lunes, 14 de junio de 2021

Vacío y usurpación

Por Luis Manuel Aguana

English versión 

“Existe “vacío de poder” cuando “el poder está vacío,” es decir, cuando nadie lo está ejerciendo. Por tanto, no puede haber “vacío de poder” cuando alguien está ejerciendo el poder, así sea ilegítimamente. En este caso, lo que habría es usurpación de autoridad” (ver Mensaje de Twitter del Dr. Allan Brewer-Carias fechado el 7 de Enero de 2019, en  https://twitter.com/arbrewercarias/status/1082274711214739458). Ante esa definición de “vacío de poder” del Dr. Allan Brewer-Carías, reconocido constitucionalista venezolano, difícilmente podría esgrimirse que en Venezuela exista un vacío de poder sino una usurpación del poder. Esto de ninguna forma significa que de igual manera no tengamos que llenar la “vacante” del poder usurpado con una autoridad legítima. Eso es lo que todavía sigue pendiente en Venezuela.

De allí que me extrañe notablemente que los políticos hayan abandonado la famosa ruta del “cese de la usurpación” de Nicolás Maduro Moros, indicando que eso fue un “error”, razón por la cual nace con renovado interés y entusiasmo la negociación de la oposición con el régimen, camino que por cierto ninguno de ellos abandonaron nunca, haciéndole creer a los venezolanos que había un verdadero interés en salir de Maduro y sus delincuentes, “dándose cuenta” ahora que la cosa no sería tan fácil como se había pensado.

Pero como se dice en el interior del país, “se cayeron de un coco”. Los venezolanos reafirmamos el cese de la usurpación de Nicolás Maduro Moros y lo transformamos en un mandato constitucional a través de una Consulta Popular vinculante, establecida como uno de los medios de participación política del pueblo venezolano en nuestro texto fundamental.

Esto es, ya no es una opción de los políticos decidir si negocian o no con Maduro en el poder. Ya no tienen esa opción. Y voy más allá: quienes están intentando negociar por nosotros dejaron de tener la representación interna legitima para poder hacerlo a partir del 5 de enero de 2021. Y si es del caso que se presente alguna negociación en el futuro por quien tenga la legitimidad para poder hacerlo por los venezolanos, la primera exigencia tiene obligatoriamente que ser que Maduro se separe del poder para pensar sentarse en una mesa.

Esto tal vez no lo entiende muy bien la Comunidad Internacional y por eso hay que explicárselos muy bien. Pero eso tampoco es del interés, por razones obvias, de quienes se atribuyeron la supuesta capacidad para negociar por los venezolanos fuera del país sin tener el respaldo popular. Ese respaldo vence cada 5 años de acuerdo a nuestra Constitución vigente. Y el de la Asamblea Nacional legítima venció, como ya indiqué, el 5 de Enero de 2021. No es cuestión de decidir que parte de la Constitución aplicamos y cual parte no porque nos interesa. Y al no existir otra Asamblea Nacional legítimamente electa -porque los venezolanos rechazamos contundentemente la elección parlamentaria del régimen del 6 de diciembre de 2020 en una Consulta Popular- mal podría nadie asumir una representación de los venezolanos para absolutamente nada fuera de Venezuela, así la Comunidad Internacional reconozca un fuero que ya no existe dentro del país.

¿Adónde nos deja todo esto? Como bien dijo el Dr. Brewer-Carias, no existe “vacío de poder” cuando alguien lo está ejerciendo aunque sea ilegítimamente. Fundamentándonos en lo anterior, Juan Guaidó Márquez es tan ilegitimo y usurpador como Nicolás Maduro Moros. Pero nadie en el reino de Venezuela se atreve a decir que el rey está desnudo, en especial aquellos que deben y tienen la obligación moral con los venezolanos de pronunciarse para indicar jurídicamente la situación legal del Presidente Encargado, como Presidente y como Diputado, así como el resto de sus colegas parlamentarios. Las razones pueden ser muchas, desde no querer meterse en esas profundidades del desastre venezolano, hasta simplemente un encubrimiento inexplicable pero a la vez insostenible. No en vano dicen que en Venezuela existe una sociedad de cómplices. Esta sería una dura demostración de eso.

El 1ro de Junio de 2018, fecha donde todavía ni siquiera se vislumbraba la existencia de un oscuro diputado llamado Juan Guaidó, un grupo de venezolanos donde me honró participar, asistidos por los distinguidos juristas venezolanos, la Dra. Blanca Rosa Mármol de León y el Dr. José Vicente Haro, introdujimos un Recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia legítimo, con el objeto de ejercer una “Acción Innominada con el objeto de solicitar a ese Tribunal Supremo de Justicia, realizara las actuaciones que fueren necesarias para crear las condiciones requeridas, con base en los Principios Fundamentales de la Constitución, para la designación de un Gobierno de Emergencia Nacional que tenga por objeto el restablecimiento del orden constitucional y democrático en Venezuela” (ver Recurso completo dirigido al TSJL, en https://tinyurl.com/3dt6e2vx).

