viernes, 15 de septiembre de 2017

Subdesarrollo conejil

Por Luis Manuel Aguana

Como nuestro idioma es en realidad complicado, es posible que el titulo de esta nota se confunda con alguna suerte de conejos subdesarrollados. Para nada. Se trata más bien de una variante del subdesarrollo mental de la cual ha hecho gala recientemente el régimen de Nicolás Maduro como su respuesta a la crisis alimentaria que azota nuestro país precisamente por culpa de ellos mismos, quienes redujeron a cenizas el aparato productivo de Venezuela, y ahora se sacan de la chistera un conejo, cuales magos de un circo, pero sin pan (ver El “Plan Conejo”: la insólita medida de Nicolás Maduro para enfrentar el hambre en Venezuela, en https://www.lapatilla.com/site/2017/09/13/el-plan-conejo-la-insolita-medida-de-nicolas-maduro-para-enfrentar-el-hambre-en-venezuela/).

Resulta impresionante que todas las “soluciones” que el madurismo, y el propio chavismo en su oportunidad, le dieran a los problemas de nuestra economía, o cualquier otra área compleja del sector público, sea enfrentándolos con medidas que se corresponden a lo que informalmente llamamos los venezolanos, “un rancho en la cabeza”, muy propio de aquellos que sin tener ni idea de lo que hay que hacer, improvisan soluciones insólitas una y otra vez, sin más referencia que aquella que proviene de la marginalidad donde han vivido y que se han traído en la cabeza en el ejercicio de funciones de gobierno.

La implementación a juro de los famosos “gallineros verticales” para proveer alimento en los hogares venezolanos, suprimir de la noche a la mañana los billetes de 100 una semana antes del 24 de diciembre de 2016, esconder el efectivo “para evitar la inflación”, insistir y profundizar la política de congelación de precios de los productos de primera necesidad, a sabiendas de que desaparecerán y se comenzarán a mover en el mercado negro (por supuesto a través de sus propias mafias de bachaqueros, principalmente de militares) solo demuestran que cada experimento sale de esa misma forma improvisada producto de una mentalidad “rancho” para resolver los problemas que cada vez aumentan en gravedad y complejidad. Y ahora, son los conejos de Bernal ante la hambruna del país. Daría risa si no fuera tan patético.

Ese “rancho en la cabeza” no se puede corregir: La condición nada tiene que ver con niveles económicos o educativos. Incluye a muchos nuevos ricos, y a quienes transitan universidades sin lograr verdadera educación. Son la antítesis de tantos pobres dignos, repletos de autoestima. Está bien comprobado que se puede ser general, ministro o presidente y mantener la más profunda marginalidad mental…” (ver Antonio A. Herrera-Vaillant, Rancho en la cabeza, en http://www.eluniversal.com/opinion/141002/rancho-en-la-cabeza).

Quise precisar el adjetivo “conejil” al subdesarrollo mostrado con esa nueva medida (conejil, 1. Adj. Perteneciente o relativo al conejo, DRAE) porque quienes nos desgobiernan son el caso más patético de subdesarrollo mental gobernando a un país, que aunque no lo parezca, es lo verdaderamente grave, y lo más peligroso de la larga lista criminal de lo que estamos enfrentando los venezolanos. Ya los analistas internacionales mencionan esta nueva “ocurrencia” del régimen rebautizando al Ilegitimo como Nicolás “Deja que coman conejos” Maduro (Nicolas “Let Them Eat Rabbits” Maduro) (Ver Trump voters, Venezuela’s rabbits, and human rights goes to the movies, en https://medium.com/signal-geopolitics-made-simple/trump-voters-venezuelas-rabbits-and-human-rights-goes-to-the-movies-38410461e785).

Medidas como esta no pueden llamar a risa sino a mucha preocupación. No es un nuevo “gallinero vertical” más, sino una manera consistente de entender y enfrentar la realidad, y que sin importar los resultados, define con precisión como conciben el ejercicio del gobierno y su trato a los gobernados, más allá de lo que hemos visto hasta ahora.
En 1985, Lawrence Harrison, un profesor de la Universidad de Harvard, publico una investigación bajo el título “Underdevelopment is a state of mind: The Latin American case” (El subdesarrollo es estado mental: el caso latinoamericano). En este trabajo Harrison llega a conclusiones como estas: “La razón del desarrollo está en la capacidad humana.” “La causa del bienestar radica en las habilidades de los humanos, habilidades para imaginar, inventar, investigar, solucionar, realizar y hacer mil cosas que constituyen el bienestar.” “Cierto, hay otras variables que influyen en el logro del bienestar. Está el clima, la geografía, la historia, las leyes. Pero la variable clave es el talento de los hombres.” (ver resumen en Subdesarrollo mental, en http://contrapeso.info/1999/subdesarrollo_mental/). (resaltado nuestro).
A esa misma conclusión había llegado nuestro Arturo Uslar Pietri en “La cárcel del subdesarrollo” (Arturo Uslar Pietri, artículo publicado en Periódico El Tiempo de Bogotá el 28 de Mayo de 1985, http://tinyurl.com/y7e5joxa) pero agregaba que con esa mentalidad subdesarrollada venia incluida la “noción de repudio a la excelencia, que a veces lleva a una conformidad casi jactanciosa con la medianía y con el mínimo esfuerzo, casi como inconsciente respuesta del favorecido ante el privilegiado.”. Ese es el odio mediocre y resentido, que va con la resistencia de esta gente a hacer las cosas bien porque de otra manera serían “capitalistas”, haciendo de la misma condición de subdesarrollo una “afirmación de identidad” como lo indicaba Uslar, generándose una dinámica permanente de cosas mal hechas y decisiones mediocres, que es precisamente donde nos encontramos atrapados.

Había una claridad meridiana de Uslar en ese concepto: “…La excelencia no es un privilegio de las naciones prósperas,  sino un estado de ánimo que todos los hombres pueden llegar a alcanzar. Se trata de llegar a comprender que todos los seres humanos, en todos los quehaceres de la vida, pueden aspirar y alcanzar la excelencia. Todo hombre puede dar más de sí de lo que ordinariamente da, sobrepasar el nivel de rendimiento con el que podía contentarse, fijarse metas más altas y exigir más de sí mismo. No contentarse con lo fácil, lo a medio hacer, lo fallo, lo suficiente para salir del paso…”. Yo añadiría que la excelencia, además, es una actitud ante la vida.

El subdesarrollo conejil de Maduro y Bernal, así como la mediocridad de ese pobre planteamiento de recuperación de nuestra independencia alimentaria, producto de su “rancho en la cabeza”, es todo lo contrario a la esencia misma del venezolano, quien  ha demostrado una conducta diferente en el transcurso de su historia. Tengan la seguridad que un pueblo que salió a dar –no a recibir- libertad fuera de sus fronteras no cría conejos para sobrevivir. Eso es una demostración de que solo un accidente fatídico en nuestro devenir histórico, del cual saldremos más temprano que tarde…

Caracas, 15 de Septiembre de 2017

Twitter:@laguana