lunes, 2 de mayo de 2022

Una Constituyente con el régimen

Por Luis Manuel Aguana

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Me han solicitado una mejor explicación en relación con mi última nota acerca de qué es eso de incorporar al régimen en un diálogo para conseguir una Constituyente. Debo decir aquí que aunque este blog no es tribuna de la organización a la que pertenezco, sino un sitio donde expreso mi punto de vista personal, ANCO explicó en detalle esa ruta al país en un comunicado fechado el 8 de agosto de 2021 titulado “ANCO reafirma y propone al país y a la Comunidad Internacional una ruta para Refundar la Nación” (ver Comunicado ANCO en, https://ancoficial.blogspot.com/2021/08/anco-reafirma-y-propone-al-pais-y-la.html). Esto implica que lo que hago es respaldar y explicar una posición expresada por ANCO desde hace muchos meses.

Pero ciertamente, es preciso explicar con más detalle esa propuesta que puede parecerle chocante a mucha gente, incluso dentro de nuestra misma organización. Lo primero que hay que precisar aquí es que el marco que ha impuesto la Comunidad Internacional para resolver la crisis venezolana es la vía pacífica del diálogo. Si no creemos en eso, esa es otra discusión, que no daré aquí porque implica acciones que no son materia de esta nota.

Si partimos de la premisa cierta de darle la razón a un diálogo, este no puede ser en los términos del régimen, como se estableció a comienzos de las conversaciones en México. Y menos aún la manera en como la oposición aceptó entrar en ese diálogo. El solo hecho de firmar el Memorando de Entendimiento para el diálogo en México, descalificó a la oposición oficial como representante de los opositores venezolanos en esas conversaciones (ver Memorando de Entendimiento, en https://dqtjif.bitlydns.net/2021/08/13/memorando-del-acuerdo-de-entendimiento-entre-la-oposicion-y-el-chavismo-documento/).

La oposición oficial se colocó en una posición de descalificación y contradicción inicial al reconocer al régimen en ese documento como “Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela” y aceptar denominarse como “Plataforma Unitaria de Venezuela”, cuando ya se había dado el paso fundamental de designar un Gobierno Encargado encabezado por Juan Guaidó Márquez, reconocido internacionalmente por los EEUU y más de 60 países, y declarar ilegítimo el gobierno de Nicolás Maduro Moros.

Eso selló la derrota de los venezolanos en esas conversaciones de México para conseguir algo positivo para salir de esta desgracia. Si ya de entrada se acepta que son Gobierno, entonces ¿para qué negociar con ellos cuando lo que está en discusión es precisamente su condición de gobernantes legítimos del país? Si eso no será así, entonces no hay nada que discutir allí; y si se acepta, implica una entrega incondicional a cualquier cosa que el régimen imponga allí.

Si existe un diálogo con el régimen, es claro que su reconocimiento no puede pasar de admitir que ejercen el poder de facto en Venezuela, porque esa es una realidad que nadie puede negar. Así como nosotros tampoco podemos negar que si deseamos no llegar a la violencia en Venezuela, debemos establecer a algún tipo de acuerdo con ellos, No es algo que nos agrade a muchos venezolanos, pero es una condición necesaria para movernos a una mejor etapa en esta situación de aislamiento mundial provocado por la condición de no reconocimiento generalizado e internacional en el que nos ha colocado el régimen, al haber violado consistentemente la Constitución y erigirse como un gobierno de facto con el apoyo de unas Fuerzas Armadas al margen del Estado de Derecho.

Este es el principio fundamental de este problema, la definición conceptual de quienes son los dialogantes. De allí parte cualquier cosa futura con ese diálogo que plantea la Comunidad Internacional. Sin eso no hay diálogo posible y la situación de Venezuela se deberá resolver de otra manera. Si el régimen insiste en erigirse como Gobierno Legítimo no hay diálogo posible, con lo cual se deberá insistir y profundizar en las sanciones que les han sido impuestas. Ellos son quienes ejercen el poder de facto y si no admiten ese rol en unas posibles conversaciones, entonces un diálogo con ellos no tiene sentido.

Por otro lado, está la definición de la oposición política. ¿Quiénes son “La Plataforma Unitaria de Venezuela”? ¿Representan en realidad los intereses de los opositores venezolanos? Definitivamente NO. Al margen de que ya los venezolanos no podemos aceptar una oposición que ha admitido de entrada al régimen como Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, está el asunto de quienes están detrás de esa supuesta representación. Los partidos políticos no han participado en ninguna elección legítima en Venezuela desde el año 1998.

Sin embargo, dándoles el beneficio de la duda y admitiendo que la Comunidad Internacional acepta como válida la elección de la Asamblea Nacional de 2015, la representación política de la oposición no se ha contado con el pueblo venezolano desde ese año. Esto último nos deja que desde enero del año 2021, NADIE puede adjudicarse ser representante político de los venezolanos ante ninguna instancia. Y hasta que eso ocurra, los venezolanos nos hallamos huérfanos de representación política y ese diálogo debe esperar, o bien a que los venezolanos se cuenten para designar una nueva representación opositora o se acepte una representación calificada de la sociedad civil venezolana como parte activa del diálogo. Se podría sumar a eso la Asamblea Nacional de 2015 como parte opositora, representante de los partidos políticos que una vez la conformaron, pero definitivamente no como representantes de los opositores venezolanos.

Esa definición primaria de los dialogantes es esencial para llegar a un acuerdo acerca de lo que debe ocurrir en Venezuela, si se ha de pensar en un diálogo como vehículo para resolver la crítica y urgente situación de los venezolanos.

