretenden imponer sin oír y gobernar sin acatar” y nuestra democracia está reñida históricamente con eso, como bien señaló Leo. Y también dijo que Venezuela era capaz de seguir tanto a un bárbaro como a un genio. Pues bien, ya tuvimos 14 años del primero. Y conseguimos al segundo pisándole los talones a la gloria de la genialidad como el intérprete cabal de esa legítima apreciación de la Democracia venezolana…verdaderamente ¡Hay un Camino!

Caracas, 13 de Septiembre de 2012

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