En ese Recurso esgrimimos las razones constitucionales e institucionales para que ese legítimo Tribunal Supremo de Justicia cubriera el “vacío de poder” existente en la Venezuela de ese entonces, producto de la vacante usurpada ilegalmente por Nicolás Maduro Moros, solicitando que ese Alto Tribunal designara un Consejo de Gobierno de Emergencia Nacional para garantizar una transición aplicando los principios, valores y pilares fundamentales de la Constitución venezolana como garante de la supremacía y efectividad tales principios, todo ello conforme a lo establecido en los artículos 1, 2 3, 5, 6, 7 y 335 de la Constitución”; y que nombre un Gabinete que realmente tome las decisiones que el interinato nunca tomó en más de dos años de ejercicio, acordes con la situación de usurpación de Nicolás Maduro Moros, como por ejemplo la designación de un Alto Mando Militar legitimo a quien puedan responder los oficiales activos todavía leales a la democracia.

En ese sentido solicitamos al TSJL realizara todo tipo de consulta a la sociedad civil, factores políticos, académicos, gremiales, empresariales, sindicales, eclesiásticos, institucionales y aquellas consultas públicas que fueren procedentes y/o necesarias de acuerdo con el artículo 70 de la Constitución, para garantizar la integración más legítima, idónea, plural e independiente de venezolanos comprometidos con rescatar la democracia en Venezuela y restablecer el orden constitucional, todo lo cual debe ser salvaguardado por ese Tribunal Supremo de Justicia legítimo, como garante de la supremacía constitucional y de los valores, principios y normas de la Carta Fundamental venezolana” (Pág. 10 del Recurso).

¿Por qué creen ustedes que los políticos “opositores” que todos conocemos, y que ahora tratan de negociar por nosotros, se movieron como unos tigres para que ese “vacío de poder” fuera constitucionalmente cubierto en la siguiente y última legislatura del año 2019? Precisamente para evitar que todos los recursos legales –porque no solamente el nuestro estaba en curso- y en particular ese  “vacío de poder” que había sido llenado por un usurpador, fueran decididos en el más alto Tribunal de la República legítimamente sin la intervención de ellos, perdiendo el control de la situación política en Venezuela. Cerraron el vacío con la designación de Juan Guaidó en enero de 2019 como Presidente de la Asamblea Nacional y posteriormente como Presidente Encargado el 23 de enero de ese año.

A pesar de toda esa maniobra quienes estábamos esperando un fallo del TSJ legitimo en relación con ese “vacío de poder” nos quedamos satisfechos, esperando que esa designación abriera los caminos para el desalojo del usurpador. Pero eso no ocurrió y ahora estamos peor que a finales de 2018 en todos los sentidos. Se quedaron con la batea pero no lavaron la ropa, como decimos en Venezuela. Y todavía muchos aquí se atreven a decir que no son un obstáculo para salir de esta desgracia.

Ahora con dos usurpadores que no tienen el respaldo de una elección legítima de los venezolanos, se justifica doblemente lo que solicitamos el 1ro de Junio de 2018 al Alto Tribunal de la República en el exilio para que un Consejo de Gobierno de Emergencia Nacional, no solo decida una transición estable en el país sino que convoque a un proceso Constituyente, y posteriormente a elecciones libres, justas y verificables, como se hizo en Venezuela en 1946. Tenemos tradición republicana de sobra para encausar al país y más aun venezolanos dispuestos a realizarlo. Esta es otra manera de enfocar el problema y que termina en lo mismo que siempre hemos sostenido: ¡Que el pueblo venezolano decida!

Caracas, 14 de Junio de 2021

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sábado, 12 de junio de 2021

Dos Constituyentes

Por Luis Manuel Aguana

English version

Pareciera que en Venezuela no han ocurrido antes procesos Constituyentes, al punto que cuando alguien toca el tema, el rechazo es inmediato. Y esto es muy lamentable dada la profunda significación histórica que han tenido estos procesos en la transformación de la realidad política de Venezuela. Y la razón es por todos conocida: Chávez uso un proceso Constituyente, herramienta que ha sido parte de nuestra reserva histórica, para destruir la institucionalidad venezolana y fabricarse una Constitución a la medida, que si bien es cierto, incorporó aspectos muy importantes en la defensa y protección de los Derechos Humanos (derechos que pisoteó a niveles nunca antes vistos en Venezuela), también destruyo otras importantes instituciones de mucho arraigo en Venezuela, como la representación federal de los Estados con la desaparición del Senado, y la centralización de los ascensos militares de los altos rangos de las Fuerzas Armadas, en la persona del Presidente de la República, acto considerado como el primer paso de la destrucción actual de esa institución fundamental de la defensa de nuestra democracia y del país.