Pero todavía todo lo anterior no responde a la pregunta de por qué incluir al régimen en esa discusión constituyente. Y la respuesta viene dada por el fondo de lo que ANCO plantea que sea discutido en ese diálogo, como lo indicó en el comunicado de ANCO del 8 de agosto de 2021. La propuesta de ANCO es DISCUTIR LA CONVOCATORIA A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE, como la salida de este problema. Sin que Maduro renuncie a sea cual sea su condición como gobernante de facto de Venezuela, dejar que sea a la representación legítima del soberano pueblo de Venezuela la que decida su destino, electa través de un proceso de elección Constituyente administrado por la Comunidad Internacional, estableciendo un Tribunal Electoral ad-hoc no controlado por ningún poder público de Venezuela.

Eso y las reglas que han de seguirse para esa elección (en el idioma constituyente esto se denomina Bases Comiciales), serían el objeto de discusión de esa negociación. Ese es el fondo de la propuesta hecha por ANCO a los venezolanos. Por eso incluimos al régimen. Si ellos están tan seguros que su “revolución” es lo que los venezolanos desean, no tendrán problemas de contarse a la luz de unas reglas que no sean impuestas por ellos. De esa misma mesa de negociación saldrían las garantías de la Comunidad Internacional que insiste en que el diálogo es la solución, de hacer respetar, a la fuerza, si fuera necesario, el dictamen del pueblo en esa elección y las decisiones que se tomen en una Asamblea Constituyente.

Muchos me dirán que eso es un sueño imposible. Que el régimen no cederá a su supuesta condición de “Gobierno Legítimo” para una negociación política; y de la misma manera, que la oposición oficial nunca renunciará a su condición de representante de los opositores venezolanos sin representar a nadie. Ambas cosas estarían por verse. Todo estará en cómo se vayan presentando los acontecimientos y las presiones que se ejerzan en ambos lados. Lo importante es que ambos extremos no son monolíticos ni homogéneos, y hay que seguir trabajando. Mientras tanto eso no se cristalice, el diálogo visto de la manera simple en que se está planteando nunca tendrá éxito porque allí no estarán los verdaderos representantes de los venezolanos ni las condiciones iniciales correctas.

Los venezolanos deben entender que esta gravísima situación nos involucra a todos, no solo a los opositores sino a quienes que todavía creen en las promesas del régimen. Una Constituyente es una solución integradora que dejaría expresarse a ambos lados de la ecuación. Por eso que aquí no puede haber una “solución de la oposición” ni una “solución del régimen”. Lo único que puede integrar constitucionalmente a ambos extremos, es una Constituyente libre de sospechas y manipulaciones de una de las partes para unificar las aspiraciones de todos los venezolanos. Eso está mucho más allá de una simple elección de cargos para un quítate tú para ponerme yo. Seguiremos trabajando para que eso se termine de comprender…

Caracas, 2 de Mayo de 2022

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domingo, 24 de abril de 2022

El reto de enhebrar el tejido social venezolano

Por Luis Manuel Aguana

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Difícilmente puede decirse que el país está en calma como nos lo pretende vender el régimen. A pesar de la pandemia del COVID-19 en el año 2020 se registraron 9.633 protestas y 6.560 en el año 2021 Esa disminución se explica por la grave situación sanitaria y el temor al contagio de una enfermedad que el régimen no ha podido controlar (ver cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en https://www.observatoriodeconflictos.org.ve/el-conflicto-de-la-semana/10-anos-de-protestas).

Sectores de distinta naturaleza protestan en Venezuela. Los trabajadores de los diferentes gremios protestan por sus condiciones de trabajo y sus miserables salarios en bolívares hiperdevaluados, los jubilados y pensionados de la Administración Pública, que suman millones de venezolanos pasando hambre con asignaciones miserables que son una fracción mínima de la canasta básica que ahora se mide en dólares. Ellos no pueden ir a los bodegones y demás exquisiteces que el régimen muestra afuera como mejoras en la economía del país. Esa es la población que no encuentra salidas está huyendo del país, y la cuenta ya asciende en alrededor de 6 Millones de personas (ver ACNUR-Situación Venezuela, en https://www.acnur.org/situacion-en-venezuela.html).

La pandemia ha sido un factor paralizante para que la población se inhiba de salir a las calles para conformar muchedumbres en contra de lo que pasa en Venezuela. Sin embargo, poco a poco hasta a eso se le está perdiendo el miedo, porque si te has de morir de hambre en tu casa, al menos lo haces contagiado de COVID-19 protestando por tus condiciones de vida. Lo que está pasando en Venezuela es un asesinato masivo en cámara lenta a la mayoría de la población, en el medio de un renovado capitalismo salvaje.

Esta gravísima situación creada, no por una tragedia natural o una guerra, sino por el gobierno de unos delincuentes, ha quebrado el tejido social de Venezuela en múltiples partes. Veamos eso con más detalle. De acuerdo con la ONG mexicana Habitat para la Humanidad, el tejido social “lo conforma un grupo de personas que se unen para satisfacer necesidades humanas elementales o superiores, como son: alimento, salud, educación, seguridad social, cultura, deporte, servicios públicos, transporte y todo lo que represente mejor calidad de vida” (ver Tejido Social, en https://www.habitatmexico.org/article/el-tejido-social). En otras palabras, estamos hablando del conjunto de la sociedad y que de una manera u otra está protestando para recuperar esas necesidades humanas que en este momento no están siendo satisfechas por el que tiene la responsabilidad directa de hacerlo, que no es otro que el que gobierna, sea legítima o ilegítimamente.

