Por Luis Manuel Aguana
Por años, la Alianza Nacional Constituyente Originaria (ANCO) ha intentado explicar sin éxito los alcances y los beneficios al país de un proceso constituyente originario en diferentes contextos políticos que ha vivido Venezuela, desde la creación de la norma constituyente en la Constitución vigente.
Pero un proceso constituyente transparente, limpio, verdadero, con la representación legítima de todos los sectores de la vida nacional, no solo los políticos. Y que ellos, reunidos, tomen las decisiones necesarias, por encima de los poderes públicos constituidos, porque sería el pueblo y solo el pueblo, el legítimo dueño de la soberanía popular de los venezolanos, el único que puede decidir qué hacer con el país.
Esa ha sido la invocación honesta de un grupo de venezolanos que, en todo el país, sin intereses escondidos, han prestado su concurso para convencer de este concepto al país nacional, de que sea el pueblo el que decida su porvenir. Ni la oposición, ni el gobierno, ni los partidos, solo el pueblo venezolano llano de todas las corrientes políticas y sociales. No es tan difícil de comprender.
Pero esta Asamblea, la madre de todas las reuniones políticas, tendría el más alto poder sobre cualquiera de los poderes públicos, capaz de hacerlos desaparecer y reconstruirlos con otro funcionamiento, y disponer de un nuevo balance de poder dentro del país.
Un grupo de personas con semejante poder es temido por mucha gente, en especial por aquellos que han usufructuado el presente status quo, tanto quienes están en el poder como quienes lo pretenden desde la oposición, en especial cuando ambos se han coludido para beneficiarse de los venezolanos.
En ANCO decidimos emprender el difícil camino de convencer a los ciudadanos directamente de lo que Bolívar tenía clarísimo, y que deliberadamente colocamos al final de cada comunicado que publicamos, y que en sus propias palabras expresó en una carta al general Santander en 1826: “En una palabra, mi querido general, yo no conozco más partido de salud, que el de devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social. Vd. dirá que esto no es legítimo: y yo, a la verdad, no entiendo qué delito se comete en ocurrir a la fuente de las leyes para que remedie un mal que es del pueblo y que sólo el pueblo conoce”.
En otras palabras, que sea el mismo pueblo el que componga a la brevedad lo que destruyó a partir de 1999, y rehaga su pacto social. Bolívar se preguntaba, y con razón, lo mismo que nos preguntamos nosotros: ¿qué delito se puede cometer al recurrir a la fuente de las leyes, el pueblo, para que remedie el mal que este mismo conoce? En octubre habrán pasado 200 años de esta lección básica del Padre de la Patria, y aún los venezolanos no la hemos aprendido, cuando más necesidad tenemos de ella, en especial si hemos destruido como sociedad toda institucionalidad conocida, reventando nuestro propio pacto social.
Comprendiendo que se requiere con urgencia la construcción de un nuevo pacto social que sustituya el presente deformado e inservible, cómo podría ser posible concurrir a unas nuevas elecciones en el marco de ese pacto demolido, precisamente con quienes fueron los responsables de esa acción por casi 30 años? Sería como ayudar a pintar una casa destartalada para engañar a sus ocupantes, haciéndoles creer, junto con el responsable de su destrucción, que estarán seguros. ¿Cuánto más podría resistir la casa antes de matarnos a todos?
Con ocasión de la nueva situación política creada en el país tras la ausencia provocada de Nicolás Maduro Moros, y el plan de 3 fases de los Estados Unidos, ANCO vuelve a plantear lo mismo, pero dentro del nuevo contexto político del país (ver Comunicado ANCO: Carta Pública al Presidente Donald J. Trump y Secretario de Estado Marco Rubio (Español/Inglés) - 23 de enero de 2026, en https://ancoficial.blogspot.com/2026/01/comunicado-anco-carta-publica-al.html). Pero ahora hay una diferencia muy grande con el planteamiento. Ya no se trata solo de Venezuela.
EEUU se ha mostrado muy diligente en el plano internacional en algo que bien podría catalogarse como de conquista territorial, en una política de intervención que incluye a Groenlandia, Canadá y Venezuela (ver Mapa de Estados Unidos publicado por Trump añade a Canadá, Venezuela y Groenlandia, en www.bloomberglinea.com/actualidad/mapa-de-estados-unidos-publicado-por-trump-anade-a-canada-venezuela-y-groenlandia/).
Y el hecho de ayudar a Venezuela a deshacerse de quienes han destruido al país, no solo pasa por liberar a los venezolanos de una tiranía, sino por aprovecharse en el camino de nuestra situación de minusvalía política e institucional, producto de 27 años de destrucción masiva y continua, controlando el petróleo y riquezas adicionales que ni los venezolanos conocemos de nuestro país.