Sin embargo, aunque la historia reciente haya sido traumática para el país a partir de la Constituyente de 1999, esto de ninguna manera significa que olvidemos la trascendencia única que estos procesos han tenido en nuestra tradición republicana para reparar el inmenso daño ocasionado al país, y que solo pueden ser abordados si los venezolanos comprendemos a cabalidad la necesidad de convocarnos de nuevo, pero sobre unas bases completamente diferentes, con el principal objetivo de recoger los pedazos de un país y un Estado que han sido deliberadamente desmontados por una tiranía de criminales. De eso se trata este esfuerzo de información que hacemos desde esta tribuna.

No es la primera vez que Venezuela aborda un proceso Constituyente. Y así como la Constituyente de 1999 produjo una Constitución que fue utilizada por unos criminales para desmontar al Estado y arruinar a los venezolanos, también existieron Constituyentes realizadas para construirlo por venezolanos insignes. Por motivos de espacio solo me referiré a una Constituyente muy significativa en la historia de Venezuela que produjo la primera Constitución del siglo que reconoció los derechos civiles de los venezolanos, y en especial los derechos de nuestras mujeres. Ese proceso no surgió de una Consulta Popular, y fue convocado por una Junta de Gobierno producto de un Golpe Militar, que la historia actual conoce la Revolución de Octubre de 1945:

“El 18 de octubre de 1945 un grupo de militares con la ayuda del partido Acción Democrática da un golpe de Estado al presidente Isaías Medina Angarita en lo que ellos denominaron la Revolución de Octubre, ante la falta de legitimidad de esta nueva Junta Revolucionaria de Gobierno se decide convocar a elecciones para elegir 160 constituyentes en 1946; serían estos constituyentes los que derogarían la constitución de 1936 reformada nueve años después, entre los constituyentes más destacados se encontraban Andrés Eloy Blanco, Rafael Caldera, Gustavo Machado y Lorenzo Fernández entre otros”. (resaltado nuestro) (ver Constitución de Venezuela de 1947, en  https://es.linkfang.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_Venezuela_de_1947).

Es interesante la precisión que hace el texto en el sentido de que “ante la falta de legitimidad de esta nueva Junta Revolucionaria de Gobierno” decidieron convocar a elecciones para elegir Constituyentes. Y aunque esa no haya sido solamente la única razón, ciertamente la situación de inestabilidad política del país de entonces así lo reclamaba. No fueron directamente a elecciones libres. No. Fueron a un proceso de elección de Constituyentes para una Asamblea que elaboró una nueva Constitución que promulgaron el 5 de Julio de 1947, y que estableció las bases para una elección presidencial, con el consiguiente cambio institucional del país.

El nivel de quienes estuvieron en esa Constituyente que sesionó desde el 17 de diciembre de 1946 hasta la promulgación de la Constitución el 5 de julio de 1947, fue lo más iluminado de la intelectualidad política del país. Una Constituyente que se dio el lujo de tener al poeta Andrés Eloy Blanco a la cabeza. La Constituyente de 1946-1947 es un ejemplo de que los venezolanos si podemos darnos un texto Constitucional digno de nuestra nacionalidad y nuestro gentilicio histórico, con lo mejor de nuestra sociedad. Y que el hecho de que un golpista nos hubiera estafado con una Constituyente que en 1999 introdujo elementos nocivos para la institucionalidad venezolana, no implica que no seamos capaces de reparar esa situación, resurgiendo y dándonos una Constitución que merezca este bravo pueblo.

Nótese que el procedimiento seguido para convocar a esa Constituyente en 1946, no siguió la ruta de la convocada en 1999. La Junta Revolucionaria de Gobierno tomo las previsiones con el suficiente tiempo para abordar ese proceso a conciencia: “El Decreto número 52 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, dictado en 17 de noviembre de 1945, creó una Comisión Preparatoria para el estudio y redacción de dos Proyectos, uno de Estatuto Electoral y otro de Constitución, a los fines de "facilitar las tareas de la Asamblea Nacional Constituyente, presentándole, para su libre y soberana consideración, un Proyecto de Constitución Nacional que consagre las aspiraciones democráticas del pueblo que proclamo el movimiento revolucionario” (ver Gonzalo Parra Aranguren, La Nacionalidad Venezolana Originaria, Cap. 7, Pág. 400, Constitución de 5 de Julio de 1947, en http://acienpol.msinfo.info/bases/biblo/texto/L-1346/A-07.pdf).