Al quebrarse el tejido social en un montón de pedazos, cada uno de ellos lucha por una parte de la necesidad global. Esto es, los maestros y profesores luchan por sus reivindicaciones y las mejoras necesarias en la educación básica y media, los profesores universitarios luchan por su cuenta por su supervivencia y por la recuperación de lo que una vez fue una educación superior en Venezuela y la recuperación de la planta física de las universidades, los médicos –los que quedan- y las enfermeras luchan por mejores condiciones de vida y salarios, así como la recuperación del desastre sanitario en los hospitales, los pensionados y jubilados luchan por mejorar el monto de sus pírricos ingresos, y que no decir de la población que en su conjunto se encuentra en permanente lucha y se echan a las calles a trancar el tráfico por falta de agua, luz o cualquier servicio público que a nivel nacional no funciona, y así sucesivamente. Esas son las protestas atomizadas y aisladas que reporta el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

¿Qué nos falta en Venezuela para unir las partes de ese tejido social quebrado? Un hilo conductor que de la suficiente confianza y legitimidad a esa sociedad decepcionada para unirse en una protesta nacional que reclame con una sola voz lo insostenible de esta situación. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué el liderazgo político ya no está cumpliendo esa función? Porque su credibilidad se deshizo y ya sus liderazgos no son válidos para poder unir ese tejido social.

La desconfianza alcanza a tal nivel que en una reciente encuesta de Meganálisis (una de las pocas encuestadoras confiables del país) apunta que el 82,3% de la población desconfía de los políticos de la oposición. Y peor aún, que un 78,1 de los encuestados “cree que son ciertas las acusaciones de que los partidos de oposición «están vendidos al gobierno de Nicolás Maduro y trabajan para el gobierno»” (ver El Nacional, Encuesta Meganálisis: el 78% de los venezolanos cree que partidos de oposición trabajan para el chavismo, en  https://www.elnacional.com/venezuela/encuesta-meganalisis-78-de-venezolanos-cree-que-partidos-de-oposicion-trabajan-para-el-chavismo/).

¿Qué nos queda por hacer? Enhebrar el tejido social venezolano. Del Diccionario de la Real Academia Española, extraemos la primera acepción del verbo Enhebrar: “1. Tr. Pasar la hebra por el ojo de la aguja o por el agujero de las cuentas, perlas, etc.” (ver DRAE, en  https://dle.rae.es/enhebrar?m=form). Nos queda a la sociedad civil enfrentar el reto de convertirnos en tejedores expertos y pasar una hebra de confianza a través de cada uno de esos pedazos, con un discurso único y creíble que satisfaga a cada parte de ese importante tejido y convertirlo en uno solo. ¡Menudo reto!

Pero creo que ese reto es posible. En la comunicación encabezada por el ex Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, dirigida al Presidente de los EEUU, como respuesta a la famosa carta de los 25, que solicitaron el alivio de las sanciones a los delincuentes que gobiernan Venezuela, confluyeron mayoritariamente las más distintas personalidades de la sociedad civil en una sola idea fuerza: no se puede aceptar bajo ningún respecto la narrativa de que estamos encaminados hacia una “normalidad” y menos aún que se requiera para eso el ablandamiento de las sanciones que se le han impuesto a los delincuentes que usurpan el poder en Venezuela. Esta carta llegó a ser firmada en tiempo récord por más de 10.000 personas dentro y fuera de Venezuela (ver Norbey Marin, ¡¡¡Arrasamos!!! Eran 10.000 firmas pero la gente nos sorprendió, en https://youtu.be/pDtSFPNBeMk).

Si esto fue posible, bien pudiera la sociedad civil venezolana y sus liderazgos naturales en ese tejido social coincidir en un discurso político focalizado en el que todos estemos de acuerdo, liderado y sostenido por cada uno de los liderazgos de ese tejido social quebrado en pedazos, solicitando la movilización de todos los venezolanos. De ser así, podría replicarse la misma –o quizá mayor- fuerza que se tuvo el 11 de abril de 2002 para sacudirnos el tirano. Lo que habría que evitar con antelación es que si se tiene éxito en ese esfuerzo, se desaten las pasiones de poder que hicieron fracasar al pueblo en la calle esa histórica fecha. De ser posible desatar esa fuerza que ya existe desde adentro, por el grave descontento de todos los venezolanos, será imposible parar la libertad de Venezuela.

Caracas, 23 de Abril de 2022

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jueves, 21 de abril de 2022

Breves notas acerca del “cómo” constituyente

Por Luis Manuel Aguana

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No hay reunión a la que se me invite donde alguien, conocido o no, te diga “¿Constituyente? ¡Eso toma mucho tiempo y el régimen la impediría!”. He decidido ya no contestar algo a lo que me he dedicado a responder por escrito de múltiples formas y en diferentes oportunidades y medios. Tal vez esta sea una más, pero las respuestas como las realidades se transforman con el tiempo. Si alguien me diera un bolívar devaluado por el tiempo que ha pasado, cada vez que me han hecho esa pregunta, hubiéramos hecho esa constituyente al menos unas 10 veces y yo fuera millonario en dólares.

