domingo, 11 de marzo de 2012

Lo quiero vivo

Por Luis Manuel Aguana

Es así como los jefes ordenan a los policías cuando van a localizar a un delincuente importante. No lo maten, lo quiero vivo, es la consigna. Y eso es así porque precisamente si por alguna razón muere el solicitado, se estropearía el trabajo posterior de investigación que busca acabar con la red que el delincuente ha construido en su carrera delictiva. No basta con que se atrape al malhechor, es preciso también terminar con lo que construyó en el camino. Por eso deseo que el Presidente viva y no me uno al coro de cierta oposición que aspira su deceso antes del 7 de Octubre, por aquella conseja de "muerto el perro se acabo la rabia". Todo lo contrario, nos conviene que llegue vivo y en buenas condiciones físicas a la justa electoral.

Y esto lo digo no solo porque hace falta investigar el hueco negro de corruptelas que esta administración va heredarle a un próximo gobierno de Unidad Democrática, sino porque además lo crucial, y que a mi modo de ver mucha gente ha desestimado, es que la herencia más importante que Chávez dejara cuando deje de ser Presidente, será el chavismo y su singular modo de ser. Eso es en realidad lo que debemos derrotar de raíz el 9 de Octubre, pero para hacerlo como se debe hacer, es imperativo que Chávez este vivito y coleando. Por otro lado, si creo que el Presidente debe ajustar sus cuentas con el Creador dada su condición de enfermo terminal (ver Presidente, muera en Paz, en http://ticsddhh.blogspot.com/2011/10/presidente-muera-en-paz.html), pero también creo que tenemos que darle un cierre final a Chávez y a su “revolución” con elecciones, y les voy a exponer porqué.

El pueblo venezolano creyó en las consignas de Chávez en 1998, con justa razón. Años de larga desidia de un estamento político agotado, hicieron que los venezolanos apostáramos por este desconocido golpista que asumió la responsabilidad en su “Por Ahora”, cuando nadie en este país lo había hecho nunca. La gente dijo "Carajo! Al fin alguien asume la responsabilidad!". Yo viví la vaina, no me la contaron. Todo el mundo simpatizó con el golpista, hasta yo! Igualmente el discurso de Caldera en el Congreso fue una pieza de oratoria que todo el mundo compró completico. Todo cambió en la política de este país, al punto que los venezolanos lo eligieron de nuevo Presidente en 1993 cuando todos lo considerábamos un cadáver político insepulto antes de esa asonada. Se presentían aires de renovación. Venia una nueva gente, una nueva administración del Estado y una nueva forma de ver la política. Todos estábamos a la expectativa.

Luego vino la Constituyente porque la mayoría votó por ella en la creencia de que allí residían los males de los venezolanos. Eso era lo que nos habían vendido y lo compramos. Pero fue un engaño. Lo que vino después fue más de lo mismo, pero peor. No les echaré el cuento porque ustedes lo conocen bien. La efervescencia de un gobierno tan malo como el que jamás habíamos visto todos quienes habíamos vivido los gobiernos adecos y copeyanos fue tal que salimos horrorizados a las calles exigiendo cambios. Y el gobierno nos mostró su verdadera cara totalitaria. Mató gente inocente en las calles el 11 de Abril de 2002. Y las cosas cambiaron. Cambiamos todos. No fuimos más los opositores de antes. Nos hicimos mucho más duros y radicales. El gobierno logró dividir el país en dos.

La violencia, que es la mejor fortaleza del gobierno, se adueñó del corazón de los venezolanos. Chávez es el responsable de haber sembrado exclusión y terror en el país. Nunca como antes, incluso en nuestras propias familias, se había germinado una semilla de odio hacia lo que estaba pasando. Hermanos y familiares se separaron por esta peste que sembró el Presidente en el alma de los venezolanos. Esa será su peor herencia si se muere antes de que lo derrotemos.

Todos coincidiríamos que si Chávez hubiera asomado la palabra “socialismo” o “mar de la felicidad” cubano en su discurso electoral de 1998, no hubiera visto la puerta del Palacio de Miraflores ni por asomo. Lo que vendió y fue exitosamente comprado por los venezolanos fue la palabra cambio. Ocuparse de los asuntos públicos a favor de la mayoría. El basta de enriquecerse a costa del erario público. El utilizar los recursos de nuestra renta petrolera en beneficio de los más desfavorecidos. Pero nada de eso pasó. Y lo poco que pasó fue manipulado para quedarse en el poder. Alrededor de su imagen se construyó una especie de secta según la cual no es posible el país sin su presencia.

