viernes, 7 de marzo de 2014

Reinterpretando la Transición


Por Luis Manuel Aguana

Se perdieron los referentes políticos en Venezuela. Cualquier comparación con el pasado que se desee hacer en relación a un desenlace de la crisis que vive el país no pasa de ser más que un pronóstico bien intencionado, y en todo caso una aproximación sin variables valederas.

Cuando decimos que en Venezuela hace falta una TRANSICION haciendo referencia al documento de Venezuela Soberana-el cual suscribimos en su totalidad-, (ver documento en http://venezuelasoberana.com/urge-una-transicion-para-rescatar-la-democracia-en-venezuela/  y video en https://www.youtube.com/watch?v=nDcIjdYQ0BQ) se plantea una intervención con basamento constitucional de aquellos a quienes las Republica le confió sus armas, para neutralizar la violencia del régimen, estableciendo un orden de transición para el regreso de la democracia en Venezuela.

Eso ya ha pasado antes en Venezuela en varias ocasiones, razón por la cual esa referencia es válida, pero se encuentra ahora lamentablemente desactualizada. Y es por eso que aún no se han producido los cambios que lógicamente se habrían dado luego de casi un mes de caos en las calles, con una violencia del régimen en aumento, pero también con un coraje de la población también en aumento más que proporcional.

Es importante señalar que una situación como la que está planteada en Venezuela no es sostenible en el tiempo por ninguna de las partes en conflicto. Cualquier gobierno normal de cualquier país del mundo para este momento habría renunciado y dado paso a esa transición en la búsqueda de la conciliación y la paz entre sus habitantes. Pero este NO ES UN GOBIERNO, NI MUCHO MENOS NORMAL. Es un régimen autoritario que obedece a líneas de dominación desde el extranjero. De allí se desprende una primera diferencia referencial con el pasado.

El régimen está trayendo tropas desde su sede de verdadero gobierno-Cuba-, para aplacar la insurrección popular y está solicitando ayuda a aliados internacionales, China y Rusia. No van de ninguna manera a permitir dejar de dominarnos porque consideran a nuestro país como “territorio conquistado”. De allí su desprecio a cualquier disidencia o voz en contra de sus ejecutorias. Este conflicto dejo de lejos de ser comparable con cualquier cosa que hayamos hecho en el pasado. Tal vez lo que se asemeje más sea la Guerra de Independencia.

Por otro lado, no existe en la oposición ningún interlocutor que pueda representar de manera unificada a todo el mosaico de quienes enfrentamos con justa razón al régimen. Es por eso que por mas Mesas de Dialogo que llamen, nacional e internacionalmente, no encontrarán a nadie que pueda sentarse allí a representar a quienes se han levantado en contra de este estado de cosas, apartando el hecho cierto de que no hay nada que negociar.

La premisa militar según la cual se sustenta un cambio real del régimen no es cierta como si lo fue hasta el año 2002. Hasta ese año, un Comandante General del Ejército representaba una fuerza suficiente sobre la que podía decidirse poner orden en el país, como en efecto sucedió. Cualquier oficial de cierto rango podía disponer de la suficiente tropa para insurgir en contra del gobierno, como lo hizo el mismo Chávez en 1992. A partir de 2002 Chávez se encargó de desmantelar a las Fuerzas Armadas al punto que en este momento no existen unidades ni oficiales con suficiente mando de tropa o discrecionalidad operacional para poder decidir un cambio en la situación política del país. De allí se desprende una segunda diferencia referencial con el pasado.

Entonces, podría decirse que el juego está trancado. La población civil no cederá y tampoco el régimen, con la consiguiente y previsible violencia, ¿qué hacer? Los venezolanos no cederemos ante las pretensiones de un régimen de la naturaleza del que conocemos y que tratará de imponer por la fuerza un castro-comunismo que rechazamos.

En ese escenario, donde no existen voces con suficiente autoridad política como en el pasado, que puedan encausar y representar la protesta generalizada del país, con unas Fuerzas Armadas no ya al servicio de la democracia y sus instituciones sino de un régimen dictatorial castro-comunista, la transición de la cual hemos venido conversando debe ser reinterpretada.

La transición no se dará en los términos en los que históricamente se ha dado. Caeremos en ella tarde o temprano, ya sea porque el país sea lo suficientemente ingobernable para que estos invasores y sus títeres lo puedan manejar, o bien para que efectivamente se recuperen las Fuerzas Armadas de la mano de una mayoría de oficiales que rechacen matar venezolanos por ordenes ilegitimas de amos extranjeros.

No me detendré en cómo se podrá llegar a ese punto de quiebre. Eso lo decidirán fuerzas que tendrán que caer en cuenta que este régimen y la forma de vida que conlleva para los ciudadanos es inviable en nuestro país. Luego de ese quiebre, debemos pasar por un proceso de reconstrucción institucional de las manos de ciudadanos de indiscutible probidad.