Creo muy importante para todos nosotros actualizar la respuesta a ese “cómo” constituyente, no solo porque las condiciones políticas del país cambiaron sino porque ahora el régimen y su oposición sumisa se han montado en una estrategia de “normalización”, que aunque difícilmente la población les compre porque todavía se está pasando hambre y miseria por todo lo que ya sabemos, y en especial los compatriotas que NO viven en Caracas, se pretende vender al exterior y al interior del país, la percepción de que los venezolanos ya pasamos la etapa de confrontación con estos delincuentes y nos disponemos a convivir con ellos, por lo que debemos movernos hacia una etapa de coexistencia. Si esto es reforzado por una sociedad civil firmante de cartas al mundo pidiendo el ablandamiento de las sanciones, seremos nosotros mismos quienes estaremos clavando los clavos del ataúd donde nos enterrará el régimen.

En primer lugar, debo aquí darle un énfasis especial a que el proceso constituyente en sí ya ha sido comprado por la mayoría de los venezolanos, al menos por aquellos que tienen de manera genuina un amor por este país y creen que es necesaria la reconstrucción (o construcción) de una nueva institucionalidad para la República. Que si bien es cierto, algunos difieren de nuestro proyecto de descentralización y federación, si opinan necesario e importante discutir un país para las nuevas generaciones después de la destrucción que se ha hecho. Donde existen las diferencias es en el cómo llegamos a él. Y esto ha sido la piedra de tranca en las discusiones de nuestro proyecto en ANCO.

En este punto debemos diferenciar dos cosas: si aquí estamos hablando de hacer una Constituyente para salir del régimen, o si estamos hablando de una constituyente para Refundar la Nación. Porque aunque ambas cosas no son excluyentes, pero si son dos conceptos que aplicados juntos, le restan fuerza a lo que fundamentalmente fue el planteamiento original de ANCO, que nos es otro que lograr el cambio del paradigma del poder en Venezuela.

Debo establecer que yo no fui ganado a este proyecto hace años con el fin conceptual de “salir del régimen de Chávez”. Eso debía producirse como una consecuencia de que se entendiera a cabalidad el objetivo superior de discutir las bases institucionales del país. Que para hacer eso era indispensable que el régimen fuera depuesto antes de comenzar a establecer las nuevas bases fundacionales de Venezuela y para eso nosotros proponíamos un proyecto que ahora llamamos El Gran Cambio.

Sin embargo, en algún momento del recorrido de este camino, se confundió la chicha con la limonada, y la gente pensó que la Constituyente era una suerte de veneno para matar el régimen autoritario que nos oprime. Y eso podía ser así si se entendiera que si eso es lo que el pueblo venezolano desea, entonces al convocar al Constituyente, sea ese mismo pueblo el que decida hacer eso a través de su representación legítima.

Pero lamentablemente la historia Constitucional de Venezuela nos refiere a que eso no se ha hecho nunca de esa manera en nuestro país. Que las Constituyentes han salido como el resultado de los deseos de un gobernante que llega nuevo al poder y convoca al constituyente, como lo hizo Hugo Chávez Frías en 1999. Esa manera de hacerlo le da a ese gobernante la posibilidad de manufacturar una constitución a su medida –como la hizo Chávez- para mantenerse en el poder. Es por eso que es muy importante que los venezolanos entendamos, que salvo que convoquemos previamente al Constituyente, esto es, con el gobernante actual en funciones, el próximo que venga puede perfectamente impedir la iniciativa o convocarlo a su medida.

De allí que nuestra primera opción sea convocar al proceso constituyente ANTES que exista un nuevo gobernante y que el pueblo decida a través de su representación legítima qué hacer con el ocupante ilegítimo de Miraflores, establecer un nuevo gobierno transitorio, discutir un nuevo Pacto Social que se refleje en una nueva Constitución, para luego convocar unas elecciones basadas en las reglas de una nueva Carta Magna.

Estas explicaciones no son simples de hacer en el medio de un café. Proponer un camino inédito siempre ha sido muy cuesta arriba para los proponentes. De allí que todo el mundo nos diga “¿Constituyente? Muy bien, ¡pero eso hay que hacerlo después!”. Pero luego no se hará o se hará a la medida de quienes ocupen el poder en ese momento posterior. Entonces deberemos garantizar que en caso de realizarse una Constituyente posterior a la salida del régimen seamos los suficientes en el país con la conciencia clara para impedir una desviación semejante a la de Chávez en 1999.

Esto último nos lleva a la siguiente conclusión: ¿Podremos convencer un país que lo único en lo que piensa es en poder salir de esta tragedia primero, antes de pensar en otra cosa? Tal vez podamos hacerlo, pero el tiempo nos consume. La Constituyente no es un fin en sí mismo. Es un medio para discutir un proyecto de país, y que requiere previamente haber resuelto el tema de un gobierno legítimo y estable. Y aunque eso es responsabilidad de quienes en el sector político han olvidado sus obligaciones para con los venezolanos, alguien debe reflexionarlo para que podamos creer en un futuro mejor para nuestros hijos y nietos en este país.

El planteamiento que estamos haciendo ahora pasa porque todos los protagonistas de esta tragedia nos sentemos a discutir el país a través de una Constituyente. Creo que no es un mal planteamiento, aunque suene utópico. ¿Y quiénes son esos protagonistas? La Comunidad Internacional (encabezada por los EEUU), la oposición reconocida por esa Comunidad Internacional, los venezolanos organizados a través de sus organizaciones de la sociedad civil que no se siente representada por nadie por un sinfín de válidas razones, y finalmente el régimen. Ese es el verdadero diálogo. TODOS los involucrados. Ese es nuestro “cómo constituyente”. Esa es la manera en como el régimen permitiría hacer una Constituyente, y la manera en que ese mismo régimen estaría obligado a cumplir el mandato que salga del pueblo venezolano, al salir de un verdadero acuerdo donde una Comunidad Internacional participe y obligue al régimen a cumplir con las obligaciones que salgan de ese diálogo entre 4 partes. De esta forma no existiría vencido y vencedor.

