martes, 26 de noviembre de 2013

Rebelión Civil


Por Luis Manuel Aguana

Agradezco al Dr. Alfredo Coronil Hartmann por la publicación en su blog Para rescatar el porvenir, de un importante documento histórico, que no por tener casi 61 años, no está menos vigente. Su autor, Alberto Carnevali, dirigente político en la clandestinidad y Secretario General de su partido, fue el responsable de dar la respuesta política al fraude perpetrado por la dictadura de Perez Jiménez en el proceso para elegir la Asamblea Constituyente en 1952.

Les invito, como bien lo hace también el Dr. Coronil Hartmann, a leer el documento completo titulado “A la Rebelión Civil llama Acción Democrática” fechado el 24 de Diciembre de 1952 (ver http://pararescatarelporvenir.blogspot.com/2013/11/a-la-rebelion-civil-llama-accion.html).

Impresiona el parecido de la circunstancia histórica que se vivió en aquella época que relata con precisión Carnevali, con la realidad que estamos viviendo los venezolanos de estos tiempos. Una dictadura que se roba las elecciones, atropellando la voluntad de un pueblo que quiere un cambio y pretende esconderse detrás de las Fuerzas Armadas para perpetuarse en el poder.

Y ellas, aun sabiendo que se ha perpetrado un fraude electoral descarado, sostienen al dictador. El llamado es entonces al rescate civil de la institucionalidad, propiciando “de la manera más resuelta un permanente estado de rebelión civil, una indesmayable ofensiva de oposición popular, que mantenga agresivos y encrespados los ánimos de todos los venezolanos contra la humillación de que somos víctimas para impedir en todo momento que la dictadura de Pérez Jiménez se estabilice sin resistencia. Una rebelión de opinión que obligue a las fuerzas armadas –mediante la poderosa presión de todos- a libertarse también ellas del deshonroso  dominio personalista y sanguinario de Pérez Jiménez, o que logre abrir ancho cauce para el estallido de una vasta e incontenible insurrección popular, a fin de que sean las honestas manos del pueblo las que despedacen implacablemente el ya desquiciado aparato inmoral del absolutismo.” (Negritas y subrayado nuestro).

Si cambiamos del párrafo anterior el nombre de “Perez Jiménez” por el del Ilegitimo  que nos desgobierna ahora, el comunicado bien lo pudo escribir Alberto Carnevali para la sociedad venezolana de la actualidad.

Carnevali describe un gobierno que se roba las elecciones donde eran mayoría la suma de las fuerzas opositoras, que discrimina políticamente y mantiene presos políticos, que posee bandas policiales que atropellan hogares y vejan familias, que entrega nuestros recursos y asesina a dirigentes, modificando a su favor los resultados electorales. Y para rematar este panorama, la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas está consciente que el gobierno ha perdido las elecciones pero lo sigue sosteniendo en el poder, ¿no les parece a ustedes que ese cuadro es idéntico al que estamos presenciando en la Venezuela del 2013 después del 14A?

La única diferencia aquí estriba en que Carnevali, en nombre de su partido, exhorta al resto de los factores políticos a trabajar conjuntamente para la recuperación de la soberanía y llama a hacer causa común con todos los hombres y mujeres de la nación, sean estos pertenecientes o no a partidos políticos. Un llamado de esta naturaleza es impensable en la Venezuela de hoy por parte de una dirigencia partidista que ha hecho causa común con el régimen para ser beneficiarios de las limosnas que este les dispense después de unas elecciones con resultados cantados.

Es claro que debemos ubicarnos en el tiempo donde organizaciones políticas de la talla moral de la Acción Democrática de 1952 tenían ascendencia cierta para hacer un llamado de esa naturaleza. Alberto Carnevalli, sucesor en el puesto de Leonardo Ruiz Pineda, asesinado por los esbirros de la dictadura, desde la resistencia convocaba a lo que podría llamarse la sociedad civil de entonces a rebelarse contra ese estado de cosas.

Y tenía moral suficiente con que hacerlo. No solo estaba arriesgando su vida, sino que había trazado una raya entre lo que era y no era aceptable para un país. No me imagino a Alberto Carnevali llamando a participar de nuevo en otro juego electoral de la dictadura luego de ese fraude en descampado de un régimen perfectamente caracterizado. Por eso es que hay que aprender de la historia y de la moral política de los verdaderos liderazgos.

Venezuela se encuentra en una encrucijada muy grave en donde quienes deben asumir su responsabilidad han desmerecido la herencia histórica de hombres como Alberto Carnevali y Leonardo Ruiz Pineda. Dirigentes como ellos construyeron nuestra institucionalidad política y condujeron el proceso que terminó con la dictadura de Marcos Perez Jiménez.

El día de hoy nos toca a todos seguir ese ejemplo pero solitarios porque lamentablemente ya no contamos  con esa dirigencia política que sabia diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto. De tenerla, desde hace tiempo hubieran desempolvado este comunicado, dando un paso al frente para conducir de nuevo una gesta de emancipación de un régimen que ha hecho tanto daño a los venezolanos. De esa herencia solo nos queda entonces la Rebelión Civil.

Sin embargo, si bien es cierto que los partidos políticos han sido secuestrados por su dirigencia, como en el caso del partido de Carnevali,  pactando y negociando con el régimen su permanencia, ese no es el caso de su militancia, ni de los hombres y mujeres del pueblo venezolano que fueron convocados una vez en 1952 para salirle al paso a una dictadura que le niega hoy una medida humanitaria a un preso político que se muere de mengua en sus cárceles.

Si en 1952 existió una organización de la población que fue capaz de luchar cívicamente contra ese régimen, sin contar con Internet, ni SMSs, ni Twitter, ni videos digitales, ni correos electrónicos ni globalización de la información, no veo porque nosotros no podamos hacerlo aun mejor. Se requiere entonces de esa conciencia ciudadana de aquellos tiempos, que invocó Alberto Carnevali:

“…debemos iniciar con audacia una implacable ofensiva de rebelión civil en todos los campos de la vida nacional. Todos los partidos, todos los hombres y mujeres, todos los venezolanos dignos debemos desatar una coordinada y certera acción multitudinaria hasta lograr oponer a la tiranía en la mortal disyuntiva de reconocer la soberanía nacional o aniquilar sangrientamente a todo el pueblo venezolano. Actuaremos realistamente. Con clara conciencia de que nuestro poder no es otro que el gran poder de un pueblo enardecido porque se le ha vejado y se le ha humillado brutalmente. Actuaremos sin la menor vacilación. Sabedores de que el pueblo no tiene armas de guerra porque siempre confió ingenuamente en que las armas de los cuarteles eran para defenderlo y ahora están siendo utilizadas en su contra. Pero convencidos de que la gran tragedia política que entristece a la nación por permitir plantearse el dilema simplista de combatir con armas o no combatir…”

Este llamado a la Rebelión Civil abierta de la sociedad en contra de la dictadura, así como el llamado a “una rebelión de opinión que obligue a las fuerzas armadas –mediante la poderosa presión de todos- a libertarse también ellas del deshonroso  dominio personalista y sanguinario”, tiene plena vigencia en Venezuela y debemos reivindicarla todos en honor del legado de venezolanos íntegros como Alberto Carnevali. Esa vigencia es lo asombroso de quienes entienden su momento histórico.

Gracias a los medios de difusión con los que ahora contamos es posible hacerles llegar a miles de ciudadanos un mensaje como este, así como otros muchos de igual tenor. Imagínense las limitaciones de comunicación que tenían en 1952, que compensaban con papeles escritos con estas ideas, y con mucha gente dispuesta a distribuirlo a riesgo de su seguridad personal. Ese es el espíritu y la memoria histórica que debemos rescatar aquí.

Esa “coordinada y certera acción multitudinaria” ya se está manifestando en las calles. La vimos el 9N, la veremos de nuevo el 30N y la seguiremos viendo hasta que nos liberemos de esta nueva dictadura, ya no por la acción de los partidos sino porque el venezolano no se ha dejado someter nunca por autoritarismos, y además porque, como concluía Carnevalli, “Contamos en resumen, con preciosos factores humanos y morales suficientes para dotar nuestra capacidad de combate de un poderío mil veces más fuerte que las mas aceradas corazas del despotismo.”. Entonces, ¿Qué estamos esperando?

Caracas, 26 de Noviembre de 2013

Twitter:@laguana