domingo, 5 de febrero de 2017

Insurrección Civil Constitucional

Por Luis Manuel Aguana

“¿Ustedes creen que con unas firmitas recogidas van a tumbar al régimen?” nos preguntan constantemente. Y una vez más intentaré explicar que no deseamos tumbar a nadie, sino imponer, como en cualquier democracia, que el dictamen de la mayoría -esto es, la Soberanía Popular- debe ser respetada y tendrá que finalmente imponerse por encima de cualquier poder que desee someterla. Y más aún cuando ese dictamen está claramente establecido en la Constitución.

Es claro que si aquí se respetara la constitución que tenemos desde 1999, las primeras  firmas que se recogieron para convocarle un Referendo Revocatorio a Hugo Chávez Frías en el 2003 hubieran sido más que suficientes para revocarlo constitucionalmente ese año, y san se acabó. Nos hubiéramos ahorrado 14 años de pesadilla, solo con el respeto a la Carta Magna. Con el Artículo 72 funcionando a la perfección no hubiéramos tenido problemas.

Sin embargo el CNE de entonces despachó de un viaje las 3.236.320 firmas recogidas por el pueblo durante El Firmazo, para solicitarle el revocatorio a Chávez, secuestrando  un derecho que solo tenemos los ciudadanos conforme a la Constitución. De acuerdo con el espíritu del Artículo 72 constitucional, en Venezuela con nuestra sola firma se puede solicitar el revocatorio de cualquier funcionario de elección popular, sin la intervención de ningún poder público constituido. Y no contentos con eso utilizaron esas firmas para la mayor operación de discriminación política jamás vista en el mundo: la Lista de Tascón.

La población volvió a firmar con las reglas de un CNE corrupto con El Reafirmazo hasta convocarle un Referendo Revocatorio a Chávez en el 2004, que de acuerdo a investigaciones técnicas posteriores resultó ser un fraude a los venezolanos (ver La Naturaleza delató al CNE, en http://ticsddhh.blogspot.com/2012/12/la-naturaleza-delato-al-cne.html). Desde mi punto de vista, a partir de ese momento, no hay gobierno legítimo en Venezuela, y es nuestro deber luchar con todas las herramientas pacíficas a nuestro alcance para restituir el Estado de Derecho en nuestro país. De eso se trata el esfuerzo que realizamos en la Alianza Nacional Constituyente.

De tal manera que la recolección de firmas que impulsamos, no es más que el primer paso constitucional para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, de la misma manera como se intentó con la primera recolección de firmas, la convocatoria a un Referendo Revocatorio en el año 2003, sin un CNE de por medio que regulara planillas, y mecanismos de recolección, y sin la intervención de ningún poder constituido, pero esta vez haciendo valer nuestro derecho ciudadano secuestrado por el CNE desde el año 2003.

Pero la cosa va más allá.  No es una “simple recolección”, que seguramente el régimen rechazará como secuestradores de nuestros derechos humanos de carácter político. Es el comienzo de lo que podemos llamar una Insurrección Civil Constitucional No violenta para el rescate de nuestro derecho soberano de poner y quitar gobernantes establecido en el Articulo 72, y que fuera secuestrado por el régimen desde el 2003 a través de su poder electoral; pero más importante aún, rescatar nuestro derecho soberano como ciudadanos de decidir el destino de nuestro país por encima de los poderes constituidos, ya que su poder nace de nuestras decisiones, de acuerdo al Artículo 347, según el cual “el pueblo de Venezuela es el depositario del Poder Constituyente Originario”.

Una vez recogidas las firmas, como ya se hizo la primera vez en nuestro país en el año 2003, en esta oportunidad no iremos a entregárselas a un régimen corrompido que hizo uso de ellas ese año para perseguir a los venezolanos, sino para iniciar una lucha civil no violenta, nacional e internacionalmente para hacerlas valer. Ese es el verdadero significado, dicho por la calle del medio, de este proceso. Nadie nos va a regalar ese derecho, hay que ganárselo.

Y esas firmas no son para revocar a nadie. Son para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, de la mano del mismo Poder Constituyente Originario, basado en sus propias reglas de convocatoria. Y en ese proceso todos los poderes constituidos deberán ser revisados al constituirse la Asamblea Nacional Constituyente, comenzando por el Presidente de la República. Para aquellos que deseen investigar a fondo como hacer eso busquen los documentos y las declaraciones de los voceros de la Alianza Nacional Constituyente (http://ancoficial.blogspot.com/). Aquí solo diré cual es el sentido de lo que hacemos.

A lo que estamos realmente convocando es a que el pueblo se empodere de un derecho que le ha sido arrebatado, señalando un camino claro de cómo hacerlo constitucionalmente. No planteamos ir a las calles para que “Maduro se vaya”, eso es un argumento sin sentido condenado al fracaso. Planteamos ir a las calles para rescatar como Poder Originario que somos, nuestro derecho de decidir el destino de los poderes públicos a través de la convocatoria del Poder Originario del Pueblo, para transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución, habida cuenta de la destrucción institucional masiva que han hecho de nuestro país. Nadie en su sano juicio en este planeta puede negarnos ese derecho.

Y si recogemos, no ese 15% mínimo constitucional establecido en el Artículo 348, sino el 50% o el 60%, políticamente hablando no existirá fuerza en el país, incluyendo a las Fuerzas Armadas, que se pueda oponer a esa decisión soberana del pueblo venezolano, produciéndose así la transformación que Venezuela está pidiendo a gritos.

Y ustedes se preguntarán: ¿y porque si eso es así los partidos políticos de la oposición no han hecho eso? Es una buena pregunta para ellos. Desde hace muchos años se lo hemos planteado pero hemos decidido no seguir perdiendo energías tratándolos de convencer. Ellos se convencerán solos con la fuerza de los hechos. Decidimos salir al encuentro de la gente, porque es ella la que en definitiva hay que convencer para que firme a favor de Venezuela, no a favor “nuestro”.

El camino es largo y no termina con las firmas, empieza con ellas. Pero a diferencia de todas las luchas que hemos emprendido en el pasado, esta no es para tumbar a nadie, sino para recuperar algo fundamental que nos han robado que no es otra cosa que la esencia misma de la democracia: el poder irrenunciable del ciudadano para decidir el destino de su país, sin más limitaciones que su conciencia y su temor a Dios, en la seguridad de estar actuando conforme a los principios de libertad y soberanía que siempre han movido históricamente al pueblo de Venezuela.

Caracas, 5 de Febrero de 2017

Twitter:@laguana