Si se desea una paz real en este país, deberemos construirla entre todos. Un diálogo entre dos partes que no representan al pueblo venezolano no tiene ningún valor. Y si la Comunidad Internacional, comenzando por los EEUU, creen que tendrán estabilidad en Venezuela y en la región por cualquier cosa que salga de México, no han entendido a los venezolanos. Mientras tanto, los venezolanos seguiremos evaluando nuestras opciones, cualquiera que estas sean…

Caracas, 21 de Abril de 2022

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sábado, 16 de abril de 2022

Sociedad civil interpuesta

Por Luis Manuel Aguana

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No suelo publicar tan seguido pero sin haber terminado de darle “enviar” a mis redes sociales la nota más reciente, donde trato precisamente un fenómeno  que al parecer ya se está convirtiendo en una modalidad política, acerca de la sociedad civil que le hace el juego al régimen (ver ¿Existe una sociedad civil alacrán?, en https://ticsddhh.blogspot.com/2022/04/existe-una-sociedad-civil-alacran.html), aparece una nueva e importante carta firmada por otro grupo muy distinto de conocidos ciudadanos de la sociedad civil solicitando al Presidente de los EEUU e importantes representantes del Congreso y de la política norteamericana, la eliminación de las sanciones que pesan sobre los delincuentes que usurpan el poder en Venezuela (ver la carta publicada por AlbertoNews en https://b1tly4n3s.com/nacionales/ultma-hora-estos-son-los-opositores-que-le-pidieron-a-biden-aliviar-las-sanciones-contra-la-dictadura-de-maduro-lista/).

En este caso muy particular, y a contravía de la fuerte corriente que estalló en las redes sociales que saltaron sobre el cuello de los personajes que firman esa comunicación sometiéndolos al escarnio público por alacranes, hay que detenerse a pensar. ¿Porqué un grupo muy particular de ciudadanos, economistas y dirigentes sociales, en algunos casos reconocidos públicamente en sus distintos campos de actividad solicitan lo mismo que exigió Maduro a los EEUU en su reunión con representantes del Gobierno de ese país en su visita a Miraflores?

En esa lista de firmantes hay personajes que no firmarían solos ni en su propia cédula de identidad, sin el consentimiento y el aval de los jefes políticos de los partidos de la MUD/ G4, y mucho menos una carta dirigida al Presidente de los EEUU. No es necesario señalar nombres porque el problema no son los pecadores firmantes, sino el pecado mortal en su esencia cometido. No estamos en presencia de una sociedad civil alacrán que firma algo “para favorecer a Maduro y su régimen, consciente o inconscientemente” a cambio de algo, en el estricto sentido, como lo definí en mi nota anterior. Estamos aquí ante una operación de mucho mayor nivel.

El Diccionario Panhispánico del español jurídico define el término “persona interpuesta” como: “Pen. En los delitos contra la Administración pública, persona que actúa en favor de otra con conocimiento y voluntad. En los delitos de cohecho, negociación prohibida y actividad prohibida a los funcionarios públicos, persona que es utilizada por el autor para que actúe en su lugar ocultando su participación en un hecho” (ver Persona Interpuesta, DEJ Panhispánico, en https://dpej.rae.es/lema/persona-interpuesta).

Voy a sugerirles aquí manejar una teoría que solo podrá ser comprobada con los hechos futuros cuando se presenten: estos personajes actuando como “persona interpuesta” están siendo utilizados  “en favor de otra con conocimiento y voluntad”, presentándose como actores independientes, cuando en realidad son representantes de los principales factores políticos de la oposición oficial, y actúan “en su lugar ocultando su participación en un hecho”. ¿Y cuál es el hecho? Aparecer al frente de algo que ellos no pueden hacer públicamente, que es abogar a favor del régimen de Maduro para poder llegar a un acuerdo que favorezca los intereses de los mandantes de esa comunicación.

Y no es que estos personajes firmantes sean marionetas huecas al servicio ciego de una mediocre dirigencia política opositora –todo lo contrario-, sino que algunos de ellos han sido los autores intelectuales detrás de muchas de las políticas económicas, políticas y sociales que esa oposición terrible ha planteado (¿para salir del régimen?) y puestas en práctica en los últimos años, con los resultados catastróficos que han impedido la salida de Maduro y sus ladrones. Eso lo hace absolutamente mucho más macabro que un simple apoyo al régimen, proveniente de una oposición oficial que con esta movida no tendría ningún capital político que arriesgar al enviar una carta pidiendo lo que se pide allí.

Aunque eso no sea un delito, como si lo describe en su definición el DEJ Panhispánico, tanto de quienes aparecen firmando como los que se ocultan, los venezolanos podríamos perfectamente considerarlo como tal, ya que constituye una traición por la calle del medio y un crimen por intento de perpetuación de los crímenes de Lesa Humanidad que está cometiendo el régimen, por parte de quienes todavía dicen representar políticamente a los venezolanos.

