domingo, 7 de junio de 2026

Gobierno de Emergencia Nacional

Imagen resumen de la nota cortesía de AI Google Gemini

Por Luis Manuel Aguana

Versión en inglés

No se podría abordar el tema de un Gobierno de Emergencia Nacional (GEN) sin antes contextualizarlo. Fundamentalmente, se trata del gobierno que sigue luego de desplazado el régimen castro-chavista-madurista que ha azotado a Venezuela por casi 30 años.

Antes de la extracción de Nicolás Maduro Moros el 3E-2026 por parte de los EEUU, el GEN debía ser el gobierno que siguiera luego de la elección del 28J-2024, sobre la base de que el régimen respetara los resultados, cosa que muchos esperábamos que no hiciera, como en efecto sucedió.

Ahora, luego de la desaparición de quien ejerciera de manera ilegítima la presidencia de la República, y el arribo posterior de la figura del tutelaje por parte de quienes se lo llevaron, la presidencia de su sucesora no puede considerarse como GEN porque su esencia no conlleva la transformación del estado anterior del país y la renovación de sus estructuras, sino claramente su continuidad, porque precisamente es parte de lo mismo.

De acuerdo al modelo Desplazamiento-Transición-Refundación descrito en este blog (ver Venezuela: Desplazamiento, Transición y Refundación, en https://ticsddhh.blogspot.com/2025/09/venezuela-desplazamiento-transicion-y.html),  todavía no se ha producido el Desplazamiento del régimen que tiene el poder desde 1999. La extracción de Nicolás Maduro Moros y su esposa le propinó un duro golpe al régimen, pero no lo destruyó. Y en la lógica del tutor, los EEUU, se pretende que sea la sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez, quien desmonte la estructura creada en 27 en el poder para dar paso a la transición, previo a la reactivación económica del país.

Sin embargo, tras 5 meses de la desaparición de Maduro —y como era de esperar— la esperada reactivación económica del país no se ha producido, a pesar de los esfuerzos del tutor de convencer al empresariado norteamericano de invertir en un país que todavía se encuentra completamente en manos del mismo régimen que destruyó las bases institucionales de la nación para entronizarse de manera permanente en el poder, y desconoció acuerdos comerciales vitales que han llevado a perder importantes activos internacionales de Venezuela debido a acciones legales en su contra en los EEUU.

Esta situación ha llevado al sector político venezolano a presionar por un cambio de gobierno a lo inmediato por la vía electoral, sin tomar en consideración los tiempos involucrados para las 3 fases del plan de los EEUU, Estabilización, Recuperación y Transición.

Cada una de esas fases tiene tiempos que no están determinados, y que dependen de la situación política del país y la disposición de los actores involucrados del régimen a seguir las órdenes del tutor. De ahí que las dos primeras fases todavía no estén concluidas. La primera se inició con los cambios en el gabinete de Rodríguez, especialmente en Defensa, con miras a la estabilización y alineamiento de la fuerza interna del régimen a los EEUU; y la segunda no ha rendido los frutos esperados en inversión, así se hayan realizado las modificaciones a las leyes de Minas e Hidrocarburos. Nadie puede obligar a nadie a invertir en un país todavía conducido por los mismos actores y cómplices del que resultó extraído y sometido a juicio en una corte en Nueva York. Y ni hablar de que esta situación impide comenzar con la tercera fase. Pragmáticamente hablando, hacer elecciones en esas circunstancias haría completamente inocuo haberse llevado a Maduro.

A lo anterior se suma un factor que no se puede desestimar: Delcy Rodríguez tiene fecha de vencimiento como presidenta encargada de la República. El 2 de julio termina la prórroga constitucional de 90 días adicionales para declarar la ausencia absoluta del presidente y que se convoquen elecciones.

¿A quiénes beneficia esta situación? Definitivamente, no al tutor, quien ha repetido en reiteradas oportunidades que Venezuela no está preparada para un proceso electoral sin haber pasado por las 2 primeras fases de su plan. Tampoco beneficia a los venezolanos porque unas elecciones conducidas por el régimen, sin cambiar el sistema electoral del país, no garantiza un cambio efectivo porque no se habrían desmontado los pilares que  sustentan al régimen y que tienen que ser demolidos con la conclusión efectiva de la primera fase del plan de los EEUU. En otras palabras, NO EXISTIRÍA EL DESPLAZAMIENTO necesario para proceder con la fase de transición. No es tan difícil de entender…

Entonces nos encontramos en una situación donde los únicos beneficiados son los actores políticos del régimen y la oposición, quienes presionan por unas elecciones donde se estarían jugando a Rosalinda, pero no apostando sus pertenencias, sino las de los venezolanos.

Entonces, al parecer, nos dirigimos indefectiblemente a chocar con el iceberg del Titanic, sin posibilidad de cambiar de rumbo. Y es en este punto donde los venezolanos debemos comenzar a reclamar los efectos —aunque tardíos— del golpe de Estado propinado a Nicolás Maduro Moros el 3E-2026.