Si bien es cierto que los extraordinarios Manifiestos del Movimiento Estudiantil a la Nación y a los militares son una importante-y única-, referencia de resistencia opositora e invocación a que cese la represión y los atropellos en contra de la población civil, no marcan el camino político de enrumbar a la nación porque esa carga no debe descansar solamente sobre los estudiantes.

Ante la ausencia total de una guía política, debido al total descalabro de una oposición que se entregó al régimen, esos referentes deben recaer sobre personas de reconocida solvencia moral y política que puedan representar un modelo para el país. Y estos deben comenzar a salir inmediatamente en la escena nacional y presentarse ante la población que espera respuestas acerca del rumbo que tomará un país que está sumido en una total incertidumbre.

Ese periodo será vital para el próximo siglo de Venezuela y no debe ser conducido por ninguno de los liderazgos políticos que hasta ahora se pelean por las preferencias electorales de los venezolanos, porque entonces caeríamos de nuevo en el reparto del botín político de los vencedores, comenzando un nuevo ciclo de “quítate tu pa’ ponerme yo” que le ha hecho tanto daño a Venezuela y que nos ha traído hasta aquí. Ese sería el periodo transicional más duro de la historia y las decisiones que se deberán tomar serán muy impopulares dada la magnitud de los problemas que se dejarán. Esta es una tercera diferencia referencial con anteriores transiciones.

Ese período intermedio debería, como mínimo, reconstruir la institución electoral, judicial y militar, combatir los efectos de la terrible crisis económica, poniéndole orden al caos de la inseguridad, para luego convocar al Constituyente y llamar a Elecciones Auténticas para preparar el regreso del sistema de partidos.

Eso dicho de una manera sencilla es sumamente difícil de llevar a cabo. No es de ninguna manera la forma en que se han conducido en el pasado las transiciones y es por eso que debemos olvidarnos de esos modelos, reinterpretando la transición para un tiempo sumamente más complejo. Pero soy optimista de su posibilidad porque pasa por la voluntad inquebrantable del pueblo venezolano de vivir en democracia. Y eso no necesita interpretaciones…

Caracas, 7 de Marzo de 2014

Twitter:@laguana

lunes, 3 de marzo de 2014

Somos mayoría, ¿qué sigue?


Por Luis Manuel Aguana

Las impresionantes manifestaciones vistas en los últimos días en toda Venezuela solo son comparables a la megamarcha del 11 de abril de 2002 en Caracas. Incluso podría decirse que siendo a nivel nacional, todas las marchas conjuntamente desbordan aquella que logró la histórica renuncia “la cual acepto”. No cabe dudas de que somos mayoría. El pueblo venezolano ha manifestado con su presencia en la calle el verdadero resultado de las elecciones del 7-O y 14A. Seguir diciendo que el país está dividido en dos es reivindicar una mentira del régimen y la oposición colaboracionista.

Siempre hemos señalado que sacar esa cuenta basada en los números del CNE en manos de los cubanos era tomar decisiones sustentadas en la basura informativa del régimen. Por eso esconden o tergiversan las estadísticas de todo en el país. Nadie sabe realmente nada, ni siquiera cuantos enfermos de tuberculosis tenemos. Realizar análisis basados en los resultados de los últimos procesos electorales es tomar decisiones equivocadas sustentadas en lo que el régimen desea que veamos.

Sin embargo, lo que veo de analistas nacionales e internacionales, es que la crisis por la que pasa el país es que “dialoguemos” entre dos bandos, como si en realidad los hubiera y no los hay. Lo que existe es un régimen entronizado intentando imponer una manera de ver al mundo que fue derrotada en 1989 cuando cayó el Muro de Berlín, y una población que no se deja. Un conflicto que no hemos iniciado nosotros los venezolanos sino un régimen intentado meternos en un corsé comunista. Eso no nos deja muchas opciones. Y en un escenario planteado de esa forma NO HAY DIALOGO POSIBLE.

Entonces los análisis deben ser ubicados en ese contexto, no en otro. No puede ningún gobierno del planeta sugerir un “dialogo” entre partes en conflicto, no puede una OEA plantear una nueva Mesa de Negociación y Acuerdos porque aquí no hay nada que negociar. Imagino que no se pueden plantear opciones como que negociemos ser “menos” comunistas, o que haya “un poco más” de libertad de expresión, o tal vez que haya “menos” presos políticos. Una mujer nunca esta “medio preñada”. Está o no está preñada. Y en Venezuela lo que está planteado es que seamos o no seamos comunistas, de esto es de lo que se trata.

En este sentido, cualquier llamado o propuesta que se haga para resolver la situación del país- en especial aquellos de la llamada “Unidad”-, que NO incluya a) La Renuncia Inmediata de Nicolás Maduro Moros, su Tren Ejecutivo y Alto mando Militar, b) La salida inmediata de Venezuela de todo el personal civil y militar cubano que ha introducido el gobierno al país; y c) El llamado a un gobierno de TRANSICION para afrontar la crisis que el régimen ha producido, debe en justicia ser considerado como un engaño a la población y un atraco en descampado a las banderas que ha enarbolado el glorioso movimiento estudiantil, en un vano intento de ganar “indulgencias con escapulario ajeno”.