Invito a los venezolanos a analizar esa carta bajo esa nueva perspectiva, mirando con lupa los argumentos dirigidos a los EEUU por estos agentes encubiertos de la MUD/G4. Lo primero que piden es retomar el diálogo en México, cosa que había comenzado después de la visita de los representantes norteamericanos a Maduro, pero que se detuvo cuando el régimen decidió ignorarlos y plantearse un nuevo dialogo pero no con ellos sino con la “clase política de los alacranes”, suerte de unión de políticos y sociedad civil dispuestos a convivir con Maduro, como certeramente la definió uno de mis asiduos lectores después de leer mi reciente nota. Eso definitivamente los preocupó, surgiendo este intento desesperado de reencausar el dialogo hacia ellos.

La piedra angular de lo que se trata de fundamentar es que “Las sanciones económicas y la política de máxima presión no lograron sus objetivos”. Pero ¡por favor! ¿Eso es en realidad así? Es como si se le dijera a los EEUU que tienen que levantarle las sanciones aplicadas a Rusia porque no han producido la terminación de la guerra y Putín no ha retirado sus tropas. Ese argumento fatuo olvida que son precisamente las sanciones las que están poniendo a negociar a unos delincuentes que de otra manera se orinarían de la risa de todos los venezolanos, en especial de ellos.

Indicar que las sanciones “han exacerbado gravemente las condiciones de vida del venezolano promedio” es ignorar abiertamente que quienes han destruido el aparato productivo del país, comenzando por la industria petrolera, y los responsables de todos los males que allí se mencionan, ha sido precisamente este régimen impuesto hace mas de 20 años y que las sanciones han venido después de que se le diera la oportunidad a unos políticos amateurs en el 2019 para dirigir la oposición oficial a partir del reconocimiento a Juan Guaidó Márquez como Presidente Encargado, y han fracasado con todas sus letras. ¿Qué clase de burda manipulación es esa? ¿Qué se le está pretendiendo decir a los norteamericanos?

¿De donde salen esos números mágicos que indican que “El 75% de los venezolanos rechaza contundentemente las sanciones sectoriales y apenas el 10% quiere que se mantengan”? ¿De los laboratorios estadísticos de la encuestadora devaluada propiedad de uno de los firmantes? ¡Por favor! Al menos podían pedirles a los norteamericanos que hicieran su propia medición objetiva para constatar si eso se corresponde con la realidad. ¡Esa es una afirmación caza pendejos! Lo que no ha “beneficiado a los venezolanos”, como dice la carta no son las sanciones sino las propuestas opositoras para salir del régimen, razón por la cual muchos venezolanos exigimos un cambio inmediato de la conducción política opositora del país.

Por otro lado, no se les puede pedir a los norteamericanos negociar posiciones para el mejor interés del pueblo venezolano y que supere las presiones políticas internas en EE. UU., que, hasta ahora lamentablemente, han obstaculizado el avance de las negociaciones”. Eso no les corresponde a ellos. Es una manera sutil de pedir que los norteamericanos actúen a favor de lograr que Maduro abandone la “clase política de los alacranes” por presión de los EEUU, sin ver que ese es precisamente el juego de negociación que utilizan los delincuentes de Miraflores para sentarse con ventaja en este nuevo ciclo de México.

Pero lo que más llama la atención es el fondo económico de la misiva: el petróleo. Exhortamos a llegar a acuerdos que permitan el regreso de las empresas petroleras occidentales y otras empresas privadas para rejuvenecer el sector petrolero venezolano, lo cual generará empleo y promoverá la producción local”. Esto revela mucho de lo que está detrás de esta carta firmada igualmente por una representación mixta encubierta de otros intereses importantes para que se reactive la producción petrolera. Interés que no solo es del régimen sino también de la oposición oficial, confirmando la preocupación que expresé en una nota pasada al coincidir en una misma dirección los intereses del régimen y los de su oposición (ver Venezuela, un barco en una tormenta perfecta, en https://ticsddhh.blogspot.com/2022/03/venezuela-un-barco-en-una-tormenta.html).

La carta finaliza con votos para Poner fin a la crisis en Venezuela y ayudar a construir el nuevo futuro del país, con pleno respeto al estado de derecho, las libertades económicas y la vigencia de los derechos humanos, nos compete -y nos beneficiará –a todos”. Si el gobierno norteamericano en un arranque de locura les presta atención a esta suerte de representantes de una sociedad civil que actúa como persona interpuesta de una mezcla de intereses explosivos, no se terminará la crisis en Venezuela. Ni siquiera en la región latinoamericana. Se profundizará. Imagínense un régimen atornillado con más dinero del que jamás soñó Chávez, producto de una guerra que luce interminable, exportando su modelo con renovado éxito al resto del continente. Y los venezolanos sometidos y jodidos con unas migajas un poco más grandes pero sin libertad. Ciertamente eso les beneficiará, como bien termina la carta, pero no a nosotros sino a ellos y sus mandantes. Menudo negocio para todos. Con una oposición así no necesitamos a Maduro…

Caracas, 16 de Abril de 2022

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viernes, 15 de abril de 2022

¿Existe una sociedad civil alacrán?

Por Luis Manuel Aguana

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Dice un viejo dicho jurídico que la buena fe se presume y la mala hay que probarla. Bajo esa misma premisa comienzo llamando la atención sobre la reunión sostenida por varios factores de la sociedad civil con el usurpador de Miraflores, Nicolás Maduro Moros, pertenecientes al movimiento Foro Cívico, quienes se definen como “un movimiento de articulación y coordinación que desde 2021 ha desarrollado mecanismos de interlocución con todos los sectores sociales y políticos con el objeto de revalorizar las capacidades de exigencia y negociación de la sociedad frente al poder, enfatizando la recuperación de los derechos civiles y de los derechos humanos como fundamento de su acción” (ver Diversos sectores sociales, del Foro Cívico, presentaron en Miraflores la agenda de demandas urgentes de los ciudadanos, en https://cepaz.org/documentos_informes/diversos-sectores-sociales-del-foro-civico-presentaron-en-miraflores-la-agenda-de-demandas-urgentes-de-los-ciudadanos/).