Los EEUU decidieron por cuenta propia y por sus propias razones intervenir en la vida política de Venezuela. La extracción de Maduro, aunque fuera por delincuente, TUVO CONSECUENCIAS POLÍTICAS. Generó un vacío que decidieron llenar con su sucesora constitucional. Pudieron seguir la receta de Panamá de 1989, colocando en su lugar al presidente electo desconocido por el régimen, y no lo hicieron.

Ahora les toca decidir, al haberse llevado a Maduro lo que no decidieron el 3E-2026: asumir su intervención en toda regla y decidir quién o quiénes deberán conducir el país hasta la conclusión de las dos primeras fases del plan. De otra manera, cualquier avance que hayan logrado en 5 meses desaparecerá con el resultado incompleto del plan de 3 fases, como consecuencia de unas elecciones conducidas por el régimen no completamente removido de Nicolás Maduro Moros, presidido por Delcy Rodríguez.

Y es de allí donde nace el concepto contextualizado de Gobierno de Emergencia Nacional (GEN). Al imponer un GEN y forzar con ese acto la fase de Desplazamiento, los EEUU como autores materiales de un golpe de Estado en Venezuela en contra del jefe de un cartel de drogas, tendrían que proceder a designar un GEN sustentado por los cañones que colocaron en nuestras costas. Siguiendo la fórmula de la Junta Cívico Militar de 1958, sugerimos un GEN de 5 miembros, 2 civiles, 2 militares y uno decidido por los 4 primeros.

Este nuevo gobierno sí sería efectivamente un gobierno de transición desde la perspectiva del concepto Desplazamiento-Transición-Refundación, pero no la transición del plan de los EEUU, sino el periodo necesario que se requiere para lograr precisamente que se lleguen a unas elecciones libres, justas y verificables, pero sobre todo auténticas, de la tercera parte del plan de los EEUU, y que daría el tiempo necesario para la ejecución de las dos primeras fases del plan norteamericano en unas condiciones de mucha mayor libertad que con el gobierno de los Rodríguez. ¿Y porque digo esto?

Porque ese nuevo GEN asumiría todos los restantes poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano), tal y como lo hizo con los poderes vigentes de entonces la Junta Cívico Militar de 1958; y sin derogar la Constitución de 1999, establecería un nuevo Estatuto Electoral especial para la convocatoria de unas Elecciones Generales -Presidente y Asamblea Nacional- que garanticen unas elecciones auténticas, tomando el tiempo que se requiera para que se puedan realizar los cambios necesarios en el sistema de contar votos y el Registro Electoral, con aplicación a los venezolanos residentes en el país y el resto del mundo.

El GEN sería la respuesta a los venezolanos, no a los actores políticos, porque este garantizaría no solo las inversiones necesarias para la reactivación del aparato productivo del país, sino que estaría respaldado por la fuerza de quien se llevó a Maduro en primer lugar, y por la fuerza de aquellos factores militares que ya estarán en la disposición de proteger a los ciudadanos y no de perseguirlos. Y todo eso ocurriría a la brevedad posible, no después de un cronograma electoral interesado montado entre la oposición y el régimen de los Rodríguez. El GEN sería el puente entre la situación anterior y la deseada.

En cuanto a quiénes serían los civiles designados por los EEUU, solo piensen en aquellos venezolanos que den las mayores garantías de seriedad institucional al capital extranjero, en especial en materia petrolera, y seguridad jurídica en Venezuela. Estoy seguro de que ustedes tendrán claro quiénes podrían ser, pero los EEUU también. En el caso de los militares, serían los mismos que el tutor ahora mismo está decidiendo para reordenar el sector militar venezolano.

Pero aún falta lo que considero la fase más importante, no del plan de los EEUU, sino de nuestra propia secuencia: la Refundación. El GEN deberá sentar las bases para la convocatoria posterior a una Asamblea Nacional Constituyente que garantice los cambios institucionales necesarios para un nuevo período de paz y prosperidad para los venezolanos. De hecho, esa convocatoria debería salir de un acuerdo político entre el GEN y todas las fuerzas que compitan en las siguientes elecciones generales del país, tal y como ocurrió en 1958 con el Pacto de Punto Fijo. Para ese objetivo, el GEN jugaría un rol político fundamental.

A estas alturas los EEUU deben haber comprendido cabalmente los vericuetos de la política venezolana lo suficiente como para saber que sus actores pueden arruinar cualquier cosa positiva que ellos deseen hacer para los venezolanos. La solución es hacer mejor lo que los políticos venezolanos saben hacer: adelantarse. El tiempo corre y es valioso para todos. Adelantarse estará en manos del tutor, que no es otro que el presidente de las EEUU, Donald J. Trump. Los venezolanos se lo agradeceremos…

Caracas, 7 de junio de 2026

Blog: TIC’s & Derechos Humanos, https://ticsddhh.blogspot.com/

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