Por Luis Manuel Aguana
A estas alturas pareciera que hacer un análisis desde adentro de lo que está ocurriendo en Venezuela es imposible sin incorporar la emocionalidad. Mucha rabia —por no decir la palabra que corresponde, que usamos en el país—, mucha impotencia, demasiada calamidad junta. Mucha gente se pregunta qué hicimos los venezolanos para recibir tanta desgracia…
Cuando apenas estábamos comenzando a digerir adecuadamente, después de casi 5 meses (ahora 6), la alegría de lo que significaba haberse llevado a Maduro y que pudiéramos comenzar a arreglar la situación a través de una supuesta negociación política, ocurre una tragedia que aún no podemos concebir.
El 24 de junio, la mañana del día de los terremotos, señalaba que era necesaria la incorporación y reconocimiento de lo único legítimo e institucional que le quedaba al país, los Magistrados que fueron designados en el 2017 por una Asamblea Nacional legítima para ese momento, ante una negociación entre dos entidades completamente deslegitimadas, representadas por Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera (ver Justicia Legítima para la Transición, en https://ticsddhh.blogspot.com/2026/06/justicia-legitima-para-la-transicion.html).
Sin embargo, la realidad descarnada del 24 de junio, que apunta de manera lógica a más de 10.000 fallecidos, aunque el régimen intente ocultar las cifras como usualmente hace, dada la increíble cantidad de edificios colapsados en todo el país, en especial en La Guaira durante un día feriado, sugiere una solución de mucha mayor inmediatez. Y nadie desea encarar esa realidad.
Nadie desea encarar que ya el pueblo venezolano terminó por desbordarse anímicamente frente a lo sucedido. Nadie puede simplemente despachar con un “no se puede” a los familiares de miles de personas muertas por el terremoto en el país. Cualquier solución que se le dé a esta tragedia a satisfacción del venezolano promedio pasa por la salida INMEDIATA de este desgobierno de malandros que literalmente están robándose las pertenencias de sus muertos. Y no hay mejor excusa que esa para la violencia social.
Lamentablemente, el tutor no es capaz de percibir eso por muchas razones. Y no lo harán sino cuando se vea explosivamente la violencia que, si no se presenta ahora que la gente todavía está llorando, se presentará después cuando la rabia se acumule con cada minuto que pasa que sigan los delincuentes en el gobierno, impidiendo claramente la ayuda que todo el mundo quiere dar.
Y los EEUU, que son un país integrado por una multitud de culturas diferentes, deberían ser los primeros en comprender eso, en especial su secretario de Estado, Marco Rubio, de ascendencia latinoamericana. Nuestra emocionalidad va de primero ante cualquier situación.
Hasta el 24 de junio, el plan de Trump-Rubio se iba ejecutando con la frialdad conocida de los norteamericanos. Pusieron a negociar a dos factores completamente incomibles para los venezolanos. Y nosotros nos tragamos eso porque, aunque lo rechazáramos, en el fondo iba en la dirección de salir en paz de la peste castro-chavista-madurista pero a la norteamericana. De allí que asomara en el artículo mencionado arriba la necesidad de incorporar también a los Magistrados legítimos en ese proceso.
Pero ahora la situación política cambió por un evento que nadie pudo imaginar. Ahora la inmediatez Y LA NECESIDAD de un cambio político se hacen inminentes y quienes deben asumirlo por las circunstancias del país después del 3 de enero, los EEUU, creen todavía que pueden sostener el mismo planteamiento de negociación política, dejando en funciones al régimen de los Rodríguez en el poder en Venezuela.
El 16 de junio publique una nota donde refería que el oficio de la política en Venezuela no ofrecía la experiencia necesaria para abordar la emergencia que teníamos en el país. Que lo único que habían sido capaces de ofrecer a la población era esperar meses para unas elecciones mientras la gente se moría de mengua (ver Venezuela: ¡la emergencia es ya!, en https://ticsddhh.blogspot.com/2026/06/venezuela-la-emergencia-es-ya.html). Nunca imaginé que esto sería comprobable y se apresuraría con los hechos pocos días después.