Que conozcamos los venezolanos, la primera acción importante de este grupo de organizaciones de la sociedad civil agrupadas bajo el nombre de Foro Cívico se realizó en ocasión a la designación de los Rectores del CNE, convocados por la Asamblea Nacional ilegítima del régimen electa el 6D-2020, como “sociedad civil”, intentando dar ahora los pasos necesarios para participar en la designación de los nuevos Magistrados del TSJ después de la modificación de la Ley Orgánica del TSJ en enero de 2022: “Así como en 2021 organizaciones de la sociedad civil agrupadas bajo el Foro Cívico llevaron a cabo un proceso de diálogo y negociación con distintos sectores políticos para acordar, dentro de los estrechos límites de las condiciones políticas que hoy tenemos, un directorio para el CNE que, como lo hizo, ofreciera alguna confianza en que podía desarrollarse un proceso electoral bajo mejores condiciones institucionales y políticas. En 2022, estas mismas organizaciones, se han activado para continuar ejerciendo ese papel en otros ámbitos. El proceso de reforma judicial es uno de ellos(resaltado nuestro).

En resumen, ¿qué es lo que los venezolanos estamos contemplando aquí? ¿Es que acaso una parte de aquellos que nos llamamos sociedad civil estamos comenzando a claudicar a la tragedia que nos sucede, y ahora tratamos de “convivir” para sobrevivir a esta tragedia? ¿O tal vez el régimen, en su infinita capacidad para comprar voluntades, está “convenciendo” factores de esa sociedad civil para dar la percepción de que ya los venezolanos estamos obstinados de tanta controversia y queremos a gritos una normalidad que no existe? Lo que contemplamos aquí puede ser una parte o una mezcla de todo eso, o simplemente ninguna de ellas. Y eso amerita un poco de atención por parte de todos los que de alguna manera nos atañe el tema de la sociedad civil, al preguntarnos si existe una sociedad civil alacrán.

Lo cierto es que la sociedad civil en cualquier parte del mundo no es homogénea. Pueden existir factores de ella que por una u otra razón estén abiertamente a favor del régimen –y eso sería perfectamente válido- pero también pueden existir organizaciones y personas respetables que, aún estando en desacuerdo con el régimen, creen de buena fe que intentando convivir con esos delincuentes pueden ser mejoradas algunas de las condiciones del secuestro donde vivimos para que existan algunos derechos humanos para los venezolanos. La percepción que los venezolanos tengan de ese fenómeno es crucial. Veamos eso último con más detalle.

Si efectivamente hay personas que de buena fe –que siempre se presume- están dispuestas a reunirse con Maduro con ese fin, la pregunta correcta allí sería, ¿es válido todavía pensar que eso sea posible después de todo lo que hemos vivido? A mi juicio dejó de ser posible cuando el régimen decidió criminalizar a la oposición y perseguir, torturar y asesinar personas, al margen de nuestros Derechos Humanos y el Estado de Derecho. Y eso no lo digo yo, sino Informes fundamentados de organizaciones de Derechos Humanos alrededor del mundo y un proceso abierto a los principales responsables, comenzando por Maduro, por crímenes de Lesa Humanidad en la Corte Penal Internacional.

Ahora bien, de la Declaración de Principios del movimiento Foro Cívico, leemos: “Es en nuestra condición de ciudadanos que exigimos a quienes detentan el poder la atención urgente de los males que nos afectan como nación, siempre en el estricto cumplimiento de la Constitución vigente y de los pactos internacionales sobre derechos humanos suscritos por el Estado venezolano. Es en ese marco que planteamos el desarrollo de los canales de comunicación necesarios para rediseñar un mecanismo de negociación que encamine al país hacia un porvenir de paz, bienestar y progreso para todos. Y como decía el maestro Pedro Nikken: la negociación no es el mejor camino, es el único camino.” (resaltado nuestro). Si eso realmente es así, están cayendo abiertamente en una contradicción.

No existe desde hace mucho tiempo en Venezuela “estricto cumplimiento de la Constitución vigente y de los pactos internacionales sobre derechos humanos suscritos por el Estado venezolano”, como ya se ha comprobado, por lo que en consecuencia son imposibles, si nos atenemos a esa Declaración, los canales de comunicación “para encaminar al país hacia un porvenir de paz y progreso para todos”. Entonces mal podría ese grupo de ciudadanos reunirse de buena fe con los principales protagonistas del régimen y esperar de ellos el cumplimiento cabal de la Constitución y los Derechos Humanos, sin estar conscientes que el régimen los está usando, con su consentimiento o no, para sus propósitos, cualquiera que estos sean. En inferencia lógica existirían serias dudas que estén obrando de buena fe de cara a los venezolanos.

Eso no quiere decir que Pedro Nikken no haya tenido razón. Pero hay diferentes formas de interpretar la declaración de este recordado jurista venezolano. Uno negocia con los delincuentes que tienen secuestrada a una nación, no para que permanezcan indefinidamente en el secuestro, sino para terminar definitivamente con él (ver Negociación de un país secuestrado, en https://ticsddhh.blogspot.com/2018/10/la-negociacion-de-un-pais-secuestrado.html).

