lunes, 3 de septiembre de 2012

100% de las Cajas

Por Luis Manuel Aguana

Quisiera dedicarles esta nota a aquellos jóvenes venezolanos que no vivieron los tiempos en que elegíamos a nuestros Presidentes sin tanta tecnología. Y les parecerá incongruente con un blog que se dice defensor del hecho tecnológico. Tal vez esa sea la razón por la cual países con mas desarrollo técnico que nosotros se han distanciado de incorporar tecnología para elegir a sus gobernantes.

Que hoy existan jóvenes venezolanos con 18 años cumplidos que no conozcan otro Presidente que El Saliente me parece inconcebible. Eso quiere decir que no conocen otro sistema para contar votos que este que se nos vende como el mejor sistema electoral del mundo. Por eso quiero tratar de describir la historia de las elecciones como yo las viví e intentar de explicar que "esto" que el CNE parcializado llama elecciones, no es más que una opereta bufa de lo que había antes así tenga el oropel tecnológico que deslumbra los ojos de los nuevos votantes.

Si, en mis tiempos aquello era una fiesta. Recuerdo que intercambiaba con mi hermano las barajitas de colores que los partidos políticos repartían en sus campañas como tarjetas de beisbolistas. En las primeras elecciones de la democracia los partidos tenían cada uno sus tarjetas de colores que los identificaban. Se entregaba el grupo completo de tarjetas al elector y este seleccionaba aquella de su preferencia que introduciría en la urna dentro de un sobre, quedándose con el resto. Las Actas eran manuales y todo el mundo esperaba que se cerraran todas las mesas para saber los resultados luego del conteo de cada mesa.

Para el día de las elecciones nadie tenía dudas del resultado, nadie se dedicaba a hablar o escribir de fraude tecnológico antes de las elecciones. ¿Y por qué? ¿Por alguna razón técnica que indicara siquiera al menos una sospecha del proceso electoral? ¿Por alguna desconfianza de las autoridades del Consejo Supremo Electoral? No, ninguna de las anteriores. La respuesta es PORQUE ABRIAMOS TODAS LAS CAJAS. No había manera de que alguien se saltara el proceso porque TODOS los participantes constataban los votos emitidos en el 100% de las mesas y en el 100% de las cajas, y los testigos daban fe de ello.

Si algún partido político con candidato no tenía testigo en alguna mesa, ese podía estar seguro que le robarían los votos antes de cerrar el Acta manual. Eso muchas veces tampoco se daba si se conseguía gente honorable en las mesas o existía presencia de los electores al abrir las cajas y contar los votos. Sin embargo en pueblos lejanos donde solo había de un solo color o los de los dos colores principales se ponían de acuerdo y no había electores presenciando el acto, generalmente se repartían los votos que no fueran de ellos. Y al cerrarse el Acta ya no había voto que valiera. Por eso la expresión popular “Acta mata Votos”. Los partidos tenían que tener testigos para asegurarse que sus votos estuvieran representados.

Desde que comenzó nuestro sistema electoral los partidos políticos y sus candidatos a las elecciones presidenciales han tenido testigos en las mesas electorales. Esos testigos hacían honor a su nombre y atestiguaban y daban fe cierta con sus firmas en el Acta de que los resultados que salían de las urnas electorales eran los que se señalaban en el Acta que se enviaba al organismo electoral. Esa era la razón real de la presencia de un testigo en la mesa. Con el tiempo se ha olvidado esa razón y es necesario recordarla a los jóvenes que empiezan a votar. Esa tradición murió con la automatización del voto y el llamado sorteo de las mesas a ser auditadas.

Pero en este punto deseo hacer una observación que considero sumamente importante. Los testigos DABAN FE de que los votos que estaban en el Acta eran los mismos que estaban en las urnas en el 100% de las mesas. AHORA ESO NO ES ASI. Los únicos testigos que pueden dar fe que los votos que están en el Acta automatizada y los que están en las urnas son los mismos, son los de aquellas mesas que resultaron sorteadas para ser auditadas. Eso le metió una puñalada trapera al proceso electoral en Venezuela.

En lugar de realizarse un proceso AUTENTICO de contar todos y cada uno de los votos de los venezolanos, como hacíamos en el pasado, ahora tenemos un proceso estadístico, de máquinas a las que estamos confiándole el destino del país. Y las maquinas dicen lo que el que las maneja quiere. Y nosotros no manejamos las máquinas del CNE, que de paso esta parcializado por una de las opciones en pugna.