Imagino que la comunidad de las naciones está muy al tanto de este dilema venezolano. Muchos están interesados en el desenlace de esta grave situación. Cuba y las FARC están muy interesadas que en Venezuela exista un régimen comunista. Pero las calles han demostrado que no existe una mayoría que desee el sistema que tiene Cuba. Y no estoy hablando de los resultados del CNE de Tibisay Lucena sino el de las calles estos últimos días. Y como la mayoría ya nos hemos pronunciado, no en las maquinitas SmartMatic sino en las calles de Venezuela, la pregunta que inmediatamente sale es ¿por qué seguimos en esta confrontación? ¿Por qué la mayoría no se ha impuesto?

La mayoría no se ha impuesto porque no tenemos un gobierno democrático. Parecería una respuesta de Perogrullo pero no lo es. Y ese es el verdadero fondo del problema. No hemos tenido un gobierno democrático desde que nos hacen trampas en los procesos electorales. Y eso tarde o temprano se hace evidente, como ahora. Desde que en la Constituyente de 1999 Chávez hizo trampas con sus Bases Comiciales hasta la negación de una auditoria real de las elecciones de 14A, la voluntad del pueblo venezolano no se ha expresado y esa voluntad tarde o temprano termina por expresarse.

En ese sentido ya no hay manera de ocultar cual es el deseo de las mayorías: QUE EL REGIMEN SE VAYA. Y si el pueblo en la calle es la verdadera expresión de la voluntad popular entonces no le quedará más a sus órganos regulares sino acatar esa voluntad. No estamos hablando aquí que las Fuerzas Armadas den un golpe por su cuenta sino de QUE ACATEN EL MANDATO DE LA MAYORIA, restituyendo el cauce constitucional. Es eso lo que estamos pidiendo aquí.

Y hasta aquí nos trajo la lógica. Una mayoría exigiendo a sus militares que actúen y estos acatando su mandato, tendría que ser lo que pase Y NO ESTA PASANDO. El régimen, que desde hace tiempo dejo de ser democrático, se defiende con más represión. Importa tropas cubanas para reprimir a los venezolanos, agravando más el cuadro de su inestabilidad. Más heridos y muertos, en un intento de recuperar el control del país.

Pero solo tienen una ilusión de control, ya el país no les obedece porque tienen años de no ser legítimos, desde que se robaron la Constituyente de 1999 con unas Bases Comiciales trampeadas. Un país obedece solo a sus autoridades legítimamente constituidas y ese no es el caso del Ilegitimo y su gobierno. Nunca tendrán la estabilidad porque carecen de su base fundamental de sustentación: la legitimidad.

Y entonces ¿qué sigue después de demostrar que somos mayoría? ¿Traerse a todo el ejército cubano y dominarnos? ¿Matar a cualquiera que ejerza su derecho de manifestar? ¿Cerrar al Estado Táchira o cualquier otro Estado luego, como un mega guetto en Venezuela? ¿Pagarle más a los motorizados de los colectivos para asesinar y amedrentar las protestas? ¿Quién puede sostenerse más en su posición, un pueblo arrecho o un gobierno débil y boqueante por legitimidad? Son las preguntas que deberán estar haciéndose en el gabinete del Ilegitimo y su Alto Mando Militar.

Por su lado los cubanos deberían estar preguntándose si no se equivocaron con nosotros. ¿Cuántos efectivos están dispuestos a sacrificar si las cosas se ponen más negras para ellos en Venezuela? ¿Cuántos de esos no buscarán desertar estando ya en el país a la primera oportunidad? ¿Cuántas Avispas Negras de esas nos van a echar para que nos piquen y a quienes, vista toda la observación mundial de las redes sociales? ¿Cuánto más durará Maduro? Si bien es cierto que es un títere, no están al tanto de saber cuál será la evolución de los acontecimientos, y aunque ahora lo controlen puede ser que las cosas se volteen y venga otro que las ponga en otra perspectiva. Y en esa incertidumbre, ¿cuánto tiempo seguirán apostando a un gobierno tan débil como este? ¿No será mejor parar y hacer control de daños?

Pero si por el contrario su escenario único en Venezuela es del todo o nada-lo cual es muy probable-, lamentablemente el resultado será nada y bien harían en evaluar esta situación de nuevo. Si piensan que la gente en todo el país se regresará a sus casas después de todos esos muertos sin una contraprestación que valga esas tragedias, el tiempo que llevan en Venezuela no les ha servido de nada.

Si de una manera criminal el régimen lleva a los venezolanos a caer en una guerra civil, estoy seguro que esta nunca se planteará entre nosotros sino en contra del invasor cubano, partiendo de la unión de nuestras Fuerzas Armadas no cooptadas y la población civil. Y me imagino que sabrán cómo terminará solo viendo en las calles del país quienes somos la mayoría...Y también me imagino que saben que el mejor pleito es el que no se hace.

Caracas, 3 de Marzo de 2014

Twitter:@laguana