Todos los venezolanos cansados de este lamentable sainete queremos que se vaya ya. Pero algunos no se percatan que el fenómeno Chávez no se compone solamente de su liderazgo negativo, sino de todo un hacer, de todo un entramado cultural que se formado a la luz del populismo exacerbado y el aprovechamiento político de las necesidades elementales de los sectores más duramente golpeados de la población, que son la mayoría. El círculo vicioso del chavismo se basa en fabricar cada vez más pobres para que estos a su vez se vean en la obligación de depender de la dádiva del Estado, generando una suerte de mayoría tutelar que teme perder lo que ha conseguido y que jamás le dieron en el pasado pre-chavista. Misiones, becas, reparto generalizado de prebendas hace que ese cáncer- y no precisamente el de Hugo-, se enquiste y crezca sin parar. El chavismo es una máquina de hacer pobres para beneficiarse de ellos.

El pánico que ha generado la candidatura de Henrique Capriles se basa estratégicamente en que las baterías se han enfilado a discutir, sin prisa pero sin pausa y sin confrontación, precisamente los problemas que Chávez tiene 13 años agravando y de los que no se ha ocupado, rescatando ese deseo de cambio que el pueblo venezolano vio en el golpista en 1998. Desde el 12F se vuelven a sentir los aires novedosos que respiraron los venezolanos en 1998, de una nueva forma de hacer política, de gente nueva, de optimismo y esperanza. Eso los tiene muy preocupados y violentos. Necesitan que la atmosfera sea de violencia para que el candidato unitario cambie esa estrategia. En la medida que ven las elecciones más cerca están más nerviosos. Para eso debemos llegar a las elecciones, con Chávez en la mejor condición posible de su enfermedad. Un cambio en esa ruta, que bien podría proporcionar el agravamiento de la salud del Presidente y las luchas intestinas dentro del PSUV por una posible declinación de este a favor de alguno de sus delfines, le daría en bandeja de plata a los sectores recalcitrantes del chavismo la excusa para sumir el país en un ambiente de caos y violencia, llevando al traste la promesa de salir de esto con votos. Sin Chávez en la escena política, puede pasar cualquier cosa.

Algunos opositores a ultranza prefieren salir de Chávez como sea, antes o después del 7 de Octubre, incluso deseando lo primero, cáncer mediante. A ellos les pido que lo reflexionen. Hay que derrotar tanto a Chávez como al chavismo de la mejor manera que se hace en democracia: con más votos. De otra manera, con Chávez muerto, puede ser que salgamos de Chávez, pero no del chavismo; y al país le quedará una materia pendiente para siempre de lo que pudo ser y no fué. Y saldrán múltiples sucesores del prócer de Sabaneta- que ya los hay-, generando una leyenda de un Chávez-Ché, sumiendo al país en una suerte de ingobernabilidad para cualquier Presidente que le suceda. No sólo deberemos enterrar a Chávez-políticamente hablando- el 7 de Octubre, deberemos enterrar también al chavismo dentro del marco de una justa lucha democrática en la que el país rescate desde dentro las esperanzas perdidas de cambio luego de una larga época de oscuridad y engaño.

Caracas, 11 de Marzo de 2012

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viernes, 2 de marzo de 2012

Fábulas de Esopo

Por Luis Manuel Aguana

A la memoria de María Cecilia Aguana Reyes

Extrañamente, siendo niño, uno de los pasatiempos que disfrutaba más era la lectura. Ese pasatiempo no era común en mis compañeros de generación. Y aunque también me divertían los juegos que eran comunes en aquellos días para un niño en la primera década de su vida, la lectura encerraba un mundo que transportaba la imaginación a cualquier lugar, al sitio más inverosímil. Era como ser el protagonista de múltiples historias, sin tiempo ni espacio. Nunca me cansé de releer mil veces la colección completa de “Las Aventuras de Tintín”, tanto, que le heredé esa pasión por el personaje a mi hija María Cecilia, quien decidiera desde muy niña su carrera por esos cuentos de un periodista aventurero de los años 30, heredando en el camino esa misma fascinación que tuve yo por la lectura todos los años de su vida. Tiempos hermosos que moldean el resto de la existencia…Su hermana, María Gabriela, a su vez heredó la asertividad de su madre y un don de gentes y simpatía que aseguraban que esa imaginación de María Cecilia no se quedara solo en su intelectualidad interior, haciendo que ese conocimiento hecho de la lectura temprana aflorara y nos iluminara a todos por igual…

En mi juventud leía curioso cuanta cosa interesante me caía en las manos. Pasaba vacaciones completas imaginando las calles y los drenajes de Paris en el medio de la persecución al protagonista de “Los Miserables”, de Victor Hugo, o dedicarle horas y días enteros a los libros de Hermann Hesse, Morris West o Stefan Zweig. Pero una de las cosas que más llamó mi atención fueron las Fábulas de Esopo, famoso escritor de la antigüedad griega. Eran como perlas de sabiduría milenaria, que hasta hoy, después de tantos años, evoco cuando suceden situaciones que invariablemente tendrán el desenlace de la fábula, como si la moraleja fuera un designio inexorable.