Al quedar un aproximado del 46% de cajas sin abrir, de acuerdo a este expediente estadístico ¿cómo un testigo puede colocar su firma en un Acta para validar unos votos que no ha visto? ¿Cómo puede dar fe y atestiguar que lo que está en esa caja no auditada fue lo que imprimió y transmitió para su conteo final la máquina del CNE? Eso no pasaba antes, muchachos de las nuevas generaciones. Por más procesos de auditoría previa de máquinas que el CNE pueda realizar, en una máquina de la que se desconoce hasta la mínima especificación técnica, puede pasar cualquier cosa desde que se hizo su programación original con los testigos opositores, hasta su entrega en las mesas electorales. No se puede confiar en un organismo que ahora no permite ver el 100% de las cajas.

Sin embargo no quiero ni debo enterrar la automatización electoral. Esta puede ser de un beneficio excepcional para las nuevas generaciones. Deseo que los jóvenes se imaginen esta visión del proceso electoral cuando recuperemos la democracia: Es el domingo de las elecciones Presidenciales para elegir al nuevo Presidente de la Republica que sustituirá a Henrique Capriles Radonski.

El Presidente Capriles ha hecho un excepcional trabajo de recuperación del país que Hugo Chávez dejo en ruinas. Todavía falta mucho porque el retroceso fue de más de 30 años. Se ha recuperado mucho de la infraestructura física del país. Ahora no existe la Unidad Democrática y los partidos democráticos competirán entre sí, incluyendo el partido del anterior Presidente.

Se eliminaron las captahuellas del proceso electoral porque amenazaban el secreto del voto y fueron enviadas a los cuerpos policiales para la identificación de los delincuentes. Se modificó el proceso de conteo de los votos de las mesas y se eliminaron los sorteos y las auditorías. Ahora se abren el 100% de las cajas y se cuentan uno a uno, frente a los electores, todas las cajas con los votos. Los testigos ponen sus firmas cuando chequean que efectivamente los votos coinciden con el resultado de las máquinas y LUEGO se transmiten los resultados y se cierra la mesa.

Las Actas se transmiten como se hacía antes pero con la diferencia que ahora el CNE tiene la obligación legal de hacer públicas las Actas en el sitio web del organismo en la medida que van llegando y se van sumando todas ellas al ir cerrándose las mesas en todo el país. Cualquier ciudadano podría constatar que en la Mesa No. 3 de la Escuela Simon Bolivar donde voto al lado de su casa, en su pueblo, coincidieron los resultados con los mostrados por el CNE en su sitio en la web, con la inmediatez que da la tecnología de la información.

Al cerrarse la última mesa en el país, todos los venezolanos sabríamos de cierto quien ganó la elección a cualquier hora que esta se haya cerrado. No mas esperas por el Presidente del CNE, no más “Primer Boletín”, no más Salas de Totalización para unos pocos, no más gallo tapado, no mas maquinas al servicio del CNE sino del pueblo venezolano. Esas son las elecciones que quiero ver de las manos de los jóvenes del futuro, completamente automatizadas pero transparentes y que el mundo entero constate lo que sea y donde sea. Las Actas firmadas seguirían estando allí pero serían la expresión real de lo que pasó, no el engaño actual.

El CNE haría públicos, porque sería también su obligación legal, los resultados a medida que se van dando. Para ello habilitarían una pantalla gigantesca en la Plaza Caracas, donde cual Times Square de 31 de Diciembre, se mostrarían públicamente los resultados que vayan llegando, sumados respectivamente. Esa pantalla iría mostrando el estado de la elección segundo a segundo. ¡Qué hermoso sería eso! Y como en las antiguas fiestas del 31 de Diciembre en la Plaza Bolívar y los cañonazos de la Planicie, todos los venezolanos celebraríamos a un nuevo Presidente Constitucional de Venezuela y realmente nuestras elecciones volverían a ser una fiesta democrática, bailando y celebrando todos unidos por un país cada vez mejor, sin sospechas y desterrando para siempre la palabra FRAUDE. A ustedes, muchachos de las nuevas generaciones, les toca hacer de esa visión una realidad…

Caracas, 3 de Septiembre de 2012

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