No niego que muchos venezolanos pudieran estar de acuerdo con ese “takeover” del presidente norteamericano. De hecho, muchos podrían estar contentos de convertirse en un nuevo orden de Occidente, en parte de la Unión norteamericana. No seré yo quien discuta eso. Pero lo que sí discutiría es que no se someta a la discusión soberana del pueblo de Venezuela, mediante los mecanismos que nuestra institucionalidad tiene previstos.
Si los EEUU, bajo la presidencia de Donald J. Trump, quieren ponerle las manos al gobierno y las riquezas de Venezuela, que sea bajo un régimen de mutuo acuerdo y beneficio, aprobado por una representación legítima del pueblo venezolano -de nuevo- a través de una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, y no a través de cualquier gobierno manejado a distancia, especialmente cuando no existe legitimidad alguna en quienes están conduciendo el país después de Nicolás Maduro Moros. Y mucho menos que la oposición concurra a unas elecciones con ellos, sin resolver el grave tema de la legitimidad de todos los poderes públicos. ¿Se dan cuenta de que ya no es solo el problema de “una Constituyente”? Ya es hora de que la dirigencia política opositora comience a ver este tema como un problema de Estado.
En la Carta Pública que ANCO le dirige al presidente Trump y a su secretario de Estado Rubio, se hace énfasis especial en que una Constituyente es la manera idónea y más conveniente para preservar los intereses y la soberanía de ambos Estados, y que no existe en absoluto ningún problema de aceptar una colaboración conjunta con los EEUU. Que le conviene más al presidente Trump para el éxito de su plan de 3 pasos, que Venezuela recupere, posterior a la fase de “Estabilización” y antes de la segunda fase de “Recuperación”, todas sus instituciones políticas a través del proceso Constituyente Originario, y que ambas fases sean llevadas a cabo por un gobierno designado por una representación legítima del pueblo venezolano.
Una constituyente es la manera de que su plan de 3 fases pueda tener éxito porque solo a través de ella se puede construir toda una institucionalidad capaz de generar la confianza requerida por todos los factores externos e internos, una vez se culmine la fase de “Estabilización” del plan. Su segunda fase de “Recuperación” nunca tendrá éxito sin una nueva institucionalidad política que solo el Constituyente reunido puede establecer. Eso sería imposible con unas elecciones que cambien tan solo uno de los poderes públicos, realizadas en el marco de todos los poderes constituidos, corrompidos e ilegítimos del régimen.
Creo que Venezuela debe pertenecer a la órbita de los países de Occidente en libertad y autodeterminación. Decidir libremente con quien establecer alianzas de largo plazo y en cuáles términos. Eso ya lo habíamos hecho en el pasado, siendo uno de los proveedores de petróleo más confiables de los EEUU durante sus conflictos, pero como una decisión nuestra, no de alguien más, así ese alguien sea el presidente de los EEUU.
En palabras del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney en el Foro de Davos: “Permítanme ser directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición” (ver El texto completo del discurso que sacudió Davos, en https://www.lanacion.com.ar/ideas/el-discurso-que-sacudio-el-foro-de-davos-nid22012026/). Estados Unidos rompió el orden mundial establecido y hará lo que desee en Venezuela, con o sin nuestra aprobación. Pero estoy seguro de que su diplomacia convendría que sería mucho más conveniente para ambos, en aras de la mejor relación, que sea con la aprobación de nuestras legítimas autoridades, y que nuestra parte sea representada por un gobierno legítimo con instituciones plenamente recuperadas.
Estoy consciente de que Venezuela, en este particular momento histórico de su existencia como nación, no está en la mejor posición de resistir las pretensiones que sobre nuestros recursos están imponiendo los EEUU, bien sea con lo que quede del régimen, o de un nuevo posible gobierno. 27 años de ignominia lo han permitido.
El problema está en cuál tipo de gobierno descansará esa relación con los EEUU, si sobre un gobierno democrático y plural, producto de las decisiones de la soberanía popular después de refundar la nación, o en las sobras de un régimen cuya cabeza está frente a un tribunal norteamericano. Si es esto último, nada cambiará para los venezolanos, salvo el pronto colapso del espejismo de una mejora económica. Paradójicamente, eso lo decidirá la primera democracia del mundo occidental. Espero, en beneficio de las próximas generaciones, que prevalezca en su decisión la impronta y los principios de sus Padres Fundadores…
Caracas, 25 de enero de 2026
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