Cuando se inició este lamentable episodio de la vida política del país en 1998, recordé la fábula de Esopo “Las Ranas pidiendo Rey”, que con el permiso del autor, les contaré de la colección de mis tempranos años, “El Tesoro de la Juventud”[1], como la leí por primera vez:

"Vivían las ranas libremente en sus lagunas, cuando se les antojó pedir a Júpiter, con grandes voces, que les enviase un rey para que refrenase con todo el vigor posible sus licenciosas costumbres. Sonrióse el padre de los dioses al oír tal pretensión, y les echó una gran viga. Oyendo las ranas el estruendo que causó el madero al caer en las aguas, huyeron espantadas; pero para conocer al nuevo rey, sacó una de ellas la cabeza poco a poco, y viendo que era una viga, llamó a las demás, que se acercaron nadando y, sin miedo, se subieron encima y la ensuciaron, mientras pedían a voz en grito otro rey, porque aquél era inhábil para poderlas gobernar. Júpiter les envió entonces una cigüeña, que comenzó a comérselas una tras otra. Quejáronse amargamente a Júpiter las angustiadas ranas, suplicándole las librase de aquel tirano; pero el dios les contestó: -Sufrid las consecuencias de vuestra importuna súplica, y ya que con tanto afán pedisteis rey, ése reinará siempre sobre vosotras. Moraleja: Acontece a menudo que deseamos lo que después sentiríamos haber logrado”.

¿Les parece conocido el cuento? Sí, es así. Aún estamos sintiendo lo que deseamos como país en 1998, a alguien que pusiera orden. Pareciera que todos los venezolanos fuimos a pedírselo juntos en cola al dios Júpiter de la fábula. Y nuestra suplica fue concedida cuando nos llegó alguien que se está comiendo a las ranas en el más absoluto desorden. Pero este país merece algo más que el lapidario designio de Júpiter acerca del reinado eterno de ese rey.

Habían pasado pocos años desde 1998 cuando los venezolanos nos enteramos del talante de esa “cigüeña” que nos mando Júpiter. Y lo descubrimos como lo descubrió la zorra de la fábula “La zorra y el asno”:

“Un asno se encontró cierto día una piel de león, se vistió con ella, y así disfrazado, se dio a correr campos y bosques, sembrando el terror entre los otros animales. Habiendo encontrado una zorra, quiso espantarla, y para ello no se contentó con embestirla sino que, al mismo tiempo que tal hacía se le ocurrió imitar el impresionante rugido del león. – Señor mío, si os hubieseis callado, os habría tomado por león, como los demás animales, pero ahora que oigo los rebuznos os reconozco y no me dais miedo. Moraleja: Al hombre se lo conoce por sus acciones”.

¡Impresionante! Pareciera que Esopo vió en el tiempo la marcha de millones de “zorras” de Abril de 2002, cuando todas descubrimos cual era ciertamente el animal que estaba debajo de la piel del león. Y no le tuvimos igualmente miedo.

Y ahora, luego de muchos desaciertos la oposición entendió por fin la moraleja de “El León y los cuatro bueyes”:

“Cuatro bueyes que siempre pacían juntos en los prados, se juraron eterna amistad, y cuando el león los embestía, se defendían tan bien que jamás perecía ninguno. Viendo el leon que estando unidos no podía más que ellos, discurrió el medio de indisponerlos entre sí, diciendo a cada uno en particular que los otros murmuraban de él y que lo aborrecían. De esta manera logró infundir sospechas entre los bueyes, que al fin rompieron su alianza y se separaron. Entonces el león los fue matando uno a uno, y antes de morir el último buey, exclamó: - Solo nosotros tenemos la culpa, pues dando crédito a los malos consejos del león nos hemos separado, y así le ha sido fácil devorarnos. Moraleja: La unión da fuerza a los débiles: la discordia destruye a los poderosos.

Y así como los políticos aprendieron su lección en la unión, el 7 de Octubre veremos que el pueblo común ya aprendió la suya desde los tiempos en que pidió a Júpiter un rey, como en la fábula de “El gato y los ratones”:

“Eran muchos los ratones que cazaba cierto gato; pero, al fin, más advertidos aquellos, determinaron no bajar de los sitios altos y estarse siempre donde no pudiese alcanzarlos su incansable enemigo. No desmayó por esto el gato, sino que, fingiéndose muerto, se colgó por los pies de un madero que había en la pared. - Es inútil que hagas el mortecino, le dijo un ratón asomándose por un agujero, porque conozco tus mañas en términos que no pienso moverme de aquí. Moraleja: El varón prudente podrá ser engañado una vez, porque luego no fiará más en falsas palabras.

Y cual “varón prudente” el pueblo de Venezuela, en lección duramente aprendida, ya no confiará más en las falsas promesas del “mortecino” gato, que en buena interpretación actual de la fábula, hará eso y mucho más para quedarse. Espero en gracia de Dios y por la Venezuela que todos queremos, que todos los actores de estos cuentos hayan de verdad aprendido su lección.

Caracas, 2 de Marzo de 2012

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[1] El Tesoro de la Juventud, W.M. Jackson, Inc. Editores, Sexta Edición, 1965