En el medio de esa contradicción, estos integrantes del llamado Foro Cívico se presentan como una cara de la sociedad civil comprometida con el bienestar de los ciudadanos, cuando en realidad están en la práctica siendo usados, deliberadamente o no, como catalizadores de las políticas que requiere el régimen para perpetuarse en el poder. Si esto lo hacen de una manera inconsciente, quedará para el juicio que la posteridad haga de cada uno de ellos, la gravedad de su participación para la perpetuación del régimen. Pero el fenómeno sigue estando allí, distorsionando la percepción de la realidad.

De la carta dirigida por estos ciudadanos a Nicolás Maduro Moros (ver Carta de personalidades del Foro Cívico a Nicolás Maduro Moros, en https://twitter.com/Dale_Letra/status/1511521775208837126), donde destacan que como ya “…llevaron a cabo un proceso de diálogo y negociación con distintos sectores políticos, de la oposición y del gobierno, para acordar, dentro de los estrechos límites de las condiciones políticas que hoy tenemos, un directorio para el CNE que ofreciera, como lo hizo, alguna confianza de que podía desarrollarse un proceso electoral…”, ahora el Foro Cívico nominó a “11 candidatos que modelan las características que querríamos ver en todos los magistrados”, rematando que “con el realismo radical que nos inspira, nos preocupan que no fuesen las calificaciones de los candidatos las que decidan la selección, pero no creemos que sea posible pedir rendición de cuentas y de gestión si no se participa y se sigue de cerca el proceso de nominación, haciendo oír la voz de la institucionalidad y el espíritu de la Constitución”.

El solo hecho de haber contribuido con una Asamblea Nacional espuria, declarada ilegítima, no solo por la Comunidad Internacional sino por el mandato del pueblo venezolano en la Consulta Popular celebrada del 7 al 12 de diciembre de 2020, para la selección de los Rectores del CNE y ahora para la selección de los nuevos Magistrados del TSJ, pone de manifiesto su reconocimiento abierto al régimen como poder legítimo de la República, a contra vía del mandato expresado en dos consultas populares por el pueblo venezolano. ¿Qué derecho tienen estos ciudadanos para ignorar abiertamente eso? Y esto es un hecho, no una especulación nuestra.

Ese “realismo radical” que mencionan para justificar la participación en el proceso de designación de los nuevos Magistrados fue el mismo que utilizó Henrique Capriles para justificar la participación de la oposición oficial en las elecciones regionales del 21 noviembre de 2021 (ver Capriles “Falta una dosis de realismo radical” en la oposición, en https://www.lavozdefalcon.info.ve/capriles-falta-una-dosis-de-realismo-radical-en-la-oposicion/). En ambos casos, el mensaje de un realismo que acepta convivir con un régimen que ignora la voluntad popular ha sido rechazado por los venezolanos en dos consultas populares.

No podríamos conocer las “características” que el Foro Cívico querría ver para los nuevos  Magistrados, pero sería impensable pretender en una situación de secuestro de todos los poderes públicos, que esa agrupación aspire poder pedir cuentas posteriores a la tiranía de Nicolás Maduro Moros, tanto por las actuaciones de los Rectores del CNE, como por la de los Magistrados que termine negociando el régimen para el TSJ en una Asamblea Nacional ilegítima, solo por participar en ese sainete que les están proporcionando. La experiencia con el régimen ha demostrado que desprecian abiertamente cualquier aporte de la sociedad civil, y menos aún la de aquellos que provengan, de manera deliberada o no, a favor de los fines del régimen.

Entonces, a la pregunta del título, ¿existe una sociedad civil alacrán? Lamentablemente debemos aceptar que si existen organizaciones y personalidades que están haciéndole el juego perverso al régimen coadyuvando para su continuidad. Es una existencia que debemos admitir como se admite que existen en el país la corrupción de los partidos, los alacranes de “la mesita” y la desaparición del Estado de Derecho en Venezuela. Pero así como esa realidad es palpable a los venezolanos también lo es la existencia de alacranes disfrazados de sociedad civil que el régimen utiliza para sus fines, pero que afortunadamente se pueden detectar por esas contradicciones, y que no es algo que no pueda ser percibido como el resto de nuestros males, solo que este es más perverso porque se esconde bajo el manto de “ayudarnos” a tolerar la permanencia de la tiranía cuando la realidad demuestra todo lo contrario.

Por más argumentos que esgriman quienes trabajen, se reúnan o firmen a favor de colaborar con los secuestradores para supuestamente “mejorar” las condiciones de los secuestrados y sometidos por la fuerza de las armas, no podrán eludir el juicio de la historia, que ha confirmado una y otra vez que quienes toman ese camino terminan siendo notoria y socialmente despreciados a consecuencia de los acontecimientos futuros. Finalmente, terminan entendiendo por las malas que el camino no es colaborar con los secuestradores, sino hacerles la resistencia civil correspondiente hasta lograr expulsarlos del poder.

Este régimen castrador de nuestras libertades indefectiblemente caerá más temprano que tarde, y aquellos que los ayudaron directa o indirectamente, ingenua o deliberadamente, serán sometidos al escrutinio y juicio público de la población. La historia de Venezuela y del mundo tiene muchos ejemplos de eso. No serán recordados porque intentaron “apaciguar el sufrimiento” sino porque colaboraron para la permanencia de quienes nos pisotearon. Ese será un triste, pero muy merecido final para quienes malinterpretan el rol de la sociedad civil en la grandeza de sus naciones.

Caracas, 15 de Abril de 2022

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