En otras palabras, la Junta tenía claro el cómo se elegiría el cuerpo colegiado y el qué se iba a discutir en el seno de esa Asamblea Constituyente. Por supuesto que ese proceso respondía a un proyecto de país bien pensado y macerado por los políticos que impulsaron el movimiento que dio como resultado esa Junta Revolucionaria de Gobierno y que luego se transformo en hechos a través de una Constitución que le dio derechos civiles a los venezolanos.

Es decir, la Constitución de 1947 no nació de la manipulación de un Kino electoral para quedarse con la mayoría del voto constituyente, ni de lo que se le ocurría todos los días a un megalómano en Miraflores en el transcurso de las sesiones con el objeto de centralizar en sus manos la Soberanía Popular. No. Nació de un proyecto pensado para el bienestar de los ciudadanos. Menuda diferencia…De allí que los venezolanos de este siglo no debemos ni podemos confundir el instrumento con el que lo usa, analizando detalladamente las propuestas que se le hacen al país.

Venezuela necesita en este momento la aplicación urgente de un instrumento capaz de lograr lo que los venezolanos de 1947 lograron. Estas dos Constituyentes, la de 1946-1947 y la de 1999 son las dos caras de una misma moneda de lo que se puede lograr con un proceso como ese. Así como existe Dios, en contraposición existe el Diablo. O se construye o se destruye un país. Es un arma poderosísima para volver al país a su cauce de libertades y construir instituciones, que es lo que precisamente nos hace falta ahora. Es un instrumento no para “salir de Maduro” y su régimen sino para enderezar el rumbo perdido de los venezolanos. Y al enderezarlo saldremos del régimen como consecuencia.

Mejor no lo pudo expresar el Dr. Allan Brewer-Carias en 1999 cuando le pedía a los políticos de ese entonces hacer bien lo que termino haciendo mal el golpista de Sabaneta de Barinas: “Como hemos dicho, los venezolanos de este final del Siglo XX no nos merecemos tener que esperar una ruptura constitucional para convocar al pueblo. En la situación de crisis política terminal actual, producida por el deterioro de los partidos políticos que a partir de 1958 asumieron el monopolio del Poder y de la representatividad y participación democráticas; y por el deterioro del Estado centralizado por su ineficiencia, la posibilidad de convocatoria de una Asamblea Constituyente, en democracia, es la vía más adecuada para evitar la ruptura del proceso democrático, resolver la crisis, formular un nuevo pacto social constitucional y un nuevo proyecto político, que garantizando la democracia, abra nuevos canales de participación y descentralice territorialmente al país.” (Allan R. Brewer-Carías, Asamblea Constituyente y Ordenamiento Constitucional, No. 53, Biblioteca de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Serie Estudios, Caracas, 1999. http://allanbrewercarias.com/biblioteca-virtual/asamblea-constituyente-y-ordenamiento-constitucional/). Lamentablemente ese grito fue desestimado y como bien decía el insigne educador brasileño, Paulo Freire, “El problema de América Latina es que mientras el sabio duda, el ignorante actúa”. Y el ignorante actuó. No dejemos que eso nos vuelva a pasar…

Caracas, 12 de Junio de 2021

Nota final: El día de hoy la Alianza Nacional Constituyente Originaria, ANCO, fijo su posición en relación a la crisis política y al rumbo que debe seguir el país para salir de esta crisis trágica donde nos han sumido a los venezolanos (ver  Comunicado ANCO a los venezolanos y la Comunidad Internacional: La crisis es del pueblo venezolano y solo el pueblo venezolano debe resolverla, https://ancoficial.blogspot.com/2021/06/anco-los-venezolanos-y-la-comunidad.html). Considero muy pertinente no dejar de mencionar en esta nota esta posición revestida de una seriedad indiscutible frente aquellos que sin tener la legitimidad necesaria para representarnos en  mesas de diálogo o negociación, por cuanto ninguna de ellas privilegian los principios y valores que constituyen a nuestra nación, no gestionan el cumplimiento en la práctica de las Consultas Populares, ni atienden el clamor de las mayorías que se ausentaron de las elecciones ilegitimas presidencial y parlamentarias de 2018 y 2020. En tal sentido, no podemos dejar de advertir que quienes fungen como representantes de la oposición, perdieron la representación legítima del pueblo venezolano al concluir su mandato el 5 de enero de 2021 y en consecuencia, el pueblo debe desde ahora decidir su destino. Hay un vacío de poder en Venezuela que debe ser llenado por una representación constituyente y legitima de los venezolanos. ¡Que el pueblo decida!

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