Pues bien, la naturaleza expuso el problema de una manera descarnada con más de 10.000 muertos, y todavía no los veo pedir otra cosa. Y como dije antes, EL DESASTRE REQUIERE DE ACCIÓN INMEDIATA, porque Venezuela está en EMERGENCIA.
¿Y cuál sería esa acción inmediata? Lo primero, exigir al tutor norteamericano un Gobierno de Emergencia Nacional YA porque la crisis se convirtió en un clamor nacional. Que termine de ejecutar el golpe de Estado que inició el 3 de enero al llevarse a Maduro y a su esposa, y que designe a otro gobierno para que conduzca la crisis venezolana. Que la principal causa del malestar generalizado de la población, no solo antes, sino principalmente ahora con la tragedia de los terremotos, es el desgobierno de Delcy Rodríguez y las cabezas de los poderes públicos del país que entorpece y agrede a las víctimas. Esta solicitud no es algo que no hayan hecho antes los norteamericanos en el pasado cuando intervinieron en la política de otros países. No lo enumeraré aquí, solo búsquenlo en Google.
Lo anterior bajaría la presión política en el país, les daría esperanza a los venezolanos y, en especial, a los miles de afectados por los terremotos, que prestarían gustosos su colaboración y concurso para reconstruir lo que destruyó el régimen y la naturaleza, sin contar con el éxito que se anotaría en el mundo y en los EEUU la administración del presidente Trump.
El regreso de María Corina Machado (MCM)
Aparte especial en esta nota merece la decisión de MCM de regresar a Venezuela después de la tragedia. Para comenzar, todos los venezolanos tienen el derecho de regresar a su país, en especial aquellos que de alguna manera tienen algún liderazgo político. Si existe algún momento propicio para eso, es ahora.
Sin embargo, hay dos precisiones que hacer frente a eso. Si los EEUU han impedido o hecho más difícil el regreso de MCM porque eso podría interferir en sus planes de política en el país, entonces queda a la decisión de MCM acompañar o no esa política.
Si MCM acompaña a Trump en lo que haga en Venezuela, su presencia en el país desestabilizará planes del tutor, por su actual asociación con el régimen hasta la culminación de las dos primeras etapas del plan. En ese caso, su regreso al país, por más bienintencionado que esta sea, generaría una violencia innecesaria con el régimen y añadiría más muertos a la ya grave situación que sufren los venezolanos. Es por esa razón que Trump no quiere su presencia en Venezuela.
Pero si, por el contrario, los EEUU deciden un plan acorde con lo que verdaderamente sucede y acompañan el sentimiento nacional de rechazo al régimen de los Rodríguez, MCM podría jugar un rol muy importante como factor catalizador, ayudando a los EEUU a dejar de lado de una vez y para siempre la peste castro-chavista-madurista que quedó después del 3 de enero. Todos deberíamos apuntar a eso, incluso MCM, para lograr que los EEUU decidan un Gobierno de Emergencia Nacional YA para Venezuela, independientemente de si ella participa o no.
Si hay algún venezolano capaz de levantar un teléfono para hablar y reunirse con cualquier mandatario, empresario, político o institución en el mundo en su condición de Premio Nobel, es MCM. Nadie más. Solo ella puede sensibilizar a cualquiera para que los EEUU cambien su política respecto al engendro de gobierno que están protegiendo en Venezuela, y más aún en la crisis humanitaria que han generado. Esa es la ayuda verdadera que necesita Venezuela en estos momentos, no su aparición en el país sin ningún plan.
MCM podría hacer la diferencia desde afuera para lograr ese cambio y regresar al país justo cuando éste haya sucedido. Solo ella tiene la influencia política internacional que ningún venezolano tiene para cambiar los planes de Trump para Venezuela. Venir al país sin intentar cambiar el curso equivocado de lo que la administración Trump diseñó antes de los terremotos sería inmolarse sin justificación alguna, y se perdería tal vez la última oportunidad que le quede a este sufrido país…
Caracas, 2 de